Caminar entre copas de secuoyas en el bosque de Whakarewarewa

El bosque de Whakarewarewa, conocido popularmente como The Redwoods, alberga secuoyas californianas de más de setenta metros de altura plantadas a comienzos del siglo XX. Su atracción insignia es el Redwoods Treewalk, una red ecológica de puentes colgantes suspendidos entre las copas de los árboles que se ilumina con linternas artesanales al anochecer.

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El bosque de Whakarewarewa, conocido popularmente como The Redwoods, alberga secuoyas californianas de más de setenta metros de altura plantadas a comienzos del siglo XX.

Su atracción insignia es el Redwoods Treewalk, una red ecológica de puentes colgantes suspendidos entre las copas de los árboles que se ilumina con linternas artesanales al anochecer.

Año de plantación
1901 como vivero forestal experimental de especies exóticas
Altura de las secuoyas
Ejemplares de Redwood californiano que superan los 70 metros
Pasarela colgante
Redwoods Treewalk: 23 puentes colgantes entre 22 secuoyas
Iluminación nocturna
Linternas de madera diseñadas por David Trubridge
Red de senderos
Más de 100 kilómetros de pistas de ciclismo de montaña y senderismo

Qué ver y experiencia en la visita

Pasarelas colgantes suspendidas entre gigantescas secuoyas en el bosque de Whakarewarewa.
Panamitsu (CC BY-SA 4.0)

Gracias a la extraordinaria fertilidad de los suelos volcánicos de Rotorua y al abundante régimen pluvial, las secuoyas rojas gigantes (Sequoia sempervirens) importadas de California han crecido aquí a un ritmo más rápido que en su hábitat original, alcanzando en poco más de un siglo alturas de más de setenta metros.

El Redwoods Treewalk permite a los visitantes pasear a gran altura sobre el suelo del bosque a través de un sistema de arneses y abrazaderas no invasivas que abrazan los troncos sin perforar su corteza.

Al caer la noche, la atracción Redwoods Nightlights se enciende con linternas de diseño orgánico que proyectan destellos dorados entre helechos gigantes.

El bosque es además un destino muy conocido de ciclismo de montaña (BTT), apreciado por la calidad de sus senderos de tierra compactada que serpentean entre valles y crestas forestales, con rutas señalizadas para principiantes, familias y descensos técnicos extremos.

Pasarelas elevadas nocturnas y circuitos de ciclismo de montaña

El bosque de Whakarewarewa, conocido cariñosamente como The Redwoods, es un templo botánico de proporciones colosales situado a las puertas de Rotorua.

Plantado originalmente en 1901 como un vivero silvícola experimental para evaluar la adaptación de especies foráneas a los suelos de ceniza volcánica de Nueva Zelanda, este paraje alberga varias hectáreas de secuoyas rojas de California (Sequoia sempervirens).

El clima benigno y la humedad constante han propiciado un ritmo de crecimiento muy rápido, alcanzando los ejemplares más longevos alturas superiores a setenta metros en apenas una centuria.

La atracción más célebre del bosque es el Redwoods Treewalk, una pasarela colgante ecológica de puentes suspendida entre los troncos de veintidós secuoyas gigantes.

Diseñada mediante un ingenioso sistema de anclajes que no daña ni perfora la corteza de los árboles, la pasarela permite contemplar el dosel arbóreo desde una perspectiva cenital única.

Al caer la noche, el paseo aéreo se transforma en el Redwoods Nightlights: una experiencia visual concebida por el prestigioso diseñador neozelandés David Trubridge, en la que faroles geométricos suspendidos de madera curvada iluminan las copas y los helechos arbóreos arborescentes nativos (ponga) con halos de luz cálida.

En tierra firme, el bosque es reconocido como uno de los grandes destinos de ciclismo de montaña del país, con una extensa red de pistas de más de cien kilómetros que serpentean entre valles de helechos y crestas panorámicas.

  • Realizar el recorrido aéreo tanto de día como de noche para apreciar la instalación artística de David Trubridge.

  • Caminar con calzado deportivo cerrado y suela antideslizante para desplazarse con seguridad por las plataformas de madera.

  • Alquilar una bicicleta todoterreno para recorrer las pistas de ciclismo forestal adaptadas a todos los niveles.

  • Admirar los frondosos helechos plateados autóctonos que alfombran el sotobosque bajo las secuoyas gigantes.

Un experimento forestal convertido en bosque de paseo

El origen del bosque tiene poco de turístico. A comienzos del siglo XX se plantaron aquí numerosas especies de árboles procedentes de otros países para comprobar cuáles se adaptaban al clima y al suelo de la zona, con la idea de producir madera.

Entre ellas, las secuoyas de la costa californiana prosperaron de manera notable, y con el paso de las décadas el vivero experimental terminó siendo un bosque alto y sombrío que hoy se visita por placer.

Pasear entre esos troncos permite pensar en la rapidez con la que el paisaje puede transformarse. Lo que fue un ensayo agrícola es ahora una arboleda a la que la gente acude para caminar, correr, montar en bici o simplemente respirar aire fresco.

Corteza, copa y sombra

Las secuoyas de la costa se reconocen por su corteza rojiza, gruesa y fibrosa, que protege al árbol del fuego y de los insectos.

Fíjate en la forma de los troncos, rectos y muy altos, y en cómo la luz se filtra entre las copas formando haces que cambian a lo largo del día.

En el suelo, la capa de agujas y hojas amortigua los pasos y crea un ambiente silencioso, con un olor a tierra húmeda y resina que se queda en la memoria.

Bajo la sombra, entre los troncos, crecen helechos nativos, entre ellos el helecho plateado, cuya cara inferior pálida es uno de los símbolos de Nueva Zelanda. Mirar de cerca esas hojas es una manera sencilla de descubrir la flora autóctona dentro de un bosque plantado.

Compartir los caminos

El bosque lo usan a la vez caminantes, corredores y ciclistas de montaña, así que conviene mantener la atención. Camina por el lado indicado, escucha si se acerca alguien por detrás y cede el paso en los tramos estrechos.

Si traes niños, mantenlos cerca. Lleva calzado cerrado, una capa impermeable ligera y agua, y respeta las señales que delimitan las rutas para peatones y para bicicletas.

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