Royal Botanic Gardens, lagos y árboles centenarios al sur del Yarra
Los Royal Botanic Gardens Victoria, emplazados al sur del río Yarra y a poca distancia del centro de Melbourne, constituyen un jardín botánico de estilo paisajista. Fundados en 1846, sus 38 hectáreas albergan una amplia colección de miles de especies vegetales, lagos ornamentales y arboledas centenarias.
Por Natalia
Los Royal Botanic Gardens Victoria, emplazados al sur del río Yarra y a poca distancia del centro de Melbourne, constituyen un jardín botánico de estilo paisajista.
Fundados en 1846, sus 38 hectáreas albergan una amplia colección de miles de especies vegetales, lagos ornamentales y arboledas centenarias.

- Año de fundación
- 1846, en un terreno elegido por Charles La Trobe
- Superficie
- 38 hectáreas de diseño paisajístico de estilo inglés clásico
- Colección botánica
- Cerca de 50.000 plantas individuales que representan unas 8.500 especies
- Experiencia acuática
- Punting on the Lake (paseos en barcas tradicionales con pértiga)
El paisajismo clásico de William Guilfoyle
El director William Guilfoyle reconfiguró el jardín a finales del siglo XIX siguiendo los principios del pintoresquismo inglés: curvas orgánicas, suaves colinas de césped esmeralda, masas de eucaliptos gigantes y bambúes que enmarcan los rascacielos de la ciudad con un notable efecto escénico.
Paseos en barca tradicional por el lago ornamental
Una de las actividades más románticas de Melbourne es el 'Punting on the Lake', donde guías impulsan barcas tradicionales de madera por el lago ornamental, entre plantas acuáticas, cisnes negros australianos y sauces llorones, explicando la historia del parque.
El circuito The Tan y el observatorio histórico
Bordeando el perímetro exterior de los jardines discurre 'The Tan Track', una pista de gravilla de casi cuatro kilómetros donde corren atletas olímpicos y vecinos. Junto a los jardines se encuentra el antiguo Observatorio de Melbourne.
Historia y origen del jardín
Los jardines nacieron en la década de 1840, cuando Melbourne era todavía una ciudad joven que se abría paso en la ribera del Yarra.
Las autoridades de la colonia reservaron un terreno junto al río para crear un espacio dedicado al estudio de las plantas y al disfrute público, y con el paso de las décadas aquel solar pantanoso se fue transformando en el parque que hoy conoces.
El río, que antes inundaba buena parte de la zona, fue encauzado, y los humedales se convirtieron poco a poco en lagos ornamentales.
Antes de la llegada de los colonos europeos, estas tierras formaban parte del territorio de los pueblos kulin, que las recorrían y aprovechaban desde hacía muchísimo tiempo.
Hoy el jardín reconoce esa herencia en algunos de sus programas educativos y en la forma de contar el paisaje, algo que merece la pena tener presente mientras caminas entre los árboles.
Es un recordatorio de que este remanso verde guarda capas de historia mucho más antiguas que el trazado victoriano.
Rincones que merece la pena buscar
Más allá del lago principal, el jardín está organizado en colecciones y escenarios muy distintos entre sí.
Hay un barranco de helechos donde la temperatura baja y el aire se vuelve húmedo, un jardín de suculentas y cactus de aire casi desértico, praderas abiertas pensadas para tumbarse al sol y rincones con plantas nativas de Australia que te ayudan a entender la flora del continente.
Pasar de uno a otro es como cambiar de clima en pocos minutos de paseo.
Entre los elementos construidos destaca un pequeño templete circular de columnas, situado sobre una loma desde la que se ven el lago y los edificios del centro. Es un buen lugar para sentarse un rato.
También encontrarás puentes, glorietas y bancos colocados mirando a las mejores perspectivas, y muchos árboles con una pequeña placa que indica su nombre científico, lo que convierte el recorrido en una especie de museo al aire libre.
Fauna y curiosidades del parque
El jardín es también un refugio para la vida silvestre en pleno centro urbano. En los lagos y sus orillas se ven cisnes negros, patos, ibis y otras aves acuáticas, y entre las copas de los árboles habitan loros de colores intensos.
Con un poco de paciencia y buena luz, es un lugar excelente para aficionados a la fotografía de naturaleza.
Otro detalle poco conocido es que ciertos elementos del paisaje tienen una función práctica antes que decorativa. Algunos montículos y depósitos del jardín se diseñaron para almacenar y distribuir agua, una necesidad constante en un clima de veranos secos.
Por eso, al observar una colina cubierta de plantas aparentemente caprichosas, puede que estés mirando una antigua obra hidráulica reconvertida en jardín.
Consejos para combinar la visita
El jardín limita con otros espacios verdes y con edificios señeros de la ciudad, de modo que es fácil enlazarlo con otras paradas a pie.
Hacia un lado se extiende un parque más amplio con monumentos y zonas deportivas, y hacia otro queda el camino por el que muchos vecinos salen a correr cada día.
Puedes dedicar la mañana a las colecciones botánicas y reservar la tarde para seguir caminando hasta el centro cruzando el río.
Lleva una botella de agua reutilizable, una prenda de abrigo ligera por si cambia el tiempo, algo que en Melbourne ocurre con frecuencia, y cámara con batería cargada.
Si te interesa una visita con explicaciones, conviene consultar en la web oficial qué actividades y recorridos guiados están disponibles durante tu estancia, ya que varían según la temporada.
Cómo continuar tu ruta por Melbourne y Australia
Descubre más rincones en nuestras guías monográficas de Guía de Melbourne, Federation Square y Eureka Tower y Skydeck.





