Un santo sufí nacido en Murcia descansa en la mezquita de Abu al-Abbas

La Mezquita de Abu al-Abbas al-Mursi, situada en el histórico barrio de Anfoushi junto al puerto de Alejandría, es una de las mezquitas más veneradas de la ciudad. Erigida sobre la tumba del santo místico sufí andalusí Abu al-Abbas al-Mursi (nacido en Murcia, España), deslumbra por sus cúpulas blancas esculpidas con arabescos y su esbelto minarete de 73 metros.

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Ubicación
Plaza de las Mezquitas (Midan al-Masajid), barrio de Anfoushi, Alejandría
Conexión histórica
Vínculo espiritual hispanomusulmán con la ciudad de Murcia (siglo XIII)

La Mezquita de Abu al-Abbas al-Mursi es el templo espiritual más querido y emblemático de Alejandría. Situada en la plaza de las mezquitas en el barrio marinero de Anfoushi en Egipto, su historia une de forma conmovedora la tradición mística del Al-Ándalus medieval con la devoción popular egipcia.

Cúpulas blancas esculpidas con lacerías arabescas y esbelto minarete de la Mezquita de Abu al-Abbas al-Mursi en Alejandría.
Papillus (CC BY-SA 3.0)

El místico andalusí de Murcia

Nacido en Murcia en 1219 en el seno de una familia andalusí, Abu al-Abbas huyó con su familia ante el avance cristiano hacia Túnez y finalmente se estableció en Alejandría, donde se convirtió en el gran maestro de la orden sufí Shadhiliyya.

Tras su muerte, a finales del siglo XIII, su tumba se convirtió en un concurrido lugar de peregrinación para marineros y sabios de todo el Mediterráneo musulmán.

Arquitectura octogonal y cúpulas arabescas

El edificio actual, rediseñado entre 1929 y 1945 por arquitectos italianos, entre ellos Mario Rossi, presenta columnas de granito que sostienen arcos apuntados.

El exterior deslumbra por sus cúpulas de color crema profusamente cinceladas con motivos florales y su minarete de 73 metros con balcones escalonados.

Paseo por Anfoushi: Aprovecha la visita para recorrer los talleres tradicionales de construcción de barcas de pesca de madera en la bahía de Anfoushi y probar el helado de leche de búfala en las heladerías de la plaza.

Quién fue Abu al-Abbas y por qué se le venera

Para entender el cariño que los alejandrinos sienten por esta mezquita conviene conocer al hombre que descansa en ella. Abu al-Abbas al-Mursi fue el discípulo más cercano de Abu al-Hasan al-Shadhili, el fundador de la cofradía sufí Shadhiliyya, y a su muerte heredó la dirección espiritual del grupo.

Durante décadas enseñó en Alejandría una forma de misticismo que no exigía retirarse del mundo: sus seguidores podían ser comerciantes, artesanos o marineros, y buscar la cercanía con Dios sin abandonar su oficio ni su familia.

Esa espiritualidad práctica explica en parte su enorme arraigo popular. Entre sus discípulos se cuenta Ibn Ata Allah al-Iskandari, autor de las Hikam, una colección de aforismos místicos que todavía se lee y se comenta en buena parte del mundo islámico.

También fue alumno suyo el poeta al-Busiri, autor de la célebre Burda, el poema de alabanza al Profeta más recitado de la tradición árabe. Cuando visitas la mezquita, en realidad estás entrando en uno de los grandes centros del sufismo mediterráneo medieval.

Un santuario reconstruido muchas veces

El edificio que ves hoy no es el original. Sobre la tumba del santo se levantó primero un pequeño santuario funerario, que a lo largo de los siglos fue ampliado, restaurado y reconstruido por distintos benefactores a medida que crecía la devoción.

En época otomana el conjunto ya era un punto de referencia para los fieles de la ciudad y para los peregrinos norteafricanos que pasaban por Alejandría camino de La Meca.

La gran transformación llegó en el siglo XX, cuando la monarquía egipcia impulsó la construcción de una mezquita monumental acorde con la importancia del lugar.

El resultado es un edificio de estética neomameluca: no copia un monumento concreto, sino que reinterpreta el lenguaje de las mezquitas cairotas de la Edad Media con técnicas y materiales modernos.

Por eso, aunque parezca un templo muy antiguo, es en realidad una obra relativamente reciente que envuelve un lugar de culto con siete siglos de historia.

