La ciudadela de Qaitbay se levantó con las piedras del Faro
La Ciudadela de Qaitbay es una fortaleza defensiva mameluca del siglo XV emplazada en la bocana del puerto oriental de Alejandría, erigida directamente sobre los cimientos y con las piedras caídas del legendario Faro de Alejandría (una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo). Rodeada por el mar Mediterráneo, es el icono costero de la ciudad.
Por Daniel
- Ubicación
- Extremo occidental de la Corniche, península de Faro, Alejandría
- Fundación histórica
- Año 1477 por el sultán mameluco Al-Ashraf Qaitbay
La Ciudadela de Qaitbay es el guardián de piedra de Alejandría frente al mar Mediterráneo. Emplazada en el mismo islote rocoso donde durante más de mil años iluminó el célebre Faro de Alejandría antes de colapsar por los terremotos medievales, esta fortaleza resume la grandeza naval y militar de Egipto.

El legado del legendario Faro de Alejandría
El sultán Al-Ashraf Qaitbay ordenó construir este castillo en 1477 para blindar la costa norte egipcia frente a las incursiones de la armada otomana.
Los ingenieros mamelucos aprovecharon la cimentación sólida del faro ptolemaico y reutilizaron sus gigantescos bloques de granito rojo y piedra caliza para levantar las murallas exteriores, las torres circulares artilleras y el patio central fortificado.
Paseo por los adarves y miradores marítimos
Al cruzar el foso y la puerta principal flanqueada por aspilleras se accede al torreón cuadrangular de tres plantas. En la planta baja se conserva una mezquita, con un minbar y nicho de oración decorados con mármoles policromados.
Desde los adarves superiores se disfruta de una vista panorámica sublime: hacia el norte las olas rompen con fuerza contra los arrecifes submarinos donde reposan restos arqueológicos de esfinges sumergidas, y hacia el este se divisa toda la bahía semicircular de la Corniche alejandrina.
Ambiente al atardecer: El paseo peatonal que conduce a la fortaleza se llena de familias locales, pescadores de caña y carritos de frutos secos y mazorcas asadas al caer la tarde, siendo el mejor momento para pasear junto a las olas.
Cómo era el Faro de Alejandría
El Faro se construyó a comienzos del siglo III antes de Cristo, en tiempos de los primeros Ptolomeos, y la tradición atribuye su diseño al arquitecto Sóstrato de Cnido.
Se levantaba en el extremo de la isla de Faros, que dio nombre al monumento y, con el tiempo, a todos los faros del mundo: en español, italiano o francés la palabra procede de ese lugar.
Su altura exacta se desconoce, pero las descripciones antiguas coinciden en que era una de las construcciones más altas de su época.
Según esas fuentes, la torre se organizaba en varios cuerpos superpuestos, con una base cuadrada, un tramo intermedio de planta octogonal y un remate cilíndrico donde se encendía el fuego. Durante siglos guio a los barcos que se acercaban a una costa baja y peligrosa.
Los terremotos de la Edad Media la fueron dañando hasta dejarla en ruinas, y viajeros como Ibn Battuta dejaron testimonio de su deterioro en el siglo XIV, poco antes de que desapareciera casi por completo.
Aunque no quede nada en pie, el Faro sigue presente de muchas maneras.
Su silueta aparece en monedas acuñadas en Alejandría en época romana, que son una de las fuentes para reconstruir su aspecto, y algunos historiadores han propuesto que su estructura escalonada influyó en la forma de los primeros minaretes del mundo islámico.
Mientras recorres la ciudadela, fíjate en los grandes bloques de granito incrustados en los muros: son el vínculo más directo que queda con aquella maravilla.
La isla de Faros y el Heptastadion
En la Antigüedad, Faros era una isla separada del continente. Los fundadores de la ciudad la unieron a tierra firme con un largo dique llamado Heptastadion, que dividía la bahía en dos puertos, uno oriental y otro occidental.
Con los siglos, la arena y los sedimentos se acumularon a ambos lados del dique hasta convertirlo en un istmo ancho sobre el que hoy se asientan barrios enteros como Anfushi y Ras el-Tin.
Por eso, aunque hoy llegues a la ciudadela caminando o en coche por calles normales, estás recorriendo lo que fue un brazo de mar.
Tener en mente este paisaje antiguo ayuda a entender la posición estratégica de la fortaleza: vigila la entrada del puerto oriental, el que usaban los reyes ptolemaicos y donde se encontraba el barrio real, y controla al mismo tiempo el acceso desde mar abierto.
La fortaleza después de los mamelucos
Tras la conquista otomana de Egipto, la ciudadela siguió en uso como fortaleza, aunque perdió parte de su importancia. En el siglo XIX, Mehmet Alí, el gobernante que modernizó el país, reforzó las defensas costeras de Alejandría y la ciudadela fue adaptada a la artillería de la época.
En 1882 sufrió graves daños durante el bombardeo de la flota británica que precedió a la ocupación del país, y a lo largo del siglo XX fue objeto de varias campañas de restauración que le devolvieron el aspecto que hoy vemos.
Los restos bajo el agua
Desde los años noventa, equipos de arqueólogos submarinos han documentado en el fondo marino junto a la ciudadela miles de bloques de piedra, columnas, esfinges y fragmentos de estatuas colosales. Parte de esos restos podría proceder del propio Faro y de los monumentos que lo rodeaban.
Algunas piezas se han sacado del agua y se exponen en museos de la ciudad o al aire libre, mientras que otras permanecen sumergidas, y existen propuestas para que puedan visitarse buceando.
Consejos para la visita
Calcula alrededor de una hora para recorrer el patio, el torreón y las murallas, y algo más si quieres sentarte a contemplar el mar.
En el interior hay escaleras estrechas y pasillos con poca luz, y en los adarves sopla con frecuencia un viento fuerte, así que conviene llevar una prenda de abrigo ligera en invierno y protección solar en verano. Horarios y precios pueden cambiar: consulta la web oficial antes de ir. Los días laborables por la mañana suelen ser los más tranquilos.
Si te interesa la fotografía, la mejor vista del conjunto se obtiene desde la Corniche, al otro lado de la bahía, sobre todo al final de la tarde, cuando la luz baja ilumina las murallas.
Desde el espigón que lleva a la entrada también se consiguen buenas imágenes con las barcas de pescadores en primer plano.
Qué ver cerca de la ciudadela
El barrio de Anfushi, en la antigua isla, es uno de los más tradicionales de Alejandría, con calles de pescadores, astilleros de barcas de madera y restaurantes donde se elige el pescado al peso antes de que lo cocinen.
Allí se encuentran también las tumbas de Anfushi, una necrópolis ptolemaica excavada en la roca con decoración pintada, y la mezquita de Abu al-Abbas al-Mursi, uno de los templos más venerados de la ciudad, con su silueta blanca de cúpulas y minarete.
Junto a la ciudadela funciona un pequeño acuario con especies del Mediterráneo y del mar Rojo, una parada entretenida si viajas con niños. Desde aquí puedes volver al centro caminando por la Corniche, un paseo largo pero muy agradable con la bahía siempre a un lado.
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