La Giralda fue alminar antes que campanario de la Catedral de Sevilla
La Catedral de Sevilla, construida entre 1401 y 1506 sobre la antigua mezquita almohade, es una de las mayores catedrales góticas del mundo. Su torre, la Giralda, fue el alminar de la mezquita del siglo XII y se corona con un campanario renacentista añadido en el siglo XVI. Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.
Por Florencia
- Ubicación
- Avenida de la Constitución, s/n, Sevilla
- Construcción
- 1401-1506, sobre la antigua mezquita almohade
La Catedral de Sevilla es una de las mayores catedrales góticas del mundo, en el corazón histórico de Sevilla.

Sobre los cimientos de la mezquita almohade
Construida entre 1401 y 1506 sobre el solar de la antigua mezquita mayor almohade, la catedral se levantó, según cuenta la tradición del cabildo, con la ambición declarada de que 'los que la vieren labrada nos tengan por locos'.
El resultado es un templo gótico de proporciones colosales que alberga, entre otras piezas, el mausoleo de Cristóbal Colón, sostenido por cuatro heraldos que representan los antiguos reinos de España.
La Giralda: de alminar almohade a campanario renacentista
La Giralda, torre más emblemática de la catedral, fue en origen el alminar de la mezquita, construido en el siglo XII con rampas interiores en lugar de escalones para permitir la subida a caballo.
Tras la conquista cristiana de 1248, se le añadió en el siglo XVI un cuerpo de campanas renacentista rematado por la veleta conocida como El Giraldillo, que da nombre a toda la torre. La entrada incluye el acceso a la torre y a la cercana Iglesia de El Salvador.
Patio de los Naranjos, sepulcro de Colón y obras maestras del interior
El acceso monumental al conjunto catedralicio se abre a través del Patio de los Naranjos, el antiguo patio de abluciones de la mezquita mayor almohade construida a finales del siglo XII.
Este espacio claustral conserva intacto su ordenamiento original de acequias que riegan decenas de naranjos amargos, ofreciendo un remanso de paz con la imponente fachada de la nave catedralicia alzándose como telón de fondo.
Destaca en su perímetro la Puerta del Perdón, adornada con relieves renacentistas y arcos de herradura originales, así como singulares curiosidades históricas como el lagarto de madera suspendido en las bóvedas del pórtico, que según la tradición fue un obsequio medieval de un sultán egipcio, y la fuente visigoda de mármol que todavía preside el centro del recinto.
Una vez en el interior de la catedral gótica, la grandiosidad espacial de sus cinco naves y sus bóvedas estrelladas de más de treinta metros de altura impresiona al instante.
En la capilla mayor se halla el soberbio Retablo Mayor, considerado uno de los mayores retablos de la cristiandad, iniciado hacia 1482 por el maestro Pedro Dancart y enriquecido con numerosas figuras doradas que narran escenas evangélicas.
En el brazo sur del crucero se sitúa el célebre monumento funerario que contiene los restos mortales de Cristóbal Colón, diseñado por el escultor Arturo Mélida a finales del siglo XIX y sostenido sobre los hombros de cuatro colosales heraldos de bronce que personifican los antiguos reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra.
A ello se suman las extraordinarias pinturas maestras de Murillo, Zurbarán y Goya que decoran la Sacristía Mayor y las capillas colaterales.
Para culminar la experiencia, la subida a la Giralda se realiza a través de treinta y cinco rampas inclinadas de ladrillo, concebidas sin escalones para permitir que el almuédano y los guardianes pudieran ascender a caballo hasta el cuerpo de campanas.
En la plataforma superior, a gran altura, se obtienen panorámicas de trescientos sesenta grados que abarcan todo el centro histórico de Sevilla, el río Guadalquivir, las torres de la Plaza de España y la campiña circundante.
Es aconsejable reservar la entrada conjunta con suficiente antelación a través del portal oficial para evitar largas esperas y aprovechar el acceso matinal con luz clara.
El Giraldillo, la veleta que da nombre a la torre
En lo más alto de la torre se alza una figura de bronce que representa la Fe y que gira con el viento, de ahí que se la conozca como Giraldillo.
Se colocó en el siglo dieciséis, cuando se remató la torre con el cuerpo de campanas renacentista, y desde entonces se ha convertido en símbolo de Sevilla. El nombre de la propia Giralda procede de ese movimiento giratorio, que ya llamaba la atención de los habitantes de la ciudad.
Desde el patio o desde las calles cercanas, merece la pena detenerse a mirarla con calma. Fíjate en cómo se superponen los estilos: la base de ladrillo del antiguo alminar, con sus paños decorativos, y la parte superior, claramente renacentista.
Es un ejemplo perfecto de cómo una ciudad va incorporando capas de historia sin renunciar a las anteriores.
El retablo mayor de la capilla
En el centro de la catedral, la capilla mayor guarda un retablo gótico de enormes dimensiones, tallado en madera y cubierto de pan de oro, que se trabajó durante varias décadas entre los siglos quince y dieciséis.
Se divide en escenas de la vida de Cristo y de la Virgen, con cientos de figuras que invitan a una lectura pausada. Figura entre los grandes retablos de su época y suele sorprender incluso a quienes han visto muchas catedrales.
Una visita con criterio
El conjunto catedralicio forma parte del Patrimonio Mundial junto con el Real Alcázar y el Archivo de Indias, de modo que puede resultar interesante combinar las tres visitas en un mismo recorrido por el casco histórico.
Conviene distribuirlas en días distintos o en franjas separadas para no saturarte, y llevar calzado cómodo, porque el suelo de piedra cansa más de lo que parece.
Al tratarse de un templo en uso, se espera una vestimenta respetuosa, con hombros y rodillas cubiertos. Antes de entrar, hojea la información que ofrece el recinto o utiliza una audioguía para identificar las capillas más destacadas.
Y si el tiempo lo permite, termina el recorrido en el patio de los naranjos, donde el aroma de las flores en primavera completa la experiencia.





