Por el borde de las cascadas en el circuito superior de Iguazú

El Circuito Superior del Parque Nacional Iguazú es un sendero plano elevado de 1.750 metros que bordea el filo de varias cascadas principales. Ofrece vistas panorámicas cenitales sobre los saltos Dos Hermanas, Chico, Ramirez, Bossetti, Adán y Eva, Bernabé Méndez y San Martín.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Pasarela metálica del Circuito Superior suspendida sobre la caída de los saltos en Iguazú.
Leandro Neumann Ciuffo, Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Caminar por encima de los saltos

El Circuito Superior permite caminar literalmente sobre el borde de las cascadas dentro del Parque Nacional Iguazú en Puerto Iguazú. A diferencia de otros senderos donde el agua se observa desde abajo, aquí el visitante contempla la vertiginosa caída del río desde su coronación hacia la selva inferior.

Balcones panorámicos y vistas del Salto San Martín

El circuito avanza entre islotes selváticos cubiertos de orquídeas, helechos gigantes y árboles de laurel negro. Los miradores principales se asoman al Salto Bossetti y al Salto San Martín, uno de los saltos más caudalosos del parque.

Desde los balcones del Circuito Superior se observa a la perfección la isla homónima y las lanchas de la Gran Aventura internándose bajo el arco de agua. Se complementa idealmente con el descenso al Circuito Inferior.

Horario recomendado de visita:

Realizar el Circuito Superior por la mañana suele ofrecer una buena iluminación fotográfica con el sol a favor iluminando el vapor de agua y los arcoíris sobre los saltos.

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La calma de los brazos fluviales antes de la gran caída

El Circuito Superior ofrece un sugerente contraste visual respecto a los senderos inferiores, al permitir caminar sobre pasarelas metálicas suspendidas directamente por encima del lecho rocoso del río Iguazú superior.

Desde esta posición elevada, el visitante contempla cómo las aguas discurren con una aparente calma serena entre islas e islotes selváticos poblados de sauces criollos y cañas tacuara, antes de acelerarse de forma súbita al borde del abismo basáltico.

Asomarse a las barandillas de los balcones permite observar el momento exacto en que la lámina de agua se comba sobre el labio de piedra y se rompe en espuma blanca y arcoíris verticales, desapareciendo hacia las profundidades del cañón.

La vista panorámica abarca las crestas de los saltos Adán y Eva, Mbiguá y San Martín, regalando un horizonte abierto dominado por el dosel verde de la selva virgen.

El balcón del Salto Bernabé Méndez y la ingeniería de bajo impacto

Uno de los puntos más impactantes de la travesía aérea es el balcón suspendido frente al Salto Bernabé Méndez, nombrado en honor a un abnegado guardaparque que consagró su vida a la protección de este ecosistema.

Desde esta plataforma, el observador queda situado a escasos metros del vertedero natural de agua, sintiendo la brisa ascendente y la energía cinética del torrente precipitándose hacia el fondo rocoso.

Las pasarelas metálicas del circuito fueron diseñadas con criterios estrictos de ingeniería ambiental, apoyándose sobre pilotes de hormigón que permiten el libre paso de las aguas durante crecidas excepcionales y evitan la erosión de los suelos y raíces superficiales.

Observación del vencejo de cascada y aves ribereñas

Las pasarelas elevadas del circuito constituyen una plataforma inmejorable para la observación de la fauna aviar asociada al río.

El protagonista indiscutible de las aguas bravas es el vencejo de cascada, una singular ave de vuelo acrobático que se arroja a gran velocidad atravesando las cortinas torrenciales para posarse y anidar en las paredes de roca húmeda situadas detrás de las caídas, donde sus nidos quedan a salvo de cualquier depredador terrestre.

En las aguas mansas entre islotes pueden divisarse tortugas de río asoleándose sobre troncos sumergidos, garzas blancas esperando inmóviles a sus presas y martines pescadores sobrevolando la corriente en vuelos rasantes.

La pasarela, construida sin desniveles pronunciados mediante un sistema de rampas accesibles, permite un avance cómodo y descansado para toda la familia.

  • Detenerse en el balcón del Salto San Martín para contemplar uno de los saltos más caudalosos del parque nacional.

  • Llevar sombrero de ala ancha y protector solar, ya que gran parte de las pasarelas superiores carece de sombra vegetal.

  • Observar las orillas de los islotes de arena para descubrir tortugas de agua dulce descansando sobre maderas flotantes.

La roca basáltica sobre la que cae el río

El nombre Iguazú viene del guaraní y se suele explicar como agua grande. La imagen se entiende cuando observas cómo el río, ancho y de aguas tranquilas arriba, llega al borde de una meseta de roca volcánica y se precipita en decenas de saltos.

Ese borde es basalto, un material que se formó hace muchísimo tiempo con enormes coladas de lava en la región del río Paraná. Caminar por el circuito superior significa hacerlo literalmente al nivel de ese filo, con el agua pasando a pocos metros bajo las pasarelas.

Con el paso de los milenios, la erosión va retrocediendo el borde de la caída aguas arriba y modela los distintos escalones y entrantes que hoy se ven. Por eso las cascadas no forman una línea recta sino un conjunto de brazos separados por islotes cubiertos de vegetación.

Al recorrer el sendero, intenta distinguir esas diferencias: unos saltos caen por tramos largos y otros se reparten en cortinas finas. Cuando el caudal es abundante el paisaje cambia, el ruido aumenta y las vistas se llenan de bruma, de modo que cada visita puede dejar una impresión distinta.