Isla Saona, arena blanca y piscina natural en el Parque Nacional del Este

La excursión a Isla Saona, dentro del Parque Nacional del Este, es la salida de un día más popular desde Punta Cana: playas de arena blanca y palmeras, una parada en la piscina natural de aguas poco profundas, y traslado en catamarán o lancha rápida.

Por

Ubicación
Dentro del Parque Nacional del Este
Duración habitual
Día completo, entre 8 y 10 horas
Parada destacada
Piscina natural de aguas poco profundas y turquesas
Transporte
Catamarán o lancha rápida, según el operador
Isla Saona vista desde un barco, cerca de Punta Cana.
Melodygar (CC BY-SA 4.0)

Historia y consejos de visita

Isla Saona, dentro del Parque Nacional del Este, es la excursión de un día más solicitada desde Punta Cana: una isla de arena blanca y palmeras inclinadas que aparece en buena parte de las postales turísticas de República Dominicana, a la que se llega tras un trayecto en autobús seguido de una travesía en catamarán o lancha rápida.

La mayoría de los tours incluye una parada en la llamada «piscina natural», un tramo de mar de aguas poco profundas y turquesas donde el barco se detiene para que los pasajeros naden de pie, y suele cerrar con un almuerzo tipo bufé en la propia isla.

Reservar con un operador establecido y salir temprano ayuda a evitar la aglomeración de las horas centrales del día.

La travesía por el Parque Nacional Cotubanamá y la piscina natural

La travesía marítima hacia Isla Saona constituye una inmersión memorable en el Parque Nacional Cotubanamá, una de las reservas ecológicas más valiosas del Caribe insular.

Las lanchas rápidas y catamaranes parten habitualmente desde el muelle pesquero de Bayahíbe, costeando densos bosques de manglar rojo donde anidan colonias de pelícanos pardos, gaviotas y fragatas que planean en círculos sobre las estelas de espuma marina.

Uno de los momentos cumbres de la excursión es la detención en el banco de arena conocido popularmente como la piscina natural, una gigantesca barra sumergida en medio del mar con aguas cristalinas que apenas alcanzan la cintura.

Este enclave es el hábitat de estrellas de mar gigantes de color anaranjado; los guías y las normativas medioambientales exigen no tocarlas ni sacarlas jamás del agua, porque sacarlas del agua puede dañarlas.

Al desembarcar en Saona, los viajeros pueden explorar el apacible poblado de pescadores de Mano Juan, uno de los dos asentamientos de la isla.

La isla es uno de los principales lugares de anidación de tortugas marinas del país, y sus playas están dentro del área protegida del parque nacional.

En el sur de la isla se halla el sector de Canto de la Playa, una zona rodeada de vegetación costera.

Nadar con gafas y tubo en sus aguas transparentes permite observar peces cirujano, peces mariposa y formaciones de abanicos de mar en un entorno de naturaleza caribeña pura.

  • Respetar la vida marina en la piscina natural contemplando las estrellas de mar sin extraerlas del agua.

  • Visitar el poblado de pescadores de Mano Juan.

  • Bañarse en las aguas cristalinas de Canto de la Playa y hacer esnórquel sobre los arrecifes cercanos.

  • Utilizar protector solar biodegradable para no dañar los arrecifes coralinos protegidos del parque nacional.

  • Llevar funda sumergible para el teléfono móvil o cámara fotográfica durante los traslados en lancha rápida.

El nombre de la isla y el cacique que la defendió

El nombre Saona se atribuye a Cristóbal Colón, que la bautizó en 1494 en recuerdo de la ciudad italiana de Savona, de donde era uno de sus compañeros. Antes de la llegada de los europeos, la zona formaba parte del territorio taíno.

El parque nacional que la protege lleva hoy el nombre de Cotubanamá, un cacique de la región que resistió a la conquista y fue ejecutado a comienzos del siglo XVI.

Saber esto cambia la mirada sobre la isla. Más allá de sus playas, es un lugar con memoria, y conviene recorrerlo con respeto hacia quienes vivieron en ella y quienes aún lo hacen.

Manglares, aves y bosque costero

La costa de Saona alberga manglares que funcionan como criaderos de peces y como barrera frente al oleaje. En el cielo es frecuente ver aves marinas como pelícanos y fragatas, y en las zonas de vegetación más densa hay especies propias de bosque seco.

Observa con calma y, si tu guía lo permite, detente a mirar las raíces de los mangles, que se hunden en el agua y crean un laberinto vegetal.

Un día en la isla sin dejar huella

Visitar un espacio natural protegido implica compartir responsabilidades. Lleva contigo una bolsa para tus residuos, evita pisar corales y no recojas conchas, estrellas de mar ni otros organismos. Usa protector solar que respete el medio marino y sigue las indicaciones de los guías en cada parada.

Reserva tiempo para caminar por la arena, nadar, comer algo sencillo y sentarte a la sombra de una palmera. La isla se disfruta mejor cuando no se corre, y el regreso en barco, con la luz de la tarde, suele ser un momento especialmente agradable.

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