Focas peleteras al sol sobre Seal Rock, en Milford Sound
Las colonias de foca peletera de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri, conocidas en maorí como kekeno) son los habitantes más carismáticos de Milford Sound. Agrupadas sobre los espolones rocosos de Seal Rock, toman el sol tranquilamente tras largas jornadas de pesca nocturna en las profundidades del mar de Tasmania.
Por Natalia
Información clave
- Nombre maorí
- Kekeno (foca de piel de dos capas altamente aislante)
- Población en el fiordo
- Colonia permanente reproductora
- Punto de avistamiento
- Seal Rock, roca llana en el tramo exterior del fiordo
- Época de crías
- Noviembre a enero, cuando los cachorros aprenden a nadar en pozas
- Estado de protección
- Especie estrictamente protegida tras rozar la extinción en el siglo XIX
Qué ver y experiencia en la visita

Las focas kekeno estuvieron a punto de desaparecer de las costas neozelandesas a principios del siglo XIX debido a la caza comercial indiscriminada por parte de balleneros y foqueros europeos que codiciaban sus valiosas pieles impermeables y su grasa.
Gracias a las estrictas leyes de protección medioambiental vigentes desde hace más de un siglo, su población se ha recuperado con vigor.
Seal Rock es una amplia plataforma de roca que sobresale en las aguas del fiordo, ofreciendo a las focas un refugio seguro al abrigo de las olas oceánicas y con fácil acceso a las ricas corrientes pesqueras del mar de Tasmania.
Los barcos turísticos apagan sus motores y se aproximan con sigilo para permitir la observación respetuosa de su comportamiento.
A escasa distancia de las focas, entre julio y noviembre, los viajeros afortunados pueden avistar ejemplares del rarísimo pingüino de Fiordland (Eudyptes pachyrhynchus o tawaki), una de las especies de pingüinos más escasas del planeta que suele anidar entre las raíces de los densos bosques pluviales que rozan las aguas del fiordo.
Una foca que en realidad no es una foca
Aunque en español se las llame focas peleteras, los kekeno pertenecen a la familia de los otáridos, la misma de los leones marinos.
Lo notarás enseguida si miras con atención: tienen pequeñas orejas externas, algo que las focas verdaderas no poseen, y pueden girar las aletas traseras hacia delante para desplazarse sobre las rocas con una agilidad sorprendente.
En el agua son nadadoras muy rápidas, capaces de sumergirse a bastante profundidad para cazar peces y calamares durante la noche.
Su pelaje se compone de una capa interior muy densa que retiene aire y una capa exterior de pelo más largo. Fue justamente esa piel, tan apreciada, la que casi acabó con la especie a comienzos del siglo XIX.
Hoy los machos adultos, mucho más grandes que las hembras, defienden pequeños territorios en las rocas durante la época de cría, mientras las crías nacen hacia el verano austral y pasan sus primeras semanas entre juegos torpes junto a la orilla.
Cómo observarlas con respeto
La observación se hace desde el barco, que se aproxima despacio y reduce el ruido para no inquietar a la colonia. Tu mejor aliado es un objetivo con buen zoom: las focas suelen estar tumbadas, medio dormidas, y apenas se mueven cuando perciben que nadie las molesta.
Si coincides con la época de cría, procura no hacer gestos bruscos ni gritos, y deja que los animales sean quienes marquen la distancia. Nunca se les debe dar de comer ni intentar tocarlas, aunque parezcan mansas.
Además de la colonia de Seal Rock, no dejes de mirar el agua y las laderas. En el fiordo viven también delfines mulares y aves marinas, y de vez en cuando aparece algún pingüino de Fiordland.
El nombre maorí de Milford Sound, Piopiotahi, recuerda a un ave desaparecida, y la conservación de la fauna ocupa hoy un lugar central en la gestión del parque nacional, que forma parte de un área declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Cómo encaja en la travesía por el fiordo
Las focas no suelen ser una excursión independiente: forman parte del trayecto en barco por el fiordo, junto con las cascadas y los grandes picos.
Lo habitual es que la colonia se divise hacia la parte exterior del recorrido, cuando el fiordo se abre poco a poco hacia el mar de Tasmania.
Por eso conviene situarse en cubierta con tiempo, antes de que lleguen las explicaciones, y repartir la atención entre los acantilados y las rocas cercanas al agua.
Si el tiempo acompaña, con luz suave y poco viento, verás a los animales tomando el sol sobre la roca húmeda con una calma contagiosa. Si llueve, las cascadas se multiplican y las focas siguen en lo suyo, indiferentes al agua que cae.
Lleva el objetivo seco y un paño para limpiar la lente, ya que el rocío del fiordo empaña cualquier cristal en pocos minutos.
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