Bóvedas de abanico y una escalera de ángeles en la Abadía de Bath
La Abadía de Bath se erige en pleno centro histórico junto a las Termas Romanas. Abre de lunes a sábado y los domingos por la tarde, con una donación recomendada; conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir. Destaca por sus bóvedas góticas de abanico y la subida guiada a su torre de 212 peldaños.
Por Florencia · Publicado el 8 de septiembre de 2026
- Ubicación
- Bath Abbey, Bath BA1 1LT
Una joya del gótico perpendicular
La Abadía de Bath (Bath Abbey) es uno de los templos medievales más luminosos y elegantes de Inglaterra.
El edificio actual data de finales del siglo XV y principios del XVI, levantado por iniciativa del obispo Oliver King sobre los restos de un antiguo templo normando y de un monasterio anglosajón anterior.
En este suelo sagrado fue coronado en el año 973 el rey Edgar el Pacífico como primer monarca de una Inglaterra unificada, ceremonia litúrgica presidida por el arzobispo Dunstan que sentó las bases ceremoniales de todas las coronaciones británicas modernas.

La escalera de los ángeles y las bóvedas de abanico
La fachada oeste de la abadía presenta una iconografía única: dos escaleras talladas en piedra en las que diversos ángeles ascienden y descienden entre el cielo y la tierra.
La escultura se inspira en el sueño premonitorio que tuvo el obispo King en 1499, donde vio a la Santísima Trinidad junto a ángeles instándole a restaurar el templo en ruinas.
En el interior, la mirada se eleva inevitablemente hacia las magistrales bóvedas de abanico talladas en piedra caliza de Bath por los maestros canteros reales Robert y William Vertue, artífices también de las bóvedas de Westminster en Londres.
Las amplias vidrieras góticas inundan la nave central con tanta luz natural que el templo se ganó el apodo popular de 'La Linterna de Occidente'.
Subida a la torre y el proyecto Footprint
Para contemplar la mejor panorámica del casco histórico georgiano y las colinas de Somerset, puedes sumarte al Tower Tour. Un guía acompaña a los visitantes por una escalera de caracol de 212 peldaños que permite ver las campanas, asomarse a la esfera del reloj y contemplar las bóvedas de abanico desde arriba.
A través del reciente proyecto Footprint, la abadía instaló un sistema ecológico pionero de calefacción subterránea que aprovecha la energía renovable de las aguas termales de Bath, las mismas que alimentan las Termas Romanas, protegiendo las baldosas funerarias históricas y reduciendo su huella de carbono.
Mil trescientos años de historia en el mismo solar
La abadía que ves hoy es la tercera iglesia importante levantada en este punto de Bath. La primera fue un monasterio anglosajón fundado en el siglo VII, cuando la ciudad romana de Aquae Sulis llevaba tiempo abandonada y sus termas se iban cubriendo de lodo.
Aquel monasterio ganó prestigio con los siglos y fue el escenario elegido para la coronación de Edgar, un gesto que situó a Bath en el centro simbólico del reino.
De esa primera iglesia no queda nada visible, pero su existencia explica por qué este solar siguió siendo sagrado durante tanto tiempo.
Tras la conquista normanda, el obispo Juan de Tours trasladó aquí su sede y emprendió a finales del siglo XI una catedral gigantesca, mucho más grande que el templo actual. Aquella obra románica ocupaba buena parte de lo que hoy es la plaza y los edificios vecinos.
Con el paso de los siglos, la falta de fondos y el traslado del peso eclesiástico a Wells dejaron el edificio en ruinas, y fue precisamente ese estado de abandono el que encontró el obispo Oliver King al llegar a Bath a finales del siglo XV.
La nueva iglesia apenas llevaba unas décadas en obras cuando llegó la disolución de los monasterios ordenada por Enrique VIII en 1539.
El priorato fue clausurado, el templo quedó desnudo, se vendieron el plomo de las cubiertas, los vidrios y las campanas, y durante años el edificio fue poco más que un esqueleto de piedra.
Más tarde la iglesia pasó a manos de la ciudad para uso parroquial, y a lo largo de los siglos XVI y XVII se completó poco a poco gracias a colectas y donaciones particulares.
Qué mirar en la fachada oeste
Antes de entrar, dedica unos minutos a la fachada que da a Abbey Churchyard, la plaza que comparte con las Termas Romanas y la Pump Room.
Además de las famosas escaleras de ángeles, fíjate en los detalles heráldicos que salpican la piedra: aparecen símbolos de la dinastía Tudor, como la rosa y el rastrillo, que recuerdan que la obra se inició durante el reinado de Enrique VII.
También hay un curioso juego de palabras en piedra: olivos coronados por una corona y una mitra, un guiño al nombre del propio obispo, Oliver King.
