Por la Ruta de los Siete Lagos, de Villa La Angostura a San Martín
La Ruta de los Siete Lagos es uno de los itinerarios escénicos por carretera más conocidos de Argentina. Con unos cien kilómetros completamente pavimentados a lo largo de la Ruta 40 entre Villa La Angostura y San Martín de los Andes, conecta siete lagos glaciares entre parques nacionales.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Una de las rutas panorámicas más conocidas de la Patagonia
La Ruta de los Siete Lagos atrae a automovilistas, motociclistas y cicloturistas de todo el planeta.
La carretera serpentea a través de valles glaciares encajonados entre murallas de basalto y densos bosques siempreverdes de coihues, lengas, ñires y colihues, revelando tras cada curva un nuevo espejo de agua con tonalidades que van del verde esmeralda al azul ultramar.
El circuito suele iniciarse desde Bariloche y es uno de los recorridos más populares de Argentina.
Los Siete Lagos y sus playas
Partiendo desde Villa La Angostura, la ruta visita el Lago Espejo con sus amplias playas de arena volcánica y el Lago Correntoso, célebre por albergar el río Correntoso (uno de los ríos más cortos del mundo y meca de pesca con mosca).
Más adelante se suceden el pequeño Lago Escondido entre densa vegetación y los gemelos Lago Villarino y Lago Falkner, con su extensa playa de arena ideal para almorzar.
El trayecto culmina bordeando el Lago Machónico y descendiendo hacia la pintoresca ciudad de San Martín de los Andes a orillas del Lago Lácar.
Consejos de conducción y paradas recomendadas
En el camino se puede visitar la Cascada Vulignanco, un salto de agua de veinte metros accesible desde un mirador vial. Planifica tu itinerario combinando esta ruta con una excursión al Cerro Tronador o una navegación en el Lago Nahuel Huapi.
Combustible y provisiones:
Carga combustible en Villa La Angostura o San Martín de los Andes, ya que en el tramo intermedio de la ruta hay muy pocos servicios.
Historia de la ruta
El camino que hoy une Villa La Angostura con San Martín de los Andes recorre un territorio que durante siglos fue habitado por comunidades mapuches, que aún mantienen presencia en la zona, sobre todo en los alrededores del lago Lácar.
La llegada de colonos y la creación de los parques nacionales en la primera mitad del siglo XX trajeron senderos y huellas para carretas que, con el tiempo, se convirtieron en una ruta de montaña.
Durante décadas, buena parte del trayecto fue de ripio, con tramos angostos y polvorientos que exigían paciencia y cubiertas en buen estado. Esa condición le daba un aire de aventura que muchos viajeros todavía recuerdan con nostalgia.
La ruta, que antes llevaba el número 234, pasó a formar parte de la mítica Ruta Nacional 40, y la pavimentación completa de los tramos pendientes la transformó en un recorrido accesible para cualquier tipo de vehículo.
El itinerario atraviesa dos áreas protegidas: el Parque Nacional Nahuel Huapi, en el sur, y el Parque Nacional Lanín, en el norte.
Esa continuidad de bosques protegidos explica por qué el paisaje se mantiene tan poco intervenido y por qué, a lo largo de todo el camino, verás carteles de guardaparques, áreas de acampe y normas de conservación.
Qué mirar a lo largo del camino
Más allá de los lagos principales, la ruta regala desvíos que merecen una parada. Uno de los más conocidos es el que lleva al lago Traful y al pueblo de Villa Traful, un rincón tranquilo con muelles de madera y aguas muy transparentes.
Más al norte, un camino secundario conduce al lago Meliquina y otro al lago Hermoso, menos concurridos que los que se ven desde la ruta principal.
El bosque cambia a medida que avanzas. En los tramos más húmedos dominan los coihues, de copas altas y siempre verdes, acompañados por cañaverales de caña colihue en el sotobosque.
En las zonas más altas o frías aparecen las lengas y los ñires, que en otoño se tiñen de amarillo, naranja y rojo. Fíjate también en los troncos caídos cubiertos de musgo y en los arroyos que cruzan bajo la ruta: son parte del encanto del recorrido.
Los miradores sobre los lagos Espejo, Correntoso y Falkner están señalizados y tienen espacio para estacionar. Llegando a San Martín de los Andes, el descenso hacia el Lácar ofrece vistas amplias del lago encajonado entre montañas, con la ciudad recostada en su extremo oriental.
Curiosidades de los Siete Lagos
Aunque el nombre habla de siete, no todo el mundo cuenta los mismos lagos. Según la lista que se tome, pueden incluirse el Nahuel Huapi, el Lácar, el Espejo Chico o el Traful, y en total el camino deja ver bastantes más espejos de agua que los siete del título.
Más que una cifra exacta, el nombre funciona como una marca que resume la idea de una ruta jalonada de lagos.
Otra curiosidad es la diversidad de colores. El tono de cada lago depende de su profundidad, de la luz del día y de los sedimentos que arrastran los ríos de deshielo, por eso un mismo lago puede verse verde por la mañana y azul intenso por la tarde.
Muchos fotógrafos hacen el recorrido varias veces en distintas épocas del año para captar esos cambios.
La ruta también es un clásico del cicloturismo. Es habitual cruzarse con viajeros que la hacen en bicicleta, con alforjas y en varias etapas, acampando junto a los lagos. Si vas en auto, maneja con cuidado en las curvas y deja espacio al adelantarlos.
Consejos para planificar el recorrido
Desde Bariloche, muchos viajeros hacen el trayecto en una sola jornada como parte del llamado Circuito Grande: ida por Villa La Angostura y la ruta de los Siete Lagos, y regreso por la ruta que bordea el río Limay, pasando por el Valle Encantado y sus formaciones rocosas.
Es un día largo al volante, así que si puedes, lo ideal es dormir en San Martín de los Andes y volver al día siguiente con calma.
La primavera y el verano son las temporadas más cómodas para manejar, mientras que el otoño destaca por los colores del bosque. En invierno puede haber nieve y hielo en los tramos más altos, por lo que conviene llevar cadenas y consultar el estado del camino antes de salir.
En cualquier estación, evita manejar de noche: hay curvas cerradas, animales sueltos y poca iluminación.
Lleva agua, algo para comer y abrigo aunque el día sea soleado, porque el clima cambia rápido entre los valles. La señal de celular es intermitente en varios tramos, así que descarga los mapas antes de salir.
Y si vas a acampar o hacer fuego, respeta las áreas habilitadas y las restricciones que fijan los parques nacionales, sobre todo en temporada de riesgo de incendios.
Qué ver en los extremos de la ruta
En el extremo sur, Villa La Angostura merece al menos medio día: su centro, la zona del puerto sobre la bahía Mansa y la península de Quetrihué, con el bosque de arrayanes, son paradas clásicas.
En el extremo norte, San Martín de los Andes es una ciudad de montaña con una costanera agradable sobre el Lácar, buenos senderos hacia miradores y la posibilidad de seguir viaje hacia el volcán Lanín y Junín de los Andes.
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