Veleros y pescadores en el puerto de Piriápolis, al pie del cerro
El Puerto de Piriápolis es una encantadora dársena náutica y pesquera resguardada al pie del Cerro San Antonio. Cuenta con modernas marinas para veleros internacionales, una animada escollera de pesca artesanal y restaurantes tradicionales con vista a la bahía.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La dársena marinera al pie de los cerros
Emplazado en el punto de amarre histórico proyectado por Piria en Piriápolis, el puerto es el punto de confluencia entre el turismo náutico internacional y la tradición pesquera criolla. Desde aquí parten lanchas de paseo que recorren las caletas de Punta Fría y San Francisco.
La escollera y la pesca del día
Caminar por la ancha escollera de piedra es uno de los entretenimientos más populares al caer la tarde. En la banquina, los pescadores ofrecen corvina rubia, pescadilla y brótola recién salidas del agua, mientras aficionados lanzan sus cañas en busca de pejerreyes y calamares.
Punto de partida: En la misma dársena del puerto se ubica la estación de embarque de las aerosillas del Cerro San Antonio, permitiendo combinar navegación y vuelo panorámico.
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Historia náutica y construcción de los muelles
El puerto de Piriápolis fue concebido por Francisco Piria a principios del siglo XX con el doble propósito de dar salida al granito extraído de sus canteras y recibir a los barcos de pasajeros procedentes de Montevideo y Buenos Aires.
Para desafiar la bravura del oleaje en este punto donde el Río de la Plata se abre al océano Atlántico, se levantaron poderosos rompeolas con bloques ciclópeos de piedra gris. La dársena resultante proporcionó un fondeadero seguro que impulsó el crecimiento náutico de la región.
Con el paso de las décadas, las instalaciones portuarias se modernizaron para albergar un moderno puerto deportivo con capacidad para cientos de veleros y yates deportivos de bandera internacional.
Las pasarelas de madera y los amarres flotantes permiten pasear entre embarcaciones de recreo contemplando el reflejo de los mástiles en el agua mansa de la bahía. La combinación de actividad recreativa y tradición marinera define el pulso cotidiano del recinto.
La escollera y la pesca artesanal
El brazo principal de la escollera se adentra cientos de metros en el agua, constituyendo uno de los paseos peatonales favoritos tanto de vecinos como de visitantes.
A lo largo del muro de contención es habitual encontrar a pescadores de caña que lanzan sus aparejos en busca de corvinas negras, pejerreyes, lisas y brótolas.
El sonido del oleaje estrellándose contra los bloques de granito y el aroma a salitre acompañan el trayecto hasta el faro que baliza la boca de entrada.
Al costado de los amarres deportivos amarran las pequeñas lanchas de los pescadores artesanales locales, quienes regresan de madrugada con las capturas de la noche. En los puestos situados al inicio de la rambla portuaria se expone pescado fresco del día listo para la venta directa al público.
Observar las maniobras de desembarque de redes y el corte de los filetes permite apreciar la vocación marinera que sigue latiendo en el balneario.
Caminar hasta el extremo del rompeolas para obtener una panorámica abierta de toda la bahía.
Acercarse a los puestos de los pescadores artesanales por la mañana para conocer las capturas locales.
Tener precaución al caminar por los bloques de piedra exteriores de la escollera si están mojados.
La pesca desde la escollera
Un paseo al caer la tarde permite ver a vecinos y visitantes lanzar sus cañas desde las piedras.
Entre las especies que suelen asociarse a esta costa y al Río de la Plata se encuentran la corvina o el pejerrey, aunque lo que se pesque depende de la temporada y de las condiciones del agua.
Si te interesa la pesca, infórmate de las normas locales, de las medidas mínimas permitidas y de los periodos de veda, y respeta siempre a quienes ya están ocupando un lugar.
Observar cómo se prepara un aparejo, cómo se lanza y cómo se espera es un buen ejercicio de paciencia y una forma sencilla de conversar con personas del lugar.
Aves y vida junto al agua
El puerto es también un buen sitio para ver gaviotas, cormoranes y otras aves marinas que sobrevuelan las embarcaciones en busca de restos de pescado. Al amanecer y al atardecer la luz es más suave y el ambiente más tranquilo.
Lleva unos prismáticos si te interesan las aves y cuida de no alimentarlas, ya que eso altera su comportamiento.
Vistas desde el aire
Si te animas a subir en la aerosilla del cerro San Antonio, la perspectiva del puerto cambia por completo. Desde arriba se aprecia la forma de la dársena, el trazado del rompeolas y la relación entre el puerto, la rambla y las sierras que rodean el balneario.
Es un buen momento para tomar fotografías panorámicas y entender cómo se organiza la ciudad.
Prudencia en la escollera
El oleaje, el viento y las piedras mojadas pueden hacer que caminar por la escollera resulte complicado. Evita acercarte al extremo en días de mar movido, no dejes que los niños corran sin vigilancia y utiliza calzado con buen agarre.
Si ves que las olas rompen con fuerza sobre las rocas, mantén una distancia prudente.





