Bajar a las catacumbas de Kom el-Shoqafa, donde Anubis viste de legionario

Las Catacumbas de Kom el-Shoqafa ('Colina de los Tiestos') en Alejandría son uno de los conjuntos funerarios romanos más importantes de Egipto y una de las Siete Maravillas de la Edad Media. Excavadas en el siglo II d.C. en tres niveles sobre la roca viva, sorprenden por su singularísima fusión artística de iconografía faraónica, griega clásica y romana imperial.

Por

Ubicación
Barrio de Karmouz, sur de Alejandría, junto a la Columna de Pompeyo
Descubrimiento fortuito
Año 1900 cuando un burro cayó accidentalmente por un pozo de acceso

Las Catacumbas de Kom el-Shoqafa son el testimonio arqueológico más desconcertante y original de Alejandría. Creadas originalmente como tumba familiar privada de una acaudalada estirpe alejandrina en época de los Antoninos, se expandieron hasta albergar numerosos nichos funerarios (loculi) en las profundidades de Egipto.

Escalinata circular y cámaras funerarias que fusionan el arte funerario egipcio, griego y romano en Kom el-Shoqafa, Alejandría.
Leon petrosyan (CC BY-SA 4.0)

La escalera de caracol y el Triclinio de Caracalla

El descenso al inframundo alejandrino se realiza por una imponente escalera circular de piedra envuelta en torno a un pozo de ventilación central por donde se bajaban los cuerpos con cuerdas.

Al pie de la escalera se accede a la Rotonda central y al Triclinio funerario, un comedor excavado en la roca con tres bancos corridos donde los familiares celebraban banquetes conmemorativos en honor a los difuntos, rompiendo vasijas y platos tras el banquete (de ahí el nombre de 'Colina de los Tiestos').

El dios Anubis vestido de legionario romano

La cámara sepulcral principal presenta un sincretismo religioso inaudito en el mundo antiguo. La fachada del sepulcro muestra columnas con capiteles mixtos con la cabeza de Medusa para ahuyentar a los profanadores.

En los relieves del interior, el dios chacal egipcio Anubis aparece esculpido vistiendo la coraza militar, el manto (paludamentum) y las grebas de un centurión romano, armado con lanza y escudo, flanqueado por serpientes aladas tocadas con la doble corona faraónica pschent y el tirso dionisiaco.

Historia de las catacumbas

Las catacumbas se excavaron en época romana, cuando Alejandría era una de las grandes metrópolis del imperio y una ciudad profundamente mezclada, donde convivían egipcios, griegos, romanos, judíos y gentes de todo el Mediterráneo.

Ese mestizaje se refleja en la manera de enterrar a los muertos: las familias acomodadas querían tumbas a la moda de su tiempo, pero sin renunciar a las creencias egipcias sobre el más allá, con sus dioses protectores y sus rituales de momificación.

Durante siglos el conjunto permaneció olvidado bajo tierra, hasta que su hallazgo casual a comienzos del siglo XX lo devolvió a la luz.

Las excavaciones posteriores permitieron documentar sus distintos niveles, sus pasillos llenos de nichos y la tumba principal, y comprobar que la necrópolis había crecido con el tiempo a partir de un núcleo inicial.

El nivel más profundo quedó inundado por las aguas subterráneas, un problema que ha obligado a realizar trabajos de drenaje para proteger el conjunto.

Recorrido por los niveles

Tras bajar la escalera de caracol, la visita se organiza alrededor de la rotonda central, desde donde parten los distintos pasillos. Merece la pena detenerse en la tumba principal, a la que se accede por un vestíbulo con una fachada de aire clásico.

A ambos lados de la entrada interior hay dos nichos con estatuas de un hombre y una mujer, que se suelen identificar con los propietarios del sepulcro: sus cuerpos siguen la rigidez de la estatuaria egipcia, mientras que los rostros tienen un aire mucho más griego.

Dentro de la cámara, los sarcófagos están decorados con guirnaldas, cabezas de toro y máscaras, motivos típicos del arte grecorromano, mientras que en las paredes aparecen escenas plenamente egipcias: la momificación del difunto sobre un lecho con forma de león, rodeado de dioses como Anubis, Thot y Horus, o la veneración del buey Apis.

Es precisamente esa mezcla, en un espacio tan reducido, la que convierte este lugar en un documento excepcional sobre la religión de la Alejandría romana.

La Sala de Caracalla y las tumbas trasladadas

Junto al conjunto principal se encuentra la llamada Sala de Caracalla, un espacio funerario independiente en el que se hallaron huesos humanos y de caballos.

La tradición lo relacionó con la matanza de jóvenes alejandrinos ordenada por el emperador Caracalla a comienzos del siglo III, un episodio que recogen las fuentes antiguas, aunque hoy muchos investigadores consideran que esa asociación no está demostrada y que podría tratarse de enterramientos de otro tipo.

En el recinto exterior se han reubicado además otras tumbas halladas en distintos puntos de Alejandría, rescatadas para evitar su destrucción. Entre ellas destaca la tumba de Tigrane, con pinturas murales de inspiración egipcia bastante bien conservadas.

Si tienes tiempo, no te las saltes: completan la visita y permiten comparar distintos estilos de decoración funeraria de la misma época.

Curiosidades poco conocidas

Las catacumbas no eran sólo un lugar para depositar a los muertos, sino también un espacio de encuentro para los vivos.

El tamaño del conjunto hace pensar que, con el tiempo, dejó de ser una tumba estrictamente familiar y pasó a acoger a muchas más personas, quizá miembros de una asociación funeraria que compartía gastos y rituales.

Los nichos se abrían en hileras a lo largo de los pasillos y se cerraban con lápidas, de las que se conservan algunos restos.

Otro detalle que suele sorprender es el pozo central alrededor del cual gira la escalera: además de ventilar y dar algo de luz a las galerías, facilitaba bajar los cuerpos sin tener que cargarlos por los peldaños.

Y aunque hoy el lugar impresiona por su silencio, conviene imaginarlo iluminado con lámparas de aceite, con familias que bajaban en fechas señaladas a recordar a sus difuntos.

Consejos para la visita

La visita dura alrededor de una hora. Bajo tierra la temperatura es más fresca que en la superficie, pero el ambiente es húmedo y el suelo puede estar resbaladizo, así que conviene llevar calzado con buena suela.

Hay tramos de escalera y pasillos estrechos, algo a tener en cuenta si tienes problemas de movilidad o no te sientes cómodo en espacios cerrados. Las normas sobre fotografía, igual que los horarios y el precio de la entrada, cambian con cierta frecuencia: consulta la web oficial antes de ir.

Una buena idea es ir con un guía o, al menos, leer algo sobre la iconografía antes de bajar, porque los relieves son pequeños y muchos detalles pasan desapercibidos si no sabes qué buscar.

Fíjate en cómo los dioses egipcios visten ropas romanas o en cómo los símbolos griegos protegen las puertas: descubrir esas combinaciones es lo que hace la visita tan especial.

Qué ver cerca de las catacumbas

El barrio de Karmouz, donde se encuentran las catacumbas, es una zona popular y poco turística que muestra la Alejandría cotidiana, lejos de la Corniche.

A pocos minutos a pie se levanta la Columna de Pompeyo, sobre los restos del antiguo Serapeo, así que lo más práctico es visitar ambos lugares en la misma mañana.

Desde allí puedes tomar un taxi hacia el centro para seguir con el anfiteatro romano de Kom el-Dikka y completar un recorrido por la ciudad grecorromana en una sola jornada.

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