Maramagambo, la selva de Queen Elizabeth con una cueva de murciélagos

El Bosque de Maramagambo es un extenso bosque lluvioso de altitud media, ubicada en la vertiente suroriental de Queen Elizabeth. Sus senderos a pie ofrecen una experiencia contrastante de bosque espeso poblado por varias especies de primates y la famosa cueva de murciélagos con pitones de roca al acecho.

Por

Tipo de ecosistema
Selva tropical húmeda de media montaña
Primates destacados
Chimpancés salvajes, monos colobos, cercopitecos de L'Hoest
Atracción singular
Bat Cave (plataforma de observación de miles de murciélagos)
Modalidad de visita
Senderismo guiado a pie con guardas armados UWA
Senderos populares
Waterfall Trail, Forest Trail y Crater Lake Trail

La frescura de una selva antigua

Caminar por Maramagambo es una desconexión total tras el calor de las sabanas de Kasenyi.

El dosel cerrado de árboles de gran porte atenúa la luz y crea una atmósfera misteriosa.

Elefante de sabana cruzando los frondosos linderos boscosos de Maramagambo.
Kateregga1 (CC BY-SA 4.0)

La cueva de murciélagos y sus depredadores

El punto culminante de la ruta del bosque es la cueva natural de roca volcánica que aloja una numerosa colonia de murciélagos frugívoros del género Rousettus.

Desde una plataforma de observación habilitada con apoyo del Centro de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, los viajeros pueden contemplar a las enormes pitones de roca que habitan en las hendiduras del suelo y se alimentan de los murciélagos que caen.

Lagos de cráter ocultos y aves forestales

Los circuitos de senderismo conducen también al lago de cráter Kyasanduka, rodeado de frondosa vegetación donde anidan aves forestales esquivas y diversas orquídeas epífitas silvestres.

Planifica tu safari en Queen Elizabeth y Uganda:

• Guía del Parque Nacional Queen Elizabeth (sectores, safaris y mejores alojamientos)

• Crucero por el Canal Kazinga (horarios, hipopótamos y lanchas UWA)

• Guía Completa de Uganda (itinerarios, visados, vuelos y clima)

Observatorio acristalado y dinámica de las pitones de roca

La célebre cueva de murciélagos de Maramagambo alberga un espectáculo ecológico muy llamativo.

Para posibilitar la visita con total seguridad sanitaria tras detectarse en el pasado virus zoonóticos en los quirópteros, se habilitó una plataforma de observación frente a la boca de la caverna.

Desde este puesto protegido se observa en penumbra a miles de murciélagos frugívoros egipcios apiñados en el techo de piedra, mientras en las rocas del suelo y hendiduras sombrías aguardan gigantescas pitones africanas de roca (Python sebae).

Estas monumentales serpientes de varios metros de largo se alimentan casi exclusivamente de los murciélagos que caen aturdidos o bajan a baja altura, ejemplificando una adaptación depredadora altamente especializada en un entorno cerrado.

La visión simultánea del frenético aleteo de miles de mamíferos voladores y la calma imperturbable de los reptiles crea un contraste sensorial difícil de olvidar.

El sendero ribereño del lago Kyasanduka y primates arbóreos

Continuar la marcha más allá de la cueva conduce a las orillas serenas del lago de cráter Kyasanduka, una lámina de agua volcánica enmarcada por gigantescos árboles de madera noble y enredaderas colgantes. Este sendero perimetral es uno de los mejores sectores del bosque para registrar especies de primates esquivos.

En las copas es frecuente avistar al mono azul (Cercopithecus mitis), al mono de cola roja y al colobo blanco y negro, cuyos peculiares gritos de alarma alertan a la selva ante la presencia de intrusos.

En las orillas cenagosas del lago suelen posarse ánades africanos y el bello martín pescador malaquita en busca de alevines que nadan entre las raíces sumergidas.

El reflejo perfecto de las copas arbóreas sobre la superficie espejada del lago regala composiciones fotográficas de extraordinaria serenidad.

Equipamiento contra insectos y calzado para terreno húmedo

Caminar por el interior sombrío de Maramagambo requiere vestimenta que proteja de los mosquitos y pequeñas moscas del bosque que proliferan cerca de las charcas estacionales.

Se recomienda usar pantalones largos de tejido técnico tupido, camisa de manga larga tratada con repelente y calcetines altos por dentro de los bajos del pantalón.

Calzar botas de montaña con buen dibujo facilitará el paso por tramos embarrados y raíces húmedas, permitiendo concentrarse en el avistamiento de aves y plantas medicinales sin contratiempos.

Cómo funciona una selva: raíces, lianas y semillas

Pasear por Maramagambo es una buena ocasión para entender cómo se organiza un bosque tropical. Muchos árboles presentan raíces tabulares, grandes aletas de madera que se despliegan desde la base del tronco para sostener el peso del árbol sobre un suelo poco profundo.

Las lianas trepan hacia la luz y conectan unas copas con otras, mientras las higueras estranguladoras envuelven a otros árboles hasta formar estructuras sorprendentes. Todo ello crea un laberinto vegetal en el que cada rincón tiene su propia vida.

Los animales del bosque participan en ese mecanismo. Monos, aves y murciélagos comen frutos y dispersan las semillas por donde se desplazan, de modo que ayudan a que nuevos árboles germinen lejos del lugar de origen.

Por eso la presencia de primates y de colonias de murciélagos es mucho más que una curiosidad turística: son piezas esenciales para que la selva se renueve y mantenga su diversidad.

Mirar el bosque con otros sentidos

En una selva densa, lo que se ve a ras de suelo suele pasar desapercibido.

Si te detienes con calma, descubrirás hongos de formas curiosas, mariposas que bajan a posarse en el barro, columnas de hormigas que cruzan el sendero y el olor a tierra mojada que acompaña a las zonas más umbrías.

El guía puede señalar plantas usadas por las comunidades locales y explicar cómo se aprovechaban en la vida diaria.

También merece la pena prestar atención a los sonidos: el canto de los turacos, el zumbido de los insectos, el crujido de una rama lejana. A veces conviene apagar el móvil, guardar la cámara unos minutos y limitarse a escuchar.

Esa pausa convierte la caminata en una experiencia sensorial completa, muy distinta del safari en vehículo por la sabana, y deja una impresión más profunda del ecosistema que se está visitando.