Cien metros bajo la sabana viven los chimpancés de Kyambura
El rastreo de chimpancés en la Garganta Kyambura, conocida como el 'Valle de los Simios', ofrece una travesía muy variada al descender cien metros desde la sabana reseca hasta una densa selva tropical subterránea excavada por el río Kyambura. Una comunidad aislada de chimpancés salvajes habita este microclima húmedo, compartiéndolo con monos colobos e hipopótamos.
Por Daniel
- Profundidad de la garganta
- 100 metros bajo el nivel de la sabana circundante
- Comunidad de primates
- Una pequeña comunidad de chimpancés habituados
- Dificultad física
- Moderada a alta (descenso y ascenso por sendero empinado)
- Duración de la caminata
- 2 a 3 horas de exploración en el cañón
Un ecosistema aislado en la falla del Rift
La Garganta Kyambura es un corte geológico abrupto de varios kilómetros de longitud que contrasta vivamente con las llanuras secas de acacias que la rodean.
Al descender a pie por los estrechos senderos, la luz solar se tamiza bajo un dosel denso de higueras fluviales, helechos arborescentes y palmeras africanas que protegen un corredor biológico singular.

En busca de la tropa de primates del cañón
Rastrear a los chimpancés en Kyambura es una experiencia atlética y emocionante. Guiados por los gritos guturales y los ecos de ramas crujiendo en las alturas, los visitantes caminan cruzando puentes rústicos de madera sobre el río Kyambura.
Además de chimpancés, es frecuente toparse con colobos blancos y negros, monos de cola roja, babuinos oliváceos e hipopótamos que descansan en los remansos sombríos del río.
Conservación y proyecto del corredor verde
Debido a que la expansión agrícola aisló la garganta de los bosques mayores de Maramagambo y Kalinzu, organizaciones ecologistas y UWA impulsan un corredor biológico de reforestación para tratar de conectar a esta tropa y evitar la endogamia genética, convirtiendo la visita en un apoyo directo a la investigación científica.
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Descenso escalonado por la pared vertical de la falla
Acceder al fondo de la garganta de Kyambura produce un fuerte contraste visual, pues el terreno pasa bruscamente de una meseta de pastizales secos y acacias a una sima selvática de cien metros de profundidad.
El sendero desciende serpenteando por una ladera empinada a través de escalones naturales de tierra y raíces de higueras gigantes.
A medida que se pierde altitud, la temperatura desciende y el aire se satura de una densa humedad tropical poblada por helechos arborescentes y palmeras de aceite que ocultan el cielo bajo una bóveda sombría ininterrumpida.
El murmullo del río Kyambura, que fluye en el lecho del cañón arrastrando arenas volcánicas, marca el rumbo sonoro hacia el corazón del bosque subterráneo.
Aves fluviales y avistamiento de hipopótamos en el lecho
El ecosistema ribereño encajonado en el fondo del desfiladero sustenta una gran variedad biológica. En las ramas bajas sobre el río es posible contemplar al bellísimo martín pescador azul y al martín gigante vigilando los remansos de agua con paciencia infinita.
En las pozas profundas del río descansan pequeños grupos de hipopótamos que se refugian del ardor solar en este microclima fresco, compartiendo las orillas con monos colobos blancos y negros que descansan en lo alto de las copas.
Los cantos resonantes de los pájaros forestales rebotan en las paredes de roca escarpada del cañón, generando una acústica envolvente de catedral vegetal.
Exigencia física y equipamiento para el suelo fangoso
El rastreo de los simios en Kyambura requiere una adecuada preparación física para afrontar pendientes pronunciadas, cruces de troncos caídos y tramos de barro denso en la orilla del río.
Conviene calzar botas de senderismo impermeables con suela antideslizante y llevar un bastón de marcha que aporte estabilidad en los descensos más resbaladizos.
Llevar repelente para moscas y una pequeña mochila impermeable protegerá cámaras y prismáticos durante los momentos de lluvia o salpicaduras junto a la corriente.
El ascenso final de regreso a la planicie de la sabana recompensa el esfuerzo físico con vistas abiertas y una grata sensación de logro personal.
Cómo viven los chimpancés: nidos, frutos y llamadas
Los chimpancés viven en comunidades que se dividen y se reúnen a lo largo del día según la disponibilidad de comida, un comportamiento que los científicos llaman fisión y fusión. Cada tarde construyen un nido nuevo en las ramas, doblando y entrelazando hojas, y al amanecer vuelven a bajar.
Su dieta se basa sobre todo en frutos, entre ellos los de las higueras, aunque también consumen hojas, tallos y, de forma ocasional, pequeños animales. Saber esto ayuda a interpretar lo que se ve en el bosque.
La comunicación es otra pieza clave. Los gritos y jadeos que atraviesan la garganta sirven para mantener el contacto entre miembros del grupo, y los guías aprenden a reconocerlos para localizar a los animales. Cuando por fin aparecen, conviene mantener la calma, observar sus gestos y evitar movimientos bruscos.
Es fácil quedarse absorto en sus miradas, tan cercanas a las humanas, pero también hay que recordar que son animales salvajes que merecen distancia.
Reglas que protegen a los simios
Los chimpancés comparten con las personas muchas enfermedades, desde resfriados hasta infecciones más graves, por lo que se exige una distancia mínima y se pide a quienes estén enfermos que no participen en el rastreo.
El guía suele recordar estas normas antes de salir, además de pedir hablar en voz baja, no comer delante de los animales y llevar mascarilla si así se indica. Estas medidas parecen estrictas, pero son parte de la responsabilidad de visitar a una comunidad tan pequeña y aislada.
Cumplirlas también mejora la experiencia, porque los animales se mantienen más tranquilos y permanecen más tiempo a la vista.
Respetar los tiempos del grupo, aceptar que a veces el encuentro es breve y valorar el trabajo de los rastreadores forma parte del espíritu de este tipo de turismo, que busca financiar la conservación sin perturbar a quienes se pretende proteger.





