Arikok protege casi una quinta parte de Aruba

El Parque Nacional Arikok protege casi el 20% de la superficie total de Aruba, un paisaje desértico de cactus, cuevas y dunas donde conviven cabras y burros salvajes, recorrible en vehículo 4x4 o mediante senderos de trekking.

Por

Superficie protegida
Casi el 20% del territorio de Aruba
Ecosistema
Desértico, con cactus, dunas y cuevas
Fauna
Cabras y burros salvajes, además de aves e iguanas
Forma de recorrerlo
Vehículo 4x4, buggy o senderos de trekking señalizados
Cabras en el Parque Nacional Arikok, Aruba.
Misty Johnson (CC BY 2.0)

Historia y consejos de visita

El Parque Nacional Arikok es, con diferencia, el mayor espacio protegido de Aruba: casi una quinta parte de la isla dedicada a conservar su ecosistema desértico original, con cactus organ pipe, dunas de arena, cuevas de piedra caliza y formaciones volcánicas que contrastan radicalmente con las playas de la costa oeste.

Dentro del parque conviven cabras y burros salvajes, descendientes de animales domésticos liberados hace décadas, junto con iguanas y una notable variedad de aves.

La mayoría de los caminos internos son de tierra y piedra suelta, por lo que se recomienda recorrerlo en vehículo 4x4, buggy, o a pie por los senderos de trekking señalizados que llevan hasta algunas de sus cuevas y miradores.

Un parque con varias caras

Arikok no es un paisaje uniforme, y esa es una de sus mayores virtudes. En pocos kilómetros pasas de llanuras cubiertas de cactus a colinas de roca oscura, de cuevas frescas a costas batidas por un oleaje constante.

Quien llega pensando en un único gran mirador se lleva una sorpresa: el parque es una suma de rincones muy distintos, y cada uno cuenta una parte de la historia natural de la isla.

Por eso conviene decidir de antemano qué quieres ver y no intentar abarcarlo todo en una sola jornada.

La parte central está dominada por una colina que es el punto más alto de Aruba, con vistas amplias sobre el interior seco y el mar al fondo.

Hacia el sur y el este, el terreno desciende hasta una costa agreste de rocas negras y arena clara, donde el Atlántico golpea con fuerza. En el lado opuesto se extienden dunas y zonas abiertas con vegetación muy baja.

Esa variedad en un espacio tan reducido es lo que hace del parque una visita tan completa.

Cuevas y rastros del pasado

Las cuevas de piedra caliza son una de las paradas más recordadas. Su interior es fresco, húmedo y oscuro, con formaciones que el agua ha ido tallando durante miles de años.

En algunas se conservan marcas dejadas por los antiguos habitantes indígenas, y en otras viven murciélagos, que cuelgan del techo en grupos. Para entrar conviene llevar una linterna pequeña y moverse con tranquilidad, ya que el suelo puede estar irregular y resbaladizo.

El parque también guarda huellas de la época en que la isla se dedicó a la agricultura y a la minería. Verás restos de antiguas casas de campo, cercados de piedra y caminos que hablan de una vida dura en un terreno difícil.

Observar esas ruinas con atención ayuda a entender cómo se las arreglaban las familias para vivir con poca agua y suelos pobres, y da al paseo una dimensión humana que a veces se pasa por alto.

Fauna y plantas del parque

La fauna del parque combina especies silvestres con animales que se asilvestraron tras ser introducidos por las personas. Verás cabras, burros y, con paciencia, iguanas, lagartijas y varias aves, entre ellas rapaces que planean sobre el paisaje.

Mantén la distancia, no les des de comer y evita los movimientos bruscos. Observarlos desde lejos, con unos prismáticos o con el zoom de la cámara, es la mejor forma de respetar su espacio.

En cuanto a la vegetación, destacan los cactus columnares, los arbustos espinosos y los árboles torcidos por el viento. Muchas de estas plantas florecen de manera discreta, y los frutos atraen a las aves.

Es mejor no tocar ninguna: las espinas son resistentes y algunas especies tardan años en recuperarse si se dañan. Quédate en los caminos señalizados y respeta las indicaciones del parque para proteger el entorno.

Cómo organizar la visita

Antes de ir, revisa en la web oficial del parque las condiciones de acceso, los caminos abiertos y la información actualizada, porque pueden cambiar.

Si eliges recorrerlo por tu cuenta, valora bien el estado de tu vehículo y tu experiencia al volante en caminos exigentes; si no, una excursión con guía te permite aprovechar mejor las paradas y conocer detalles que por tu cuenta pasarías por alto.

Lleva agua en abundancia, sombrero, protección solar y calzado cerrado, y no dependas de la cobertura del teléfono en las zonas más alejadas. Reserva una jornada entera si quieres combinar cuevas, costa y miradores, y empieza temprano para evitar las horas de más calor.

Puedes enlazar la visita con las ruinas del molino de oro de la costa norte y con la piscina natural de Conchi, que quedan en la misma zona.

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