En Burano, cada fachada se pinta según un código de colores
Burano es la isla de las casas de colores de la laguna de Venecia, mencionada por primera vez en el año 840. Cada fachada sigue un código de colores administrado por la municipalidad. Fue además un centro histórico de encaje de aguja. Se llega en vaporetto (línea 12) desde Fondamente Nove en unos 45 minutos.
Por Florencia · Publicado el 7 de septiembre de 2026
A unos 45 minutos en vaporetto del centro histórico, Burano es una de las islas más fotografiadas de la laguna veneciana: un pueblo de pescadores con cada fachada pintada en un color vivo distinto, mencionado ya en el año 840, cuando aparece en el Pactum Lotharii.
Un código de colores administrado por el municipio
La explicación más citada del origen de esos colores es práctica antes que estética: los pescadores necesitaban distinguir su propia casa entre la niebla de la laguna al volver del mar, y pintaron cada fachada de un tono bien diferenciado del resto para orientarse desde la distancia.
Hoy, quien quiera repintar su casa debe solicitar autorización al municipio, que responde indicando qué colores están permitidos para ese lote específico.

El encaje de Burano
Desde el siglo XVI, Burano fue además uno de los grandes centros europeos del encaje de aguja, conocido como punto in aria: la producción original decayó a fines del siglo XVIII, pero una escuela de encaje fundada en 1872 revivió el oficio como forma de combatir la pobreza local, y la isla sigue siendo hoy uno de los últimos centros de encaje hecho a mano de Europa, con un museo dedicado a esa tradición.
- Ubicación
- Isla de Burano, laguna de Venecia
- Fundación
- Se menciona por primera vez en el año 840
- Transporte
- Vaporetto línea 12 desde Fondamente Nove, unos 45 minutos
- Escuela de encaje
- Fundada en 1872
El campanario inclinado de San Martino y la plaza Galuppi
En el centro neurálgico de la isla se abre la plaza Baldassarre Galuppi, dedicada al célebre compositor barroco nacido en Burano en 1706.
Presidiendo el espacio se eleva la Iglesia de San Martino, construida en el siglo dieciséis, cuyo elemento exterior más reconocible es un campanario de ladrillo inclinado.
Debido a la inestabilidad de los fangos de la laguna sobre los que reposan sus cimientos, la torre presenta una inclinación lateral pronunciada que desafía la gravedad.
El interior del templo custodia valiosas obras pictóricas, entre las que sobresale una dramática Crucifixión atribuida a Giambattista Tiepolo.
Alrededor de la plaza se concentran pequeñas pastelerías artesanales donde puedes probar los tradicionales bussolai buranelli, unas galletas crujientes de mantequilla con forma de anillo o de ese que los marineros llevaban antiguamente en sus largas jornadas de navegación.
Los canales de Fondamenta y el puente de Tre Ponti
El trazado urbano de Burano se organiza a lo largo de varios canales navegables cruzados por puentes peatonales de piedra y madera. El punto de encuentro más fotogénico es el conocido como Tre Ponti, un puente de madera característico que conecta tres canales distintos y varias calles ribereñas.
Desde su barandilla se obtiene una perspectiva completa de las fachadas en tonos magenta, turquesa, amarillo ocre y verde esmeralda reflejadas sobre el agua quieta.
Pasear sin rumbo fijo por los muelles secundarios permite observar el ritmo apacible de la vida local, con ancianas tejiendo encajes en las puertas de sus casas, ropas tendidas al sol entre ventanas y pequeñas barcas de pesca amarradas frente a los umbrales de las viviendas.
La pasarela de madera hacia los viñedos de Mazzorbo
En el extremo occidental de Burano un largo puente peatonal de madera comunica la isla con la vecina Mazzorbo. Esta pequeña isla rural ofrece un marcado contraste de tranquilidad hortícola frente al bullicio turístico.
En ella se cultiva la dorona, una variedad de uva autóctona veneciana adaptada a los suelos salinos, conformando una agradable extensión para el recorrido a pie.
Junto al viñedo histórico se alzan el campanario y la iglesia de Santa Caterina, reconstruida a finales del siglo XIII, y su campanario del siglo XIV.
El campanario conserva la campana fechada más antigua de la laguna véneta, fundida en 1318, constituyendo un rincón cargado de sosiego que invita a la reflexión tras el recorrido cromático por Burano.
Torcello, la vecina silenciosa
A pocos minutos de Burano en barco está Torcello, una isla casi deshabitada que fue en la Edad Media uno de los asentamientos más importantes de la laguna.
Hoy conserva una catedral de origen muy antiguo con mosaicos bizantinos y un ambiente tan tranquilo que contrasta con el color y la animación de Burano.
Visitar ambas en la misma jornada permite ver las dos caras de la laguna: la historia de una ciudad que declinó y la vitalidad de un pueblo de pescadores que se mantuvo gracias a sus oficios.
Mientras estés en Burano, observa también la vida cotidiana. La pesca y el cuidado de las redes han sido durante generaciones la base de la economía local, y los vecinos cuelgan la ropa en cuerdas entre las casas con naturalidad, algo que forma parte del paisaje tanto como las fachadas.
La isla también es conocida por unas galletas tradicionales en forma de rosquilla, un recuerdo sencillo que se encuentra en tiendas y pastelerías. Si te sientes abrumado por la afluencia de visitantes, camina un par de calles hacia el interior, donde el ritmo se vuelve más doméstico.
¿Por qué las casas de Burano son de colores?
La explicación más aceptada es que los pescadores pintaban sus casas de colores bien diferenciados para reconocerlas entre la niebla de la laguna al volver del mar. Hoy el municipio regula qué colores puede usar cada vivienda.
¿Se puede combinar Burano con Murano en el mismo día?
Sí, es la combinación más habitual: Murano se recorre en 2-3 horas y Burano, algo más lejos, en otras 2-3 horas, lo que arma una excursión de medio día a un día completo desde el centro histórico.
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