Saltar desde el puente Kawarau, donde empezó el puenting comercial

El puente colgante de Kawarau Bridge, suspendido a 43 metros sobre las aguas turquesas del río Kawarau en Queenstown, es la cuna histórica del puenting comercial mundial, inaugurado en 1988 por AJ Hackett. Los saltadores pueden optar por rozar o sumergirse en las aguas cristalinas del cañón.

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Información clave

Altura del salto
43 metros sobre las aguas del cañón del río Kawarau
Fecha de inauguración
1988, por AJ Hackett y Henry van Asch
Modalidades de salto
Solo, en tándem o con inmersión acuática (water touch)
Acceso y miradores
Centro de visitantes Kawarau Bungy Centre de acceso libre
Distancia urbana
23 kilómetros al este de Queenstown por State Highway 6

Qué ver y experiencia en la visita

Salto de puenting bungy desde el histórico puente colgante sobre el cañón del río Kawarau.
chee.hong (CC BY 2.0)

El Kawarau Suspension Bridge, un puente colgante construido en 1880 durante la fiebre del oro, cambió la historia del turismo de aventura en 1988.

Fue allí donde los pioneros neozelandeses AJ Hackett y Henry van Asch abrieron el primer centro de salto bungy comercial del planeta, convirtiendo a Queenstown en la meca global de los deportes extremos.

La plataforma de lanzamiento se asoma al abismo directamente sobre las corrientes turquesas del río Kawarau.

Los participantes son asegurados con arneses de tobillo de látex natural calibrados con precisión milimétrica según el peso exacto de cada saltador, permitiendo solicitar tocar el agua con las manos o experimentar una inmersión completa de medio cuerpo en el río.

Para quienes prefieren mantener los pies en suelo firme, el moderno Kawarau Bungy Centre cuenta con plataformas panorámicas de observación gratuitas, cafetería con vistas al desfiladero, una tienda y una emocionante tirolina paralela Kawarau Zipride.

El ritual del salto y la opción del chapuzón en el río

El puente colgante de Kawarau, erigido en 1880 sobre un estrecho desfiladero, es el lugar sagrado donde AJ Hackett y Henry van Asch abrieron en 1988 la primera operación comercial de puenting del planeta.

Desde entonces, muchísimas personas han desafiado el miedo arrojándose al vacío desde una plataforma suspendida a cuarenta y tres metros sobre las aguas rápidas y turquesas del río Kawarau.

Uno de los aspectos más codiciados por los saltadores es solicitar el bautismo de agua o 'water touch', una modalidad técnica en la que los especialistas calibran el elástico de goma según el peso exacto del saltador para que este alcance a rozar el río con las manos o sumergir la cabeza en el agua fresca antes del rebote elástico hacia arriba.

Quienes prefieren no saltar pueden contemplar el espectáculo desde terrazas panorámicas construidas en el acantilado o acercarse al centro de visitantes, donde hay cafetería y se puede probar la tirolina Kawarau Zipride que desciende en paralelo al cauce fluvial.

  • Solicitar la modalidad de contacto con el agua para rozar el río Kawarau en el punto más bajo del salto.

  • Animar a los saltadores desde las plataformas y miradores gratuitos habilitados a lo largo de la garganta.

  • Acercarse al centro de visitantes y recordar la historia pionera de AJ Hackett y el bungy jump.

  • Probar la tirolina Kawarau Zipride si se desea una descarga de velocidad sobre el desfiladero sin caída libre.

Un cañón con memoria minera

Antes de que el puente se hiciera famoso por los saltos, el entorno fue escenario de otra aventura: la búsqueda de oro.

En la década de 1860, la fiebre del oro de Otago atrajo a miles de buscadores a la región central de la isla Sur, y los ríos de la zona, entre ellos el Kawarau, fueron explorados y trabajados en busca de metal.

El puente de 1880 se levantó para facilitar la comunicación en un territorio de difícil tránsito, y todavía hoy es un recuerdo de aquel tiempo.

Si te interesa la historia, pasea por las inmediaciones con la mirada puesta en las laderas del cañón: es fácil imaginar lo duro que debió de ser trabajar en un lugar tan estrecho, frío y escarpado.

Desde las zonas de observación también se aprecia el cambio de color del agua, que gana su tono verdoso y turquesa por el material fino que arrastran los glaciares y las montañas.

Cómo afrontar los nervios antes de un salto

Para mucha gente el momento de mayor tensión no es el salto, sino la espera. Respirar hondo, escuchar con atención las instrucciones del personal y confiar en las indicaciones del equipo ayuda a mantener la calma.

Si te dan vértigo, observa antes cómo saltan otras personas desde las plataformas de observación, porque ver la secuencia completa suele reducir la incertidumbre.

Informa siempre al equipo de cualquier problema de salud, lesión o condición física que tengas, y sigue sus indicaciones sin presión. Decidir no saltar es perfectamente respetable, y el lugar también merece la visita como espectador.

Una parada dentro de una ruta más amplia

El puente se encuentra en el camino hacia la zona vinícola de Gibbston y hacia Arrowtown, de modo que puedes combinarlo con otras visitas de un mismo día.

Calcula bien los tiempos de desplazamiento y deja margen para las paradas fotográficas, porque el paisaje de Central Otago invita a detenerse a cada curva.

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