Al pie de los saltos de Iguazú por el circuito inferior
El Circuito Inferior del Parque Nacional Iguazú es un recorrido pedestre de 1.400 metros que desciende al corazón de la selva paranaense hasta la base de las cascadas. Permite sentir la fuerza del agua y la bruma frontal de los saltos Bossetti, Alvar Núñez y Dos Hermanas.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Inmersión total en la bruma de la selva
El Circuito Inferior ofrece la perspectiva más física, refrescante e íntima de las Cataratas del Iguazú en Puerto Iguazú. Al descender hacia el cañón inferior del río, los senderos se sumergen en la densa sombra de la selva misionera, donde el murmullo constante del agua acompaña cada paso.
El impactante mirador del Salto Bossetti
El hito culminante del circuito es la pasarela que avanza directamente frente a la rompiente del Salto Bossetti.
En este punto, la fuerza del torrente descarga una bruma torrencial que envuelve por completo a los visitantes, creando un microclima donde proliferan musgos, begonias silvestres y bandadas de mariposas tropicales de colores fosforescentes.
En el tramo más bajo del circuito se ven a veces las lanchas de la excursión Gran Aventura, además de vistas directas hacia la Garganta del Diablo a lo lejos.
Calzado con buena tracción:
Las escaleras y pasarelas de madera suelen estar húmedas por la niebla constante de los saltos. Se recomienda calzado deportivo cerrado y con suela antideslizante.
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La perspectiva desde la base del Salto Dos Hermanas y Chico
El Circuito Inferior del Parque Nacional Iguazú propone una inmersión profunda en el fondo del cañón fluvial, donde el viajero contempla las imponentes masas de agua desde una perspectiva ascendente que realza la colosal escala de los saltos.
Uno de los primeros hitos del sendero es el mirador del Salto Dos Hermanas, cuyas dos caídas paralelas vierten sus aguas en una poza de remanso cristalino rodeada de peñascos oscuros y musgos perennes.
Más adelante, el camino serpentea hacia la base del Salto Chico y el imponente mirador frontal del Salto Bossetti, donde la fuerza del torrente desploma toneladas de agua pulverizada que empapan la pasarela con una niebla fresca y vigorizante.
Sentir el viento huracanado generado por la caída y escuchar el estruendo rítmico del agua contra las rocas basálticas constituye una experiencia sensorial conmovedora.
El caudal del río y su efecto sobre la visita
El caudal del Iguazú varía muchísimo a lo largo del año según las lluvias en la cuenca, y eso transforma lo que ves desde el circuito inferior. Con el agua alta, las cortinas de los saltos se ensanchan, la bruma moja los miradores y el estruendo se hace más intenso.
Con el caudal más bajo, aparecen las rocas del borde y se distinguen mejor los distintos brazos de agua. Ninguna situación es mejor que otra, solo ofrecen estampas diferentes de un mismo lugar.
Esa variación también puede condicionar algunas partes del recorrido. Ciertas pasarelas y servicios dependen de las condiciones del río y pueden no estar disponibles en un día concreto.
Por eso conviene consultar el estado del parque el mismo día de tu visita y mantener cierta flexibilidad. Llevar un impermeable ligero y una bolsa para proteger los aparatos electrónicos es una buena idea en cualquier época, ya que el rocío de las cascadas llega muy lejos.
El anfiteatro de roca y la memoria de los primeros exploradores
El sendero alcanza un anfiteatro rocoso natural donde puede contemplarse el Salto Álvar Núñez, nombrado en recuerdo del explorador andaluz Álvar Núñez Cabeza de Vaca, quien en el siglo XVI se convirtió en el primer europeo en documentar estas cataratas durante su travesía terrestre desde la costa atlántica hacia Asunción.
Las crónicas coloniales bautizaron originalmente el paraje como Saltos de Santa María, maravilladas ante la escala del torrente.
La pared vertical de basalto que enmarca este tramo exhibe estratos horizontales superpuestos que ilustran las sucesivas erupciones volcánicas del Mesozoico. En los peñascos húmedos crecen bromelias de intenso color escarlata y orquídeas terrestres que aprovechan el continuo rocío para florecer a la sombra del dosel arbóreo.
Helechos arborescentes, lianas y microclima húmedo de sotobosque
La topografía encajonada del sendero inferior favorece un microclima de humedad constante que sustenta un bosque subtropical sumamente exuberante y estratificado.
El sotobosque está poblado por densos helechos arborescentes gigantes, begonias silvestres, orquídeas epífitas y tupidas cortinas de lianas y enredaderas que cuelgan de las copas de palmeras palmito y corpulentos ejemplares de timbó y lapacho negro.
Este refugio umbrío alberga una abundante avifauna de interior de selva, incluyendo pequeños tiránidos, tangaras de colores brillantes y vencejos de cascada que anidan en las grietas húmedas tras la cortina de agua.
El recorrido demanda una caminata sosegada para apreciar las texturas de la corteza, el goteo constante de las hojas y la biodiversidad vegetal que tapiza cada rincón de piedra.
Usar calzado de trekking con buen agarre para transitar con seguridad por tramos de escaleras que pueden estar húmedos.
Llevar funda impermeable para mochilas y dispositivos electrónicos al aproximarse al balcón del Salto Bossetti.
Tomarse tiempo para observar la vegetación colgante y las orquídeas silvestres adheridas a los troncos centenarios.





