Tiendas a ambos lados sobre el río Avon: el puente Pulteney

El Puente Pulteney cruza el río Avon en el centro de Bath conectando Bridge Street con Bathwick. El acceso peatonal y rodado es público y gratuito las 24 horas. Construido en 1774 por Robert Adam, es uno de los cuatro puentes habitados con tiendas a ambos lados que sobreviven en todo el mundo.

Por · Publicado el 8 de septiembre de 2026

Acceso peatonal
Abierto 24 horas, totalmente gratuito
Diseñador
Robert Adam (inaugurado en 1774)
Ubicación
Bridge St, Bath BA2 4AT

Un puente habitado de inspiración palladiana

El Puente Pulteney es uno de los monumentos más románticos e insólitos del patrimonio británico.

Encargado por William Pulteney para urbanizar la finca campestre de Bathwick al otro lado del río Avon, el diseño fue confiado al célebre arquitecto escocés Robert Adam, quien se inspiró directamente en el Ponte Vecchio de Florencia y en proyectos no construidos de Andrea Palladio.

Su singularidad mundial radica en ser uno de los cuatro únicos puentes habitados del planeta que conservan comercios integrados a lo largo de ambos costados de su calzada, compartiendo ese honor con el Ponte Vecchio florentino, el Rialto de Venecia y el Krämerbrücke de Érfurt en Alemania.

El Puente Pulteney sobre el río Avon con tiendas a ambos lados, en Bath.
mattbuck, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Comercios interiores y el vertedero en herradura

Al cruzarlo desde Bridge Street, la calzada disimula por completo que se está sobre el río: una fila continua de tiendas independientes, librerías de viejo, bombonerías y coquetos salones de té enmarcan el camino como si fuera una calle tradicional georgiana.

Desde la orilla de Grand Parade o desde los jardines de Parade Gardens se obtiene la vista más conocida de Bath: los tres arcos del puente elevándose sobre el Pulteney Weir, una represa fluvial escalonada en forma de herradura construida en 1972 para prevenir inundaciones en el centro urbano.

Aparición en el cine y paseo ribereño

Este escenario cobró notoriedad internacional en el cine moderno al filmarse en el vertedero del puente la dramática escena final del inspector Javert en la adaptación cinematográfica de Los Miserables (2012), protagonizada por Russell Crowe.

Tras cruzar el puente hacia el este, se accede a la Great Pulteney Street, una ancha avenida neoclásica de 300 metros que culmina directamente frente al Museo Holburne y los Sydney Gardens.

Un puente para construir una ciudad nueva

El puente no nació como capricho estético, sino como un negocio inmobiliario. En el siglo XVIII, Bath crecía sin parar en la orilla oeste del Avon, mientras que al otro lado se extendían los prados de Bathwick, propiedad de la familia Pulteney.

Sin un cruce cómodo, aquellos terrenos no valían gran cosa. William Pulteney, que había llegado a la finca a través de su matrimonio con la heredera de la familia, entendió que un puente era la llave para levantar un barrio elegante y rentable al otro lado del río.

Robert Adam, entonces uno de los arquitectos más solicitados de Gran Bretaña, recibió el encargo y concibió algo más que un simple paso: una calle con tiendas que diera prestigio al nuevo barrio desde el primer paso.

Adam también dibujó planes ambiciosos para Bathwick que nunca se llevaron a cabo tal como los imaginó, y el barrio terminó desarrollándose más tarde con otro arquitecto, Thomas Baldwin, autor de Great Pulteney Street. El puente es, por tanto, la única gran obra de Adam en Bath.

Un puente que ha cambiado mucho

Lo que ves hoy no es exactamente lo que Adam diseñó. Las tiendas originales eran pequeñas, y sus inquilinos pronto empezaron a ampliarlas por la parte trasera con habitaciones voladizas que sobresalían sobre el río. Con el tiempo, esos añadidos rompieron la simetría del diseño original.

A finales del siglo XVIII, además, una gran crecida del Avon dañó seriamente la estructura y obligó a reconstruir parte del puente, lo que introdujo nuevos cambios.