Las grandes puertas de roble tallado de la entrada principal son un añadido del siglo XVII y muestran escudos de armas de los benefactores que ayudaron a terminar el templo.
A ambos lados de la puerta se alzan las figuras de san Pedro y san Pablo, a quienes está dedicada la abadía.
La piedra de la fachada ha sufrido siglos de erosión y varias restauraciones, así que es normal ver ángeles con los rasgos casi borrados junto a otros mucho más nítidos, tallados de nuevo en épocas posteriores.
Recorrido por el interior
Una de las curiosidades del interior es que no todas las bóvedas de abanico son de la misma época.
Las del coro, al este, pertenecen a la obra original de los hermanos Vertue, mientras que las de la nave se construyeron en el siglo XIX durante la gran restauración dirigida por el arquitecto George Gilbert Scott, que sustituyó un techo anterior mucho más sencillo por una bóveda de piedra que imitara la del coro.
El resultado es tan homogéneo que cuesta distinguirlas a simple vista; si miras con atención, notarás pequeñas diferencias en la talla y en el tono de la piedra.
Las paredes de la abadía están cubiertas de lápidas y placas conmemorativas, cientos de ellas, colocadas sobre todo en los siglos XVIII y XIX, cuando Bath era el balneario de moda y muchos visitantes llegaban buscando curarse y terminaban enterrados aquí.
Leerlas es una forma muy directa de asomarse a la sociedad georgiana: oficiales de la marina, comerciantes, damas de buena familia y médicos de la ciudad. Entre ellas destaca el recuerdo a Arthur Phillip, primer gobernador de Nueva Gales del Sur, que pasó sus últimos años en Bath.
En el suelo verás además muchas losas funerarias. Durante siglos se enterró a gente bajo la nave, y los huecos que dejaron aquellas tumbas terminaron provocando hundimientos en el pavimento.
Ese problema fue uno de los motivos del proyecto de renovación de los últimos años, que levantó y volvió a colocar el suelo histórico.
También merece una parada la gran vidriera del extremo este, con escenas de la vida de Cristo, que por la mañana se ilumina con fuerza y tiñe el coro de colores.
Consejos para la visita
La abadía sigue siendo una iglesia en activo, con misas, oraciones y conciertos, así que el acceso turístico puede cerrarse durante los oficios o en eventos especiales.
Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir, sobre todo si quieres subir a la torre, porque las visitas guiadas tienen plazas limitadas y suelen agotarse en fines de semana y temporada alta.
Si te interesa la música, asistir a un oficio cantado por el coro es una manera gratuita y muy distinta de vivir el edificio.
Para la visita al templo basta con unos 45 minutos; si añades la torre y el museo del Discovery Centre, calcula al menos dos horas. La luz más bonita dentro de la nave suele darse en días soleados a media mañana, cuando entra de lado por los ventanales.
La subida a la torre exige subir escaleras de caracol estrechas y no es recomendable si tienes vértigo o problemas de movilidad; lleva calzado cómodo y ropa de abrigo en invierno, porque arriba el viento se nota.
Qué ver cerca de la abadía
La ventaja de la abadía es su ubicación: estás literalmente en el corazón de Bath. A unos pasos tienes las Termas Romanas y la Pump Room, donde puedes probar el agua termal.
Detrás del templo, hacia el sur, se abre Abbey Green, una placita tranquila con un gran plátano en el centro, y desde ahí llegas en un minuto al callejón donde está Sally Lunn's.
Hacia el este, los Parade Gardens ofrecen una de las mejores vistas del Puente Pulteney y del río Avon.
Termas Romanas y Pump Room, en la misma plaza de Abbey Churchyard.
Sally Lunn's y Abbey Green, a un par de minutos a pie hacia el sur.
Parade Gardens y Puente Pulteney, a unos cinco minutos hacia el este.
Milsom Street y las calles comerciales del norte, para seguir paseando sin tomar transporte.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta entrar a la Abadía de Bath?
La entrada tiene una donación recomendada que incluye el nuevo Discovery Centre. La subida a la torre tiene un coste adicional; conviene consultar los precios en la web oficial antes de ir.
¿La subida a la torre es apta para niños o personas con movilidad reducida?
No es accesible en silla de ruedas y requiere subir 212 escalones estrechos; consulta en la web oficial las condiciones para niños.
¿Por qué se llama la Linterna de Occidente?
Recibió ese apodo por la enorme proporción de superficie acristalada de sus vidrieras respecto a sus muros, permitiendo un paso extraordinario de luz natural.
Sigue descubriendo Bath: Termas Romanas, Puente Pulteney y guía de qué ver en Bath.





