Cruza Lyon por dentro de sus edificios a través de las traboules
Las traboules, pasajes que atraviesan los patios interiores de los edificios de Lyon para conectar una calle con otra, se remontan según la tradición al siglo IV, cuando servían para acceder al agua del Saona. En el siglo XIX se multiplicaron en la Croix-Rousse para que los canuts, los tejedores de seda, transportaran sus fardos sin exponerlos a la lluvia. De unas 500 existentes, unas cuarenta están abiertas al público de forma gratuita.
Por Florencia
- Ubicación
- Vieux Lyon y la Croix-Rousse
- Origen tradicional
- Siglo IV, para acceso al agua
- Auge con los canuts
- Siglo XIX
- Abiertos hoy
- Unas 40 de unas 500
Las traboules son los pasajes secretos característicos de Lyon.

De accesos al agua a rutas secretas de los tejedores
Según la tradición local, los primeros traboules se remontan al siglo IV, cuando los habitantes de Lyon crearon estos pasajes para transportar agua desde el río Saona sin necesidad de cruzar las calles principales.
La gran multiplicación de estos pasajes llegó siglos después, durante el siglo XIX, cuando se construyeron específicamente para que los canuts, los trabajadores de la seda del barrio de la Croix-Rousse, pudieran trasladar sus fardos de un taller a otro sin que la lluvia los estropeara.
De la resistencia obrera a la resistencia francesa
Con el tiempo, estos pasajes se convirtieron también en rutas de escape durante guerras y revoluciones, permitiendo huir del ejército y la policía en momentos de agitación social.
Ese mismo carácter oculto los hizo indispensables durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la Resistencia francesa los utilizó extensamente para desplazarse sin ser vista.
De los cerca de 500 traboules que hay en la ciudad, unos 40 permanecen hoy abiertos al público, de acceso libre y gratuito, principalmente en los barrios de Vieux Lyon y la Croix-Rousse.
Qué es una traboule y de dónde viene la palabra
La palabra traboule procede, según una hipótesis muy citada, aunque discutida por los lingüistas, del latín trans-ambulare, que significa pasar de un lado a otro.
Y eso es exactamente lo que hacen estos pasajes: atraviesan un edificio, a veces dos o tres, con patios, escaleras y galerías, para unir una calle con otra sin tener que rodear la manzana. Desde fuera, muchos pasan inadvertidos, porque la entrada es una simple puerta en una fachada.
El encanto está en no saber qué vas a encontrar al otro lado.
Lo habitual es que, tras la puerta, aparezca un pasillo oscuro que se abre a un patio interior luminoso, con escaleras de piedra, galerías con arcos y, en algunos casos, torres de escalera de época renacentista. Cada traboule tiene su carácter.
Unas son estrechas y casi domésticas, otras monumentales, y algunas conservan elementos decorativos muy bien cuidados. El recorrido suele ser corto, pero la sensación de salir a una calle distinta de la que entraste resulta muy particular.
Los canuts y la Croix-Rousse
Para entender las traboules de la Croix-Rousse hay que conocer a los canuts, los tejedores de seda que trabajaban en los talleres de la colina.
Sus telares, entre ellos los mecánicos que perfeccionó Joseph Marie Jacquard, eran altos, y por eso los edificios del barrio tienen techos elevados y grandes ventanales para aprovechar la luz.
Los pasajes permitían mover las piezas de tela entre talleres y comercios, a cubierto de la lluvia y por el camino más corto, entre las alturas del barrio y el río.
El barrio de la Croix-Rousse tiene también una historia social intensa, con revueltas de los tejedores en la primera mitad del siglo XIX que marcaron la memoria obrera de la ciudad.
Una de las traboules más conocidas del barrio es la Cour des Voraces, con su gran escalera exterior que sube por varias plantas del edificio.
Si subes a la colina, aprovecha para ver también las pendientes y las calles que suben y bajan, todas ellas llenas de rincones que merecen una pausa.
Traboules de Vieux Lyon
En Vieux Lyon las traboules conectan las calles principales del barrio con las que corren más cerca del Saona y de la colina. Aquí es habitual encontrar patios renacentistas, galerías con arcadas y torres de escalera que recuerdan la época de los banqueros y mercaderes.
Una de las más conocidas es la que lleva a la llamada Tour Rose, una torre de color rosado que destaca en uno de los patios. Muchas visitas guiadas por el barrio incluyen varias de ellas, lo que permite entrar con alguien que conozca el recorrido.
Cómo visitarlas con respeto
Las traboules atraviesan edificios donde vive gente, así que conviene entrar con discreción: habla en voz baja, no te detengas largo rato en los portales y respeta los carteles que indiquen restricciones.
No todas las puertas están abiertas a cualquier hora, y no todas las que ves son accesibles, de modo que lo mejor es llevar un plano actualizado o consultar la información de la oficina de turismo. Si una puerta está cerrada, no insistas.
Siempre habrá otra cerca, y el paseo por el barrio ya merece la pena por sí mismo.





