Bávaro, kilómetros de arena blanca protegidos por un arrecife
Playa Bávaro, en el corazón de Punta Cana, es una de las playas más premiadas del Caribe: varios kilómetros de arena blanca fina y aguas transparentes protegidas por un arrecife de coral, bordeada por numerosos resorts todo incluido.
Por Natalia
- Tipo de arena
- Blanca y fina, protegida por un arrecife de coral
- Extensión
- Varios kilómetros de costa continua
- Ambiente
- Numerosos resorts todo incluido
- Actividades
- Deportes acuáticos, paseos en catamarán y relax

Historia y consejos de visita
Playa Bávaro es, para buena parte del turismo internacional, la imagen misma de Punta Cana: varios kilómetros de arena blanca fina, palmeras inclinadas hacia el mar y aguas de un turquesa transparente protegidas por un arrecife de coral que mantiene el oleaje suave cerca de la orilla.
A lo largo de la playa se suceden decenas de resorts todo incluido, lo que la convierte en una de las zonas con mayor densidad hotelera del Caribe.
Aun así, el acceso a la playa es público, y quienes se alojan fuera de los resorts pueden disfrutarla igual, con vendedores ambulantes de artesanía y operadores de deportes acuáticos ofreciendo actividades a lo largo de toda la costa.
Arrecifes de coral, deportes náuticos y el paseo marítimo de arena
Playa Bávaro es una de las franjas costeras más conocidas del país gracias a su combinación de arena blanca de origen coralino y aguas de tonalidades esmeralda y turquesa.
Gran parte de esta apacible serenidad se debe a la extensa barrera de coral situada a cierta distancia de la orilla, la cual amortigua las olas del océano Atlántico transformando el litoral en una gigantesca piscina natural poco profunda.
A lo largo de sus varios kilómetros de playa, los visitantes encuentran un sinfín de opciones recreativas y deportivas.
Es muy común alquilar tablas de paddle surf y kayaks para deslizarse tranquilamente sobre la laguna marina matutina, así como contratar vuelos en parasail que permiten contemplar a vista de pájaro el contraste entre la blancura de la arena, el verdor de los cocoteros y el degradé de azules del mar.
Caminar por la orilla a primeras horas del día, cuando la brisa refresca el ambiente y los primeros rayos solares iluminan la rompiente, constituye una experiencia reconstituyente compartida por viajeros de todas las edades.
Hacia el sector de El Cortecito, la playa se abre hacia pequeñas plazas artesanales donde pescadores locales y comerciantes de pintura taína ofrecen sus creaciones populares.
Durante ciertas épocas del año, las corrientes marinas pueden transportar sargazo a la línea de costa; no obstante, los equipos de mantenimiento de los complejos hoteleros y el gobierno local despliegan barreras flotantes mar adentro y realizan labores de limpieza mecánica al amanecer para mantener las orillas en óptimas condiciones de disfrute para los bañistas.
Las tardes en Bávaro invitan al sosiego bajo la sombra de las palmeras, donde el murmullo de las olas y las suaves temperaturas caribeñas propician un descanso reparador frente al horizonte infinito.
A esta hora apacible, pasear descalzo por la orilla mojada brinda una agradable sensación de contacto con la naturaleza costera.
Caminar al amanecer a lo largo de la orilla para disfrutar de la serenidad del mar y temperaturas apacibles.
Practicar deportes náuticos no motorizados como paddle surf o kayak dentro de la calma de la laguna marina.
Visitar las tiendas de artesanías en el sector de El Cortecito para adquirir recuerdos locales y pinturas naíf.
Utilizar protector solar resistente al agua y sombrero de ala ancha para protegerse de la radiación constante.
De cocotales y pescadores a costa de resorts
Antes de que llegara el turismo, la franja oriental de la isla era un paisaje de cocoteros, pequeñas comunidades de pescadores y caminos de tierra.
Esa herencia sigue a la vista: las palmeras que se inclinan sobre la arena son un recuerdo directo de aquellas plantaciones, y por eso esta parte del litoral se conoce a menudo como la Costa del Coco.
Entender ese origen ayuda a mirar la playa con otros ojos, porque lo que hoy parece un escenario de vacaciones fue durante décadas un territorio de trabajo agrícola y pesquero.
Detrás de la línea de arena crece una vegetación costera adaptada al viento y la sal, entre la que destaca la uva de playa, un arbusto de hojas redondas y grandes que ayuda a fijar la arena y a frenar la erosión.
Fíjate en cómo la franja de plantas se ordena en bandas desde el mar hacia el interior; ese pequeño detalle explica por qué los tramos con vegetación conservada resisten mejor los temporales que los que se han quedado desnudos.
Si caminas despacio por la orilla, conviene recordar que las costas dominicanas son lugar de anidación de varias especies de tortugas marinas en los meses cálidos.
Por eso es buena idea respetar las zonas señalizadas, evitar luces intensas junto a la arena por la noche y no dejar agujeros ni objetos que puedan atrapar a las crías. Cuidar ese equilibrio forma parte de disfrutar de Bávaro con sentido común.
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