Por eso sus dos fachadas sobre el agua son tan distintas. Una conserva un aspecto más irregular, con ventanas de distintos tamaños y cuerpos que sobresalen, reflejo de siglos de reformas hechas por los comerciantes.

La otra fue restaurada en el siglo XX para acercarla al espíritu del proyecto de Adam, con un orden más clásico. Rodear el puente por las dos orillas es la mejor manera de apreciar esa doble personalidad. Hoy está protegido con el máximo nivel de conservación del patrimonio inglés.

Qué mirar al cruzarlo

Al caminar por encima, fíjate en lo estrechas que son muchas tiendas: algunas apenas tienen el ancho de una habitación, y desde dentro, a través de las ventanas traseras, se ve el río justo debajo.

En los extremos del puente, los pequeños pabellones con cúpula marcan la entrada y la salida, y ayudan a identificarlo desde lejos.

Si entras en alguno de los cafés o tiendas con ventanas al río, podrás ver el Avon y la represa desde una perspectiva que la mayoría de los visitantes se pierde.

Al salir hacia Bathwick llegarás en pocos pasos a Laura Place, una plaza con una fuente en el centro que distribuye el tráfico hacia Great Pulteney Street.

La avenida es especialmente ancha para la época, pensada para que los carruajes pudieran girar con holgura y para que las fachadas se vieran en toda su grandeza. Mirando hacia atrás desde Laura Place, se entiende cómo el puente y la avenida forman una sola composición urbana.

Las mejores vistas del puente

La imagen clásica del puente con la represa en primer plano se obtiene desde la balaustrada de Grand Parade, en la orilla oeste, justo al sur del puente.

Si bajas a la altura del río, en la zona de embarque de los barcos turísticos o desde los Parade Gardens, tendrás una perspectiva más baja y más dramática, con el agua cayendo en escalones.

Desde la orilla de Bathwick, por el camino ribereño, puedes ver el puente de frente con la abadía asomando detrás.

  • Balaustrada de Grand Parade: la postal clásica con la represa.

  • Parade Gardens: vista más cercana y a ras del agua.

  • Camino ribereño de Bathwick: el puente de frente con la abadía al fondo.

  • Desde un barco por el Avon: la vista desde abajo de los arcos.

Consejos para la visita

El puente se cruza en un par de minutos, pero merece la pena dedicarle al menos media hora para verlo desde las distintas orillas.

Por la mañana temprano el lugar está tranquilo y la luz favorece la fachada de la represa; al anochecer, la iluminación de las fachadas y de Grand Parade crea un ambiente muy distinto. En días de lluvia intensa el río baja crecido y la represa impresiona más.

Si quieres entrar en las tiendas, ten en cuenta que muchas son negocios pequeños con horarios propios, así que conviene consultarlos antes.

Si te apetece ver el puente desde el agua, en la temporada cálida salen paseos en barco por el río desde las inmediaciones. Consulta horarios y precios en los puntos de embarque, porque dependen del estado del río y de la época del año.

Qué ver cerca

En el extremo oeste del puente está la Victoria Art Gallery, el museo municipal de bellas artes, y junto a ella el Guildhall, con su mercado cubierto, uno de los más antiguos de la ciudad. A cinco minutos hacia el suroeste tienes la abadía y las Termas Romanas.

Hacia el este, Great Pulteney Street te lleva en línea recta al Museo Holburne y los Sydney Gardens, y a mitad de camino puedes desviarte a Henrietta Park, un parque tranquilo para descansar un rato.

Preguntas frecuentes

¿Qué tiendas hay sobre el Puente Pulteney?

Cuenta con floristerías, cafeterías con ventanales sobre el río, joyerías artesanales y tiendas de antigüedades.

¿Se puede navegar bajo el puente?

Sí, los paseos en barco turístico por el río Avon y alquiler de botes de remos parten de embarcaderos cercanos; consulta los puntos de salida antes de ir.

¿Cuál es el mejor punto para fotografiar el Puente Pulteney?

Desde el mirador de Grand Parade o desde la terraza de Parade Gardens a nivel del río, donde se capta el puente junto al vertedero semicircular.

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