Yves Saint Laurent rescató el jardín azul de Majorelle en Guéliz
El Jardín Majorelle es un oasis botánico y artístico de una hectárea ubicado en el barrio de Guéliz, Marrakech. Creado en 1923 por el pintor orientalista francés Jacques Majorelle y rescatado en 1980 por Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, destaca por su icónica villa pintada en azul Majorelle y su bosque de bambú.
Por Daniel · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Reserva previa
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- Museos anexos
- Museo Pierre Bergé de Artes Bereberes y Museo YSL
En medio de la vibrante efervescencia de Marrakech, el Jardín Majorelle ofrece un remanso de frescor y deleite cromático. Es uno de los monumentos más visitados y fotografiados de Marruecos, fusionando botánica exótica, arte vanguardista y alta costura internacional.

El color Azul Majorelle y la flora mundial
El pintor Jacques Majorelle patentó el célebre 'Azul Majorelle' (un tono ultramar y cobalto de extraordinaria intensidad) para contrastar con el verde de la vegetación y la luz solar marroquí.
El jardín reúne cientos de especies vegetales de los cinco continentes, incluyendo una extraordinaria colección de cactáceas gigantes de México, nenúfares asiáticos, palmeras washingtonias y un umbrío bosque de bambúes.
Importante sobre las entradas: Las condiciones de acceso cambian con el tiempo, así que comprueba en la plataforma digital oficial cómo y con cuánta antelación debes reservar tu pase.
El legado de Yves Saint Laurent
Tras el fallecimiento del modisto en 2008, sus cenizas fueron esparcidas en la rosaleda del jardín, donde se alza una columna romana memorial traída de Tánger.
El antiguo taller de pintura alberga hoy el Museo Pierre Bergé de Artes Bereberes, que exhibe cientos de piezas textiles, joyas de plata y armas tradicionales de los pueblos del Atlas y el Sáhara.
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Historia del jardín y de su creador
Jacques Majorelle nació en Nancy en el seno de una familia de ebanistas y se instaló en Marrakech a comienzos del siglo XX, atraído por la luz y los paisajes del sur de Marruecos.
En 1923 adquirió el terreno donde hoy se extiende el jardín y, poco a poco, lo convirtió en su laboratorio vegetal y en su fuente de inspiración para los lienzos que pintaba sobre el Atlas y sus pueblos.
En los años treinta mandó levantar la villa de líneas geométricas que hoy sirve de emblema, con un diseño que mezcla la sobriedad del movimiento moderno y detalles de la tradición marroquí.
Con el tiempo abrió el jardín a los visitantes, y ese gesto lo convirtió en uno de los primeros espacios de la ciudad pensados para el público curioso.
Tras la muerte del pintor, el lugar fue perdiendo cuidados y llegó a estar muy deteriorado. La recuperación comenzó cuando Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, que frecuentaban Marrakech desde hacía años, lo adquirieron para evitar que desapareciera.
Restauraron la villa, replantaron especies y devolvieron al conjunto su intensidad cromática, de modo que lo que ves hoy es una mezcla de la mano del pintor y de la de sus rescatadores.
Qué mirar durante el recorrido
El paseo se hace por senderos estrechos que serpentean entre cactus, palmeras y bambúes, con pequeños giros que esconden estanques, bancos a la sombra y rincones para sentarse.
Conviene ir sin prisa, porque el jardín está pensado como una sucesión de escenas: un muro azul que recorta el cielo, una maceta amarilla que rompe el verde o un cactus de formas esculturales.
Fíjate en el juego de colores, que es el verdadero protagonista. El azul intenso de la villa convive con el amarillo limón de las macetas, con tonos turquesa y con el rojo de algunas flores, y todo cambia según la hora.
Con luz baja los contrastes se suavizan, y con el sol alto los azules parecen vibrar. Los estanques con nenúfares y la pérgola dan además buenos puntos de observación.
Curiosidades y detalles poco conocidos
El famoso azul no es solo un adorno: Majorelle lo empleó en la villa y en muchos elementos del jardín hasta convertirlo en su sello personal, y el tono acabó llevando su nombre.
Hoy se asocia tanto con este lugar que muchas tiendas de Marrakech lo utilizan como referencia de color en objetos artesanales.
Consejos para sacarle partido a la visita
Al ser un recinto pequeño y muy popular, el factor decisivo es el momento. Si puedes elegir, ve en días laborables y a primera hora, cuando los grupos aún no han llegado y es más fácil fotografiar los rincones sin gente.
Comprueba siempre en la web oficial las condiciones de entrada y los horarios vigentes antes de organizar el día.
Aprovecha la zona de Guéliz para completar la mañana. Este barrio de calles amplias y edificios del siglo XX contrasta con la medina y ofrece cafeterías, galerías y tiendas de diseño.
Muchos viajeros dedican el resto del día a la medina y reservan las tardes para descansar del calor, una combinación que funciona bien sobre todo en los meses más cálidos.





