Pastos dorados y atardecer sobre las Naukluft en la duna Elim
La Duna Elim es una llamativa duna solitaria salpicada de vegetación autóctona y pastos dorados situada a solo cinco kilómetros de la cancela de Sesriem. Antigua parte de una granja previa a la creación del parque nacional, es el enclave predilecto para contemplar la puesta de sol sobre las montañas Naukluft sin tener que adentrarse en las arenas profundas del desierto.
Por Daniel
- Distancia
- Unos 5 km tras la puerta de Sesriem (acceso 2WD)
- Flora destacada
- Pastos dorados y arbustos adaptados a la niebla
- Momento óptimo
- Última hora de la tarde al atardecer
- Fauna habitual
- Órices (gemsboks), gacelas saltarinas (springboks) y escarabajos del Namib
Para la primera tarde tras llegar a la zona de Sossusvlei, ascender a la cumbre de la Duna Elim es el ritual perfecto para aclimatarse al desierto en Namibia. Al encontrarse muy próxima a los campamentos y hoteles de Sesriem, permite regresar antes del cierre nocturno de la puerta sin prisas.

Una duna estabilizada por la vegetación
A diferencia de las dunas móviles del valle interior, Elim se encuentra parcialmente fijada por matojos de pasto y arbustos que capturan la humedad traída por las nieblas matinales procedentes del Atlántico. Su suave pendiente permite subir con un paseo tranquilo.
Hacia el este, la vista abarca las escarpadas cordilleras de dolomita y cuarcita de las montañas Naukluft, que se tiñen de púrpura y magenta en el crepúsculo, mientras hacia el oeste se extiende el mar ondulante de arenas rojas del Namib.
Planifica tu viaje por Sossusvlei y Namibia:
Historia de la antigua granja y toponimia
El nombre de esta formación arenosa procede de una modesta explotación ganadera establecida en la zona, antes de la incorporación formal de estos terrenos al Parque Nacional Namib-Naukluft.
En aquella época, los colonos intentaban aprovechar los escasos pastos estacionales que brotaban en la periferia de las dunas tras las lluvias esporádicas. La posterior protección estatal permitió retirar las cercas y recuperar el equilibrio natural de la cuenca.
Por su posición geográfica en el extremo oriental del mar de dunas, Elim marca el límite de transición entre las grandes llanuras de grava pedregosa y las primeras acumulaciones arenosas de envergadura.
Este enclave destaca como una duna alta y relativamente aislada, y su cumbre ofrece buenas vistas de los alrededores.
Peculiaridades botánicas y fijación del suelo
A diferencia de las dunas interiores desprovistas casi por completo de vegetación, las faldas de Elim albergan densas matas de gramíneas autóctonas que juegan un papel ecológico esencial.
Las raíces de estas plantas forman mallas subterráneas que retienen los granos de cuarzo, amortiguando la fuerza erosiva de las tormentas de viento. Entre los pastos brotan pequeños arbustos espinosos y plantas crasas capaces de almacenar el agua condensada de las nieblas atlánticas.
En las planicies arenosas que rodean la base de la duna pueden apreciarse los enigmáticos círculos de hadas, discos de tierra desnuda rodeados por anillos regulares de hierba alta.
Este singular fenómeno ecológico característico del Namib sigue despertando el debate científico sobre la competencia hídrica vegetal y la actividad de colonias de termitas subterráneas. Observar estas formaciones desde la pendiente de la duna añade un notable interés natural al recorrido.
Panorámica de las montañas Naukluft y el ocaso
La cumbre de Elim regala una perspectiva privilegiada sobre la orografía contrapuesta que define el paisaje del suroeste namibio. Al dirigir la mirada hacia el oriente, el horizonte está dominado por la muralla rocosa de las montañas Naukluft, cuyos paredones rocosos adquieren tonos rosados y violáceos conforme desciende el sol.
En sentido opuesto, el mar de dunas rojas extiende sus perfiles sinuosos hacia las profundidades del desierto.
Subir a esta atalaya al caer la tarde se ha consolidado como una de las experiencias más apacibles del sector de Sesriem. La ausencia de pendientes vertiginosas permite disfrutar de un ascenso relajado mientras la brisa fresca del anochecer alivia el bochorno de la jornada.
Al ocultarse el sol, el cielo límpido comienza a desvelar un firmamento estrellado de extraordinaria claridad, libre de cualquier tipo de contaminación lumínica.
Una duna que sirve de balcón
A diferencia de las grandes dunas de arena viva que llaman la atención por su altura, Elim es una elevación suave, de ascenso fácil y apta para quienes no quieren o no pueden hacer un esfuerzo físico considerable.
Esa accesibilidad la convierte en una opción cómoda para ver el atardecer sin tener que levantarse de madrugada ni emprender una caminata larga, y por eso suele gustar a las familias y a quienes llegan cansados de otros trayectos.
La hora dorada del desierto
Al final del día, la luz rasante tiñe la hierba seca y la arena con tonos dorados y cobrizos, y las sombras se alargan sobre la planicie. Las montañas que se ven a lo lejos van cambiando de color hasta adquirir matices violáceos, un espectáculo tranquilo y fotogénico.
Con un poco de suerte, puedes ver pasar algún antílope o varias aves que regresan a sus refugios.
Lleva una prenda de abrigo, porque en el desierto la temperatura baja rápido cuando se pone el sol. Calcula el tiempo para regresar a tu alojamiento antes de que oscurezca del todo, ya que las pistas son poco iluminadas y conducir de noche en zonas rurales exige mucha atención.
Y no olvides un recipiente para recoger tu basura: el desierto se conserva gracias a que nadie deja huellas.





