El teatro romano de Kom el-Dikka apareció en pleno centro de Alejandría
El Anfiteatro Romano de Kom el-Dikka es uno de los pocos teatros romanos descubiertos en Egipto. Sacado a la luz en 1960 por arqueólogos polacos en pleno centro de Alejandría, consta de trece gradas semicirculares de mármol blanco, termas romanas y la célebre Villa de los Pájaros con mosaicos policromados de pavos reales y palomas.
Por Daniel
- Ubicación
- Barrio de Kom el-Dikka, a pocos minutos de la estación de tren Misr, Alejandría
- Aforo original
- Varios cientos de espectadores sentados
El Anfiteatro Romano de Kom el-Dikka es el yacimiento clásico más fascinante y céntrico de Alejandría. Oculto durante siglos bajo un fuerte napoleónico de tierra, su descubrimiento accidental revolucionó el conocimiento sobre la vida urbana grecorromana en Egipto.

El teatro de mármol y las aulas universitarias
Construido en época romana como odeón cubierto para audiciones poéticas y musicales y transformado posteriormente en sede de asambleas cívicas bizantinas, el teatro conserva trece gradas de mármol apoyadas sobre gruesos pilares de ladrillo rojo.
Alrededor del graderío se descubrieron una veintena de salas de conferencias rectangulares con bancos elevados que atestiguan la existencia de un complejo universitario de época tardorromana.
La Villa de los Pájaros y sus mosaicos
En el sector septentrional del parque arqueológico se visita la Villa de los Pájaros, una suntuosa residencia aristocrática de época romana protegida por una cubierta moderna.
El pavimento de su triclinio conserva intacto un mosaico de 'opus tessellatum' que reproduce con maestría cromática palomas, faisanes, perdices y pavos reales junto a motivos vegetales.
Historia del yacimiento
Kom el-Dikka significa, más o menos, montículo de escombros, y el nombre describe bien lo que fue el lugar durante siglos: una elevación de tierra y restos acumulados en pleno centro de la ciudad, sin que nadie sospechara lo que escondía.
Cuando a mediados del siglo XX se removió el terreno para levantar nuevos edificios, aparecieron las primeras estructuras antiguas, y el proyecto de construcción dio paso a una excavación arqueológica que todavía hoy continúa.
Desde entonces, el trabajo lo ha liderado una misión polaca vinculada a la Universidad de Varsovia, que ha ido sacando a la luz no sólo el teatro, sino un barrio entero de la Alejandría romana y bizantina.
Esto es lo que hace especial al sitio: en una ciudad donde casi todo el pasado antiguo quedó enterrado bajo la urbe moderna o hundido en el mar, Kom el-Dikka es uno de los pocos lugares donde se puede caminar por calles, edificios públicos y viviendas de hace más de mil quinientos años.
Recorrido por el parque arqueológico
Además del teatro y la villa de los mosaicos, el recinto conserva otros sectores que merece la pena recorrer con calma. Al pasear por los senderos verás cómo se organizaba un barrio de la ciudad antigua: una calle principal con restos de pórticos, espacios públicos, zonas residenciales y talleres.
Los paneles informativos ayudan a situar cada estructura, y desde la parte alta del graderío se obtiene una buena vista de conjunto para entender la distribución del lugar.
Las termas imperiales, un gran complejo de baños públicos con restos de salas, canalizaciones y depósitos de agua que muestran la importancia del baño en la vida social romana.
Las cisternas y conducciones, que recuerdan que el abastecimiento de agua era uno de los grandes retos de la ciudad.
Las zonas de viviendas y talleres, donde se reconoce la trama de un barrio corriente, lejos de los palacios.
El área al aire libre con columnas, bloques y esculturas reunidas de distintos puntos de Alejandría, algunas recuperadas del fondo del puerto.
Al recorrer estos sectores conviene tener presente que no todo pertenece a la misma época.
El barrio se transformó muchas veces a lo largo de los siglos: casas romanas fueron abandonadas o reformadas, los edificios públicos cambiaron de función y, con el tiempo, parte de la zona se usó incluso como cementerio en época islámica.
Por eso verás muros de técnicas distintas superpuestos o cortándose entre sí, una especie de libro de historia de la ciudad escrito en piedra y ladrillo.
Curiosidades de Kom el-Dikka
Uno de los aspectos que más llama la atención a los especialistas es la concentración de salas de enseñanza alrededor del teatro.
Su disposición, con bancos corridos a lo largo de las paredes y un asiento elevado para el orador o el maestro, sugiere que en la Antigüedad tardía este sector funcionaba como un gran centro educativo, heredero de la fama intelectual de la ciudad que había albergado la Gran Biblioteca y el Museion.
Es uno de los pocos testimonios físicos que quedan de esa vida académica.
Otro detalle curioso son las inscripciones y marcas grabadas en las gradas del teatro, que dan pistas sobre el público que lo frecuentaba y sobre las facciones y aficiones de la época.
Y conviene recordar que el monumento que hoy vemos es sólo una parte de lo que existió: el edificio contaba con columnas y probablemente una cubierta que lo convertía en un espacio cerrado, muy distinto de la imagen de teatro al aire libre que solemos tener en mente.
Consejos para la visita
El recorrido completo se hace en una hora u hora y media, aunque si te interesan los mosaicos y la arqueología puedes dedicarle más.
Hay poca sombra en buena parte del recinto, así que en los meses cálidos es mejor ir a primera hora de la mañana, con agua, gorra y calzado cómodo, porque se camina sobre tierra y piedras irregulares.
Los horarios, el precio de la entrada y las condiciones para hacer fotografías pueden cambiar: lo prudente es consultarlos en la web oficial antes de ir.
Si puedes, visita el yacimiento antes del Museo Nacional de Alejandría o del Museo Grecorromano: ver primero los restos en su lugar ayuda mucho a entender después las piezas expuestas en las vitrinas.
La ubicación céntrica permite además combinar Kom el-Dikka con otros puntos de interés a pie, lo que lo convierte en una buena primera parada para empezar a conocer la ciudad antigua.
Qué ver cerca del anfiteatro
A pocos minutos está la estación de tren Misr, la principal de la ciudad, un edificio que por sí mismo merece una mirada.
Muy cerca se encuentra también la mezquita del profeta Daniel, asociada por una antigua tradición a la búsqueda de la tumba de Alejandro Magno, cuyo emplazamiento sigue siendo uno de los grandes enigmas de la arqueología.
La calle Nabi Daniel, con sus librerías de viejo, es un paseo agradable que conecta esta zona con el centro.
Hacia el norte, en dirección al mar, llegarás a la zona de la estación de Raml y a la Corniche, con sus cafés históricos y el tranvía.
También a poca distancia se encuentra el museo dedicado al poeta Constantino Cavafis, instalado en el apartamento donde vivió sus últimos años, una visita breve y muy recomendable si te interesa la Alejandría literaria y cosmopolita de principios del siglo XX.
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