¿Por qué la fuente de Bartholdi acabó en Lyon y no en Burdeos?

El Hôtel de Ville de Lyon, edificio construido a partir de 1646 y reconstruido tras el incendio de 1674, preside la Place des Terreaux. En su centro se alza la Fuente de Bartholdi, ideada en 1857 para un concurso en Burdeos que nunca se concretó; el escultor la presentó en la Exposición Universal de 1889, y Lyon la compró en 1890 y la inauguró en 1892 frente al ayuntamiento. El acceso a la plaza es libre y gratuito.

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Ubicación
Place des Terreaux, Lyon
Construcción del ayuntamiento
Desde 1646; reconstruido tras el incendio de 1674
Fuente Bartholdi
Ideada en 1857, instalada en Lyon en 1892
Escultor
Frédéric Auguste Bartholdi, autor de la Estatua de la Libertad

El Hôtel de Ville y su fuente monumental presiden la Place des Terreaux, en Lyon.

El Hôtel de Ville de Lyon en la Plaza de los Terreaux.
edwin.11 (CC BY 2.0)

Un ayuntamiento reconstruido tras un incendio

La Place des Terreaux se desarrolló en el siglo XVII sobre los antiguos fosos de las fortificaciones de la Lanterne, un espacio que llegó a usarse como lugar de ejecuciones capitales y mercado de cerdos antes de convertirse en el corazón político de la ciudad.

El Hôtel de Ville, edificio de estilo clásico construido inicialmente entre 1646 y 1651 por Simon Maupin, tuvo que ser reconstruido por Jules Hardouin-Mansart tras un grave incendio en 1674.

La fuente que Burdeos no quiso y Lyon sí

El escultor Frédéric Auguste Bartholdi, el mismo autor de la Estatua de la Libertad de Nueva York, concibió esta fuente monumental en 1857 para un concurso convocado por la ciudad de Burdeos destinado a decorar la Place des Quinconces.

Burdeos, sin embargo, nunca llevó a cabo el proyecto, y Bartholdi no ejecutó la obra hasta 1888, tras la inauguración de la Estatua de la Libertad.

Bartholdi completó entonces su fuente y la presentó en la Exposición Universal de París de 1889; Lyon la compró en 1890 y la inauguró frente a su ayuntamiento en 1892.

La plaza fue renovada en 1994 por Christian Drevet, Laurent Fachard y Daniel Buren, que reubicaron la fuente y añadieron pequeñas fuentes de granito negro al suelo.

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Qué mirar en la fuente y en la fachada

Antes de entrar en detalles, conviene detenerse en el conjunto de la fuente. Una figura femenina, alegoría de Francia, conduce un carro tirado por cuatro caballos que parecen lanzarse hacia delante, y de sus bocas y crines brota el agua.

La escena es teatral, pensada para verse desde lejos, y gana mucho si la rodeas despacio para descubrir cómo cambia la postura de cada animal según el ángulo. Es una obra de bronce de gran tamaño que dialoga con la sobriedad de la fachada que tiene detrás.

La fachada del ayuntamiento, de líneas rectas y proporciones equilibradas, es un buen ejemplo de la arquitectura clásica francesa del siglo XVII.

Fíjate en el cuerpo central, coronado por un campanario con reloj, y en el relieve ecuestre de Enrique IV que preside la fachada.

Los pabellones laterales enmarcan la plaza y le dan ese aire de gran escenario cívico que tanto contrasta con el bullicio de las calles vecinas.

La plaza contemporánea de Daniel Buren

La plaza actual es fruto de la reforma de mediados de los años noventa, que quiso devolverla a los peatones.

El suelo es una retícula de losas oscuras y claras, y de él emergen los pequeños surtidores de granito negro que mencionábamos antes, de modo que el agua sale a ras de suelo y desaparece en un instante.

En días calurosos verás a los niños corriendo entre los chorros, y a los adultos sentados en los bordes, mirando sin prisa cómo se renueva la escena.

Este contraste entre el patrimonio de los siglos XVII y XIX y la intervención del arte contemporáneo es una de las claves de la plaza. Algunos lioneses defendieron la reforma desde el primer día y otros la discutieron durante años, algo habitual cuando se toca un espacio tan simbólico.

Sea como sea, hoy se entiende como una capa más de la historia del lugar, y merece que le dediques unos minutos a leer el suelo, las columnas y los reflejos del agua sobre la piedra.

Un entorno cultural muy concentrado

Una de las ventajas de la Place des Terreaux es que concentra varios puntos de interés en muy pocos metros.

En uno de sus lados se levanta el Palacio de Saint-Pierre, que alberga el museo de bellas artes, y a pocos pasos aparece la fachada del edificio de la ópera, con su cúpula de cristal añadida en una reforma moderna.

Al otro lado de la plaza arranca el entramado de callejuelas que sube hacia la colina de la Croix-Rousse, el antiguo barrio de los tejedores de seda.

Por eso la plaza funciona muy bien como punto de partida o de llegada de un paseo. Puedes bajar desde las pendientes de la Croix-Rousse, pasar por los pasajes interiores que conectan las calles, desembocar aquí y seguir después hacia la península central.

En este tramo se aprecia bien la estructura de Lyon, una ciudad que creció entre dos ríos y dos colinas, y donde casi cualquier recorrido a pie ofrece un cambio de ambiente cada pocos minutos.