El Kursaal de Moneo, dos rocas de cristal varadas junto al mar

El Kursaal, palacio de congresos diseñado por el arquitecto Rafael Moneo como dos 'rocas varadas' de cristal translúcido, se construyó entre 1996 y 1999 sobre el solar de un antiguo casino demolido en 1973. Ganó el Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Contemporánea en 2001 y es hoy la sede principal del Festival de Cine de San Sebastián. El edificio se puede recorrer por fuera libremente en todo momento.

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Ubicación
Desembocadura del río Urumea, San Sebastián
Arquitecto
Rafael Moneo
Construcción
1996-1999, inaugurado el 23 de agosto de 1999
Premio
Mies van der Rohe de Arquitectura Contemporánea, 2001

El Kursaal es el gran edificio contemporáneo de San Sebastián, en la desembocadura del río Urumea.

Los cubos de cristal del Palacio Kursaal en la desembocadura del río Urumea.
Oneras (CC BY-SA 2.0)

Dos 'rocas varadas' de Rafael Moneo

El antiguo edificio del Kursaal, que albergaba un casino y un teatro, fue demolido en 1973, y años después se convocó un concurso internacional para levantar en su lugar un nuevo palacio de congresos y auditorio.

El proyecto ganador, del arquitecto Rafael Moneo, se ejecutó entre 1996 y 1999: dos enormes cubos de cristal translúcido deformados y orientados según los montes Urgull, al oeste, y Ulía, al este, que el propio arquitecto describió como 'dos rocas varadas' en un intento de dialogar con la geografía del lugar en vez de imponerse sobre ella.

Premio Mies van der Rohe y sede del Festival de cine

El complejo, de unos 7.000 metros cuadrados conectados bajo tierra, alberga dos auditorios polivalentes, una sala de exposiciones, un restaurante y aparcamiento, y fue inaugurado oficialmente el 23 de agosto de 1999 con varios conciertos simultáneos. En 2001 recibió el prestigioso Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Contemporánea Europea.

Hoy es la sede principal del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, uno de los certámenes cinematográficos más importantes del mundo de habla hispana.

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Las rocas varadas de Rafael Moneo y el epicentro del Festival de Cine

Emplazado en el barrio de Gros, justo en el punto de encuentro donde las aguas fluviales del río Urumea se funden con el mar Cantábrico junto a la playa de Zurriola, el Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal es una obra cumbre de la arquitectura contemporánea europea.

Diseñado por el insigne arquitecto navarro Rafael Moneo e inaugurado en 1999 tras una década de intensos debates urbanísticos, el complejo se concibió metafóricamente como dos gigantescas 'rocas varadas' en la desembocadura marina, dialogando con la fuerza telúrica del oleaje y los perfiles de los montes Urgull y Ulía.

La maestría formal de Moneo fue reconocida en 2001 con el prestigioso Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea - Premio Mies van der Rohe.

El edificio está compuesto por dos colosales volúmenes prismáticos inclinados de planta trapezoidal, revestidos por una innovadora doble piel de paneles de vidrio traslúcido curvado y serigrafiado.

Durante las horas diurnas, las fachadas de vidrio tamizan suavemente la luz atlántica hacia los vestíbulos interiores; al anochecer, el edificio se transforma en dos inmensas linternas luminosas que irradian color y dinamismo sobre el paseo marítimo.

El complejo alberga el gran auditorio principal con capacidad para más de mil ochocientas personas, una sala sinfónica dotada de una excepcional acústica gracias a sus revestimientos de madera maciza de cedro, y una sala de cámara para seiscientos espectadores.

El Kursaal es la sede neurálgica indiscutible de los grandes eventos culturales de San Sebastián, albergando cada otoño las galas oficiales, alfombras rojas y proyecciones del Festival Internacional de Cine de San Sebastián (Zinemaldia), además de los conciertos sinfónicos de la Quincena Musical y ferias gastronómicas internacionales.

Bajo las plataformas exteriores del palacio se extienden amplias terrazas peatonales con vistas directas a los rompientes marinos donde surfistas locales desafían las olas durante todo el año, integrando la vanguardia arquitectónica en la vibrante vida playera del barrio de Gros.

Cruzar el puente de Zurriola al atardecer regala una magnífica estampa donde el reflejo de los cubos de cristal contrasta con las olas cantábricas surcadas por los surfistas.

  • Admirar la audacia formal de las dos rocas varadas de vidrio diseñadas por Rafael Moneo.

  • Fotografiar el espectáculo de iluminación nocturna de las fachadas traslúcidas frente al mar.

  • Asistir a proyecciones cinematográficas del Festival de San Sebastián o conciertos de la Quincena Musical.

  • Pasear por las terrazas exteriores disfrutando de las vistas panorámicas de la playa de Zurriola.

Qué significa Kursaal y por qué el nombre perdura

La palabra Kursaal procede del alemán y se compone de Kur, que alude a la cura o al tratamiento termal, y Saal, que significa sala.

Se utilizó en las ciudades balneario europeas para designar los edificios sociales donde los visitantes se reunían para conversar, jugar a las cartas, escuchar música o asistir a bailes.

San Sebastián, que desde el siglo XIX se consolidó como destino de veraneo de la aristocracia, adoptó el término para su casino y su salón de espectáculos.

Aunque el edificio original desapareció, el nombre permaneció en la memoria de los donostiarras, y por eso se recuperó para el nuevo complejo.

Es un modo de mantener un vínculo con la vida social de aquella época, aunque hoy el programa sea muy distinto: conciertos, congresos, festivales y exposiciones en lugar de partidas de cartas. Conocer esta historia ayuda a entender el significado cultural del edificio dentro de la ciudad.

Moneo y la manera de mirar los cubos

Rafael Moneo, nacido en Tudela en 1937, es uno de los arquitectos españoles más reconocidos y recibió el premio Pritzker en 1996. Entre sus obras figuran el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y la ampliación de la estación de Atocha en Madrid.

En el Kursaal buscó un edificio que dialogara con el paisaje, evocando formas minerales varadas junto a la desembocadura del río, en lugar de imponer un objeto ajeno a su entorno.

Para apreciarlo, conviene verlo a distintas horas. De día, el vidrio translúcido refleja el cielo y el mar, y los cubos parecen cambiar de tono con las nubes. Por la noche, la luz interior los transforma en dos grandes linternas que se distinguen desde lejos.

Un paseo por la explanada permite comprobar cómo la arquitectura se integra con las olas, los surfistas y los vecinos que cruzan el puente, y entender por qué el edificio, polémico en su momento, hoy forma parte de la imagen cotidiana de la ciudad.