En telesilla al cerro San Antonio, con la bahía de Piriápolis a los pies

El Cerro San Antonio es el mirador insignia de Piriápolis, con unos 130 metros de altura sobre el nivel del mar. Se asciende mediante una emocionante telesilla doble abierta o por carretera, albergando en su cumbre la histórica Capilla de San Antonio de 1919 y una panorámica de 360 grados sobre la bahía.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Vista a partir do Cerro de Santo Antônio, onde localiza-se capela homônima, em Piriápolis, no Uruguai. en piriapolis
Thiago Arioza, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

El gran mirador aéreo de la costa de Maldonado

Dominando el extremo este de la bahía de Piriápolis, el Cerro San Antonio ofrece la vista panorámica más completa y hermosa del balneario.

Desde su cima se contempla la curvatura perfecta de la costa, los muelles del puerto deportivo, la señorial mole del Argentino Hotel y, en el horizonte interior, el macizo del Cerro Pan de Azúcar.

La experiencia en la telesilla y la capilla histórica

El ascenso en las aerosillas dobles abiertas parte desde la rambla portuaria, sobrevolando las laderas rocosas cubiertas de pinos y flores silvestres mientras se despliega el mar a los pies de los viajeros.

En la cumbre se encuentra la pintoresca Capilla de San Antonio, levantada en 1919 por iniciativa de Francisco Piria. La imagen del santo, de terracota, fue traída de Milán.

Atardecer inolvidable: Sube al cerro media hora antes de la puesta de sol para ver el encendido progresivo de las luminarias de la Rambla de los Argentinos y los reflejos dorados sobre el agua.

La silueta marítima y la capilla histórica

El cerro San Antonio, conocido originalmente como cerro del Inglés, se eleva unos ciento treinta metros sobre el nivel del mar y resguarda la bahía de Piriápolis por el extremo este.

Su cumbre redondeada alberga la histórica capilla dedicada a San Antonio de Padua, construida en 1919.

La pequeña ermita custodia una imagen del santo traída especialmente desde Milán, a la que vecinos y viajeros acuden a rezar o solicitar protección para el amor y la familia.

El templo conserva una atmósfera sencilla y recoleta que contrasta con el amplio mirador exterior. Desde la terraza superior que circunda la capilla se despliega una vista privilegiada de la curva perfecta de la rambla costera, el puerto deportivo y los cerros vecinos del interior.

En días despejados, hacia el este se distingue la costa rocosa de Punta Colorada.

Vías de ascenso y telesilla aérea

Alcanzar la cumbre puede realizarse mediante una carretera panorámica asfaltada que serpentea entre chalets residenciales y bosques de pinos marítimos, o a través de la clásica telesilla que parte desde el puerto.

Este medio de elevación mecánico permite sobrevolar las laderas cubiertas de vegetación sintiendo la brisa marina en las piernas en un trayecto sosegado de pocos minutos. El balanceo de las sillas sobre el follaje regala ángulos fotográficos únicos del frente marítimo.

Los aficionados a la actividad física suelen optar por subir a pie siguiendo los senderos de pendiente moderada que cortan las curvas de la calzada. El recorrido entre aromas de eucaliptos y pinos resulta estimulante y recompensa con sombras intermitentes.

Al llegar a la cima, pararse a contemplar la caída del sol tiñendo de carmín las aguas mansas del Río de la Plata constituye uno de los rituales más entrañables de la costa uruguaya.

  • Subir en la telesilla para disfrutar de la perspectiva aérea sobre la dársena portuaria y las olas.

  • Llevar un abrigo ligero si planeas permanecer en la cima durante el atardecer por el viento marino.

  • Entrar en la capilla para apreciar la imaginería religiosa italiana y las ofrendas devocionales.

La huella de Francisco Piria en el paisaje

Piriápolis nació de la iniciativa de Francisco Piria, un empresario que a finales del siglo XIX imaginó un balneario completo en esta franja de costa. Su visión incluyó hoteles, un castillo, calles trazadas con intención y una relación estrecha con las sierras y el mar.

El cerro forma parte de ese paisaje cuidadosamente imaginado, y observarlo desde distintos puntos de la ciudad ayuda a comprender la idea original.

Caminar por Piriápolis con esa historia en mente cambia la mirada: las casas, los paseos y las vistas se ven como piezas de un mismo proyecto. Subir al cerro es una manera de contemplar ese conjunto desde arriba, con el mar a un lado y las sierras al otro.

Sierras, bosque y aire libre

El entorno del cerro es una invitación a caminar. Hay senderos entre vegetación de monte serrano, con aromas de eucaliptos y pinos en algunas zonas, y la posibilidad de detenerse en miradores naturales para contemplar la bahía. Es un plan adecuado para familias y para quienes disfrutan de pasear con tranquilidad.

Si decides caminar, lleva calzado cerrado, agua y gorra, y respeta las indicaciones de los senderos. Evita subir en horas de mucho calor o con viento fuerte.

La recompensa es una vista amplia de la costa de Maldonado, que en días despejados se extiende hasta donde alcanza la mirada y permite entender la forma de la bahía.

Al bajar, un paseo por la rambla y una pausa frente al mar completan la jornada con la sensación de haber conocido el lugar desde dos perspectivas distintas.