Rem Koolhaas levantó la Casa da Música sobre una terminal de tranvías

La Casa da Música se anunció en 1998 durante la designación de Oporto como Capital Europea de la Cultura para 2001, y su diseño se definió mediante un concurso internacional ganado en 1999 por el arquitecto holandés Rem Koolhaas y su estudio OMA. Las obras comenzaron ese mismo año en la antigua terminal de tranvías de la Rotunda da Boavista, y el edificio, el primero de Portugal concebido exclusivamente para la música, se inauguró el 15 de abril de 2005.

Por

Ubicación
Rotunda da Boavista, Oporto
Concurso ganado por
Rem Koolhaas (OMA), en 1999
Inauguración
15 de abril de 2005
Contexto
Oporto, Capital Europea de la Cultura 2001

La Casa da Música es el edificio más futurista de Oporto, en la Rotunda da Boavista.

El edificio de la Casa da Música en Oporto.
Bobo Boom (CC BY 2.0)

Un edificio nacido de la Capital Europea de la Cultura

El Ministerio de Cultura portugués anunció la construcción de la Casa da Música en 1998, en el marco de la designación de Oporto como Capital Europea de la Cultura para el año 2001.

El proyecto se puso en marcha en 1999 tras un concurso internacional de arquitectura que ganó el holandés Rem Koolhaas junto a su estudio Office for Metropolitan Architecture, y las obras comenzaron ese mismo año sobre la antigua terminal de tranvías de la Rotunda da Boavista.

El primer edificio portugués dedicado solo a la música

El edificio abrió al público el 14 de abril de 2005 con actuaciones de Clã y Lou Reed, y la inauguración oficial se celebró un día después, con la presencia del presidente de Portugal, en un concierto de la Orquesta Nacional de Oporto.

Fue el primer edificio de Portugal concebido desde su origen exclusivamente para la música, tanto para actuaciones públicas como para la formación y creación artística, y su forma poliédrica de hormigón blanco se convirtió de inmediato en un nuevo símbolo arquitectónico de la ciudad.

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Una forma que rompe con todo lo anterior

Lo primero que sorprende de la Casa da Música es que parece una pieza caída del cielo sobre la plaza.

Su volumen poliédrico, de superficies blancas y ángulos inesperados, no se parece a ningún edificio de los alrededores, y precisamente por eso se ha convertido en una de las imágenes modernas más reconocidas de la ciudad.

Rem Koolhaas y su estudio plantearon un volumen como un gran cristal tallado, un objeto que se mira desde todos los lados y cambia de aspecto según desde dónde lo observes.

El contraste con el entorno es parte de la gracia. La Rotunda da Boavista es una zona de tráfico, avenidas amplias y edificios de distintas épocas, y en el centro de la plaza se alza un monumento de otra época, dedicado a la guerra peninsular.

Entre ese recuerdo del siglo XIX y la arquitectura contemporánea de la sala de conciertos se comprende cómo Oporto combina tradición y apuesta por lo nuevo.

Dentro del edificio

El interior también rompe con lo habitual.

En lugar de una sala de conciertos clásica, con forma de caja de zapatos, la sala principal tiene los extremos acristalados con grandes paredes onduladas que dejan entrar la luz exterior, algo poco frecuente en salas de música, donde casi siempre se busca el aislamiento total.

Desde dentro, el público puede ver el cielo y la ciudad mientras suena la música, y la acústica se trabajó para convivir con ese diseño.

Además de la sala principal, el edificio cuenta con espacios más pequeños, zonas de ensayo, áreas educativas y rincones de descanso con vistas.

Es sede de la Orquesta Sinfónica de Oporto y de otras formaciones, y su programación abarca desde música clásica y contemporánea hasta jazz, música electrónica y propuestas experimentales. Antes de viajar, mira la agenda oficial: asistir a un concierto es la mejor manera de conocer el edificio.

Visitas y consejos

Si no encuentras entradas para ningún concierto, pregunta por las visitas guiadas, que suelen recorrer varias zonas que no se ven desde fuera y explican las ideas del proyecto.

Los horarios, los idiomas y las condiciones cambian, así que consulta la información oficial antes de ir y reserva con tiempo si te interesa algo concreto.

Dedica unos minutos a rodear el edificio por fuera. La plaza que lo antecede tiene una pendiente suave y un pavimento que invitan a sentarse a observar, y es habitual ver a jóvenes patinando o a grupos de amigos charlando.

Los amantes de la fotografía agradecerán la luz de la tarde, cuando las caras blancas del edificio se tiñen de tonos cálidos.

Para llegar, lo más práctico es usar el metro, que tiene una estación con el mismo nombre del edificio.

Desde allí puedes seguir hacia el centro, o explorar a pie otras zonas cercanas con más aire de barrio, como los alrededores de la avenida de Boavista, que baja hacia el océano.

Para saber más