El glaciar Furtwängler resiste dentro del cráter del Kilimanjaro

El Glaciar Furtwängler es una pequeña masa de hielo remanente ubicada en la caldera somital del cráter Kibo, a escasa distancia de la cumbre del Pico Uhuru. Bautizado en honor a Walter Furtwängler (alpinista alemán que en 1912 alcanzó el punto más alto del Kilimanjaro), representa uno de los testimonios más bellos y vulnerables de los glaciares ecuatoriales africanos.

Por

Altitud
Cerca de la cima, en el interior del cráter Kibo
Espesor de hielo
Unos 6 metros de espesor según las mediciones de 2006
Fenómeno geológico cercano
Reusch Crater (cráter interior de la caldera, con fumarolas de azufre)
Estatus científico
En retroceso acelerado por cambio climático; se estima su desaparición en décadas

Asomarse al interior de la caldera del cráter somital del Monte Kilimanjaro y contemplar las paredes turquesas del Glaciar Furtwängler es una experiencia de belleza irreal en el corazón tropical de Tanzania.

Paredes de hielo y seracs remanentes del glaciar Furtwängler en el cráter cumbrero del Kibo.
Ray in Manila (CC BY 2.0)

Paredes de hielo en pleno ecuador

El glaciar es un resto pequeño de la capa de hielo que antaño cubrió la cima, y las mediciones científicas muestran que su superficie y su espesor han disminuido mucho en las últimas décadas.

Sus seracs de hielo puro brillan con tonalidades azul zafiro que contrastan vivamente con las cenizas volcánicas grises y las arenas rojizas del cráter interior.

El volcán dormido: Reusch Crater y The Ash Pit

A poca distancia del glaciar se abre el cráter Reusch, con la profunda fosa conocida como 'Ash Pit'.

Aunque el volcán permanece dormido desde hace siglos, de las grietas del cráter continúan brotando fumarolas tibias con fuerte olor a azufre, recordándonos que el gigante africano es un coloso volcánico con actividad subterránea viva.

Expedición con noche en el cráter: Los montañeros más avezados pueden contratar una ruta especial que incluye pernocta en Crater Camp, dentro del cráter; dormir junto al glaciar bajo la luna llena y explorar las fumarolas al alba es una experiencia poco común.

Planifica tu expedición al Kilimanjaro y Tanzania:

• Pico Uhuru

• Ruta Machame

• Guía completa de Kilimanjaro

Un glaciar que retrocede

Los hielos del Kilimanjaro llevan más de un siglo en retirada. Las fotografías antiguas y las mediciones científicas muestran que los glaciares cubrían una superficie mucho mayor y que han perdido buena parte de su extensión.

Los investigadores atribuyen el proceso a una combinación de factores, entre ellos el calentamiento global y los cambios en la humedad de la región, y muchos estudios sugieren que los glaciares podrían desaparecer en las próximas décadas.

Esa realidad añade un componente emotivo a la visita. Cuando miras las paredes de hielo, estás viendo algo que quizá no podrán ver las generaciones futuras.

Por eso muchos montañeros hablan de este paraje como de un lugar cargado de significado, un recordatorio de la fragilidad de los ecosistemas de alta montaña y de lo rápido que pueden transformarse.

Cómo se llega y qué se siente allí

Alcanzar la zona somital exige una ascensión larga y exigente, con aclimatación gradual y un tramo final nocturno, que suele realizarse con frío intenso y poco oxígeno. A esa altitud cada paso cuesta más de lo normal, y el cuerpo reacciona de maneras distintas según la persona.

Por eso el ritmo lento que imponen los guías no es una cortesía, sino una estrategia necesaria.

Cuando amanece, la luz cambia por completo el escenario. Las capas de hielo se tiñen de naranja y rosa, el borde del cráter aparece nítido y a lo lejos se adivina la curvatura del horizonte.

Es un momento que muchos viajeros recuerdan como el más intenso de la ascensión, aunque el cansancio y el frío invitan a disfrutarlo sin demorarse demasiado.

Geología del cráter

El Kilimanjaro es un estratovolcán formado por varios conos, y Kibo, el más alto, conserva una caldera amplia en la cima. Los restos de la actividad volcánica se observan en las capas de ceniza, en las rocas oscuras y en las zonas donde el calor interno aún se manifiesta.

Aunque se considera dormido, los especialistas lo clasifican como un volcán que no está extinguido.

El contraste entre el hielo, la ceniza y la roca desnuda crea un paisaje casi lunar, sin apenas vegetación. A esta altura sobreviven solo líquenes y algunas plantas muy resistentes, y el viento sopla con fuerza.

Conviene llevar una capa cortavientos de calidad, guantes gruesos, un gorro que cubra las orejas y gafas con protección solar elevada, porque el reflejo en el hielo puede dañar la vista.

Antes de planificar la ascensión

Elige una ruta con suficientes días de aclimatación, porque es el factor que más influye en las posibilidades de llegar a la cima con buena salud. Informa a los guías de cualquier síntoma, por leve que parezca, y no ignores el dolor de cabeza intenso, las náuseas o la confusión.

Contratar una agencia local seria y respetuosa con los porteadores es fundamental.

Las normas del parque, las rutas permitidas y las condiciones del cráter pueden cambiar con el tiempo, y algunas actividades dentro de la zona somital están sujetas a restricciones.

Antes de reservar, consulta la información oficial del parque y pregunta a tu agencia qué es posible en la fecha en la que viajas.