Qué mirar dentro y fuera de la mezquita

Antes de entrar, date una vuelta completa por el exterior. La fachada de piedra clara está cubierta de relieves geométricos y vegetales, y las cúpulas muestran un tallado tan fino que, con la luz rasante de primera hora o del atardecer, parecen de encaje.

El minarete, alto y esbelto, se divide en cuerpos superpuestos con balcones, siguiendo el modelo de los minaretes mamelucos que puedes ver en El Cairo islámico.

En el interior, lo primero que llama la atención es la sensación de altura y de luz.

Las columnas de granito sostienen arcos que convergen bajo la cúpula central, y los techos de madera trabajada, las lámparas colgantes y las celosías aportan un ambiente recogido pese al tamaño de la sala.

Presta atención a la zona del mausoleo, donde se encuentra la tumba del santo: es el rincón con más movimiento, porque muchos visitantes locales se acercan a rezar, pedir una gracia o simplemente tocar la reja que la rodea.

  • Las cúpulas exteriores, mejor con luz lateral de mañana o de tarde.

  • El minarete visto desde la plaza, que permite abarcarlo entero en una foto.

  • Los techos de madera y las lámparas de la sala de oración.

  • El mausoleo del santo, el espacio más vivo y devocional del conjunto.

La plaza de las mezquitas y sus otros santos

La mezquita no está sola. La plaza donde se alza reúne otros santuarios ligados al mismo círculo espiritual, entre ellos la mezquita del poeta al-Busiri y la de Yaqut al-Arshi, otro discípulo destacado de Abu al-Abbas.

Esta concentración de tumbas de maestros sufíes convierte la zona en una especie de barrio sagrado dentro del Anfoushi marinero, y explica por qué verás a tantas familias que van de un santuario a otro en la misma visita.

Cada año, el mawlid o fiesta del santo llena la plaza de puestos, música religiosa, cofradías con sus estandartes y una multitud que viene de toda la región.

Si coincides con esas fechas, la experiencia es muy distinta a la de un día normal: más ruido, más color y mucha menos tranquilidad para contemplar la arquitectura. Las fechas siguen el calendario lunar islámico, así que cambian cada año y conviene consultarlas con antelación.

Consejos para visitar la mezquita

Es un lugar de culto activo, así que la vestimenta importa. Lleva ropa que cubra hombros y rodillas; las mujeres deben cubrirse el cabello, por lo que te conviene llevar un pañuelo en la mochila.

Tendrás que descalzarte en la entrada, y es habitual dejar el calzado a cargo de un encargado a cambio de una pequeña propina voluntaria. Evita la hora de la oración del mediodía del viernes, cuando la sala se llena y no es momento para recorrerla como visitante.

Con media hora o cuarenta y cinco minutos tienes suficiente para ver la mezquita con calma. Pide permiso antes de fotografiar a personas que estén rezando y mantén el tono de voz bajo.

Durante el Ramadán el ambiente cambia bastante, sobre todo al caer la tarde, cuando la plaza se anima con la ruptura del ayuno. Conviene consultar horarios y posibles restricciones de visita en la web oficial de turismo de Egipto o preguntar en tu alojamiento antes de ir.

Qué ver cerca de Abu al-Abbas

La mezquita encaja bien en un recorrido a pie por el extremo norte de la ciudad.

A poca distancia tienes la Ciudadela de Qaitbay, levantada donde se alzaba el antiguo Faro de Alejandría, y a lo largo de la bahía de Anfoushi puedes ver cómo se reparan todavía barcas de pesca de madera.

También cerca se encuentran las tumbas helenísticas de Anfoushi, excavadas en la roca, y el exterior del Palacio Ras el-Tin, en el extremo occidental de la antigua isla de Faros.

Para cerrar la visita, nada más alejandrino que sentarse a comer pescado en alguno de los restaurantes de la zona portuaria, donde eliges la pieza y te la preparan a la parrilla o frita.

Después, un paseo por la Corniche hacia el este te permite ver cómo cae la tarde sobre el puerto oriental, con la silueta de la mezquita y su minarete recortada al fondo.

Planifica tu viaje a Alejandría y la costa mediterránea:

• Qué ver en Alejandría

• Ciudadela de Qaitbay

• Palacio Ras el-Tin

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