Un museo con forma de casa comunal Rungus: el Museo de Sabah

El Complejo del Museo del Estado de Sabah es el museo estatal de Sabah. Diseñado con una silueta que reinterpreta las casas comunales tradicionales Rungus, alberga galerías de historia natural, cerámica, etnografía, un jardín etnobotánico y una aldea histórica con réplicas de cabañas nativas.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Edificio del Museo del Estado de Sabah inspirado en las casas comunales tradicionales y jardines botánicos.
CEphoto, Uwe Aranas, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

El gran tesoro histórico de Sabah

Para entender la evolución de Sabah desde los primeros asentamientos humanos hasta la era de las plantaciones británicas, el Museo del Estado es la referencia indiscutible en Kota Kinabalu. Es una visita indispensable para contextualizar la diversidad antropológica de Malasia.

La Aldea Patrimonial al aire libre

El mayor atractivo del complejo es su Aldea Patrimonial (Heritage Village), situada a orillas de un lago interior.

En ella se pueden recorrer una casa bajau, una casa larga murut, una casa de bambú y una granja china tradicionales, permitiendo apreciar los sistemas constructivos nativos rodeados de árboles medicinales y especias de Borneo.

La visita al museo se complementa idóneamente con la experiencia viva de la Aldea Cultural Mari Mari o con un recorrido patrimonial por el centro urbano hasta el Mirador de Signal Hill.

Qué encontrarás en las galerías

El museo reúne colecciones que abarcan desde la naturaleza de Borneo hasta la vida de sus pueblos.

En las salas de historia natural se muestran ejemplares de la fauna y la flora de la isla, un buen punto de partida para entender por qué Sabah es considerado un territorio de enorme riqueza biológica.

Conviene dedicarles un tiempo antes de salir al exterior, porque dan contexto a muchas de las ideas que aparecen después.

Las galerías de etnografía presentan objetos de uso cotidiano y ceremonial: tejidos, adornos, instrumentos, utensilios de cocina y piezas relacionadas con las creencias de los distintos grupos.

Fíjate en cómo se emplean los materiales naturales, como la fibra, el bambú y la madera, y en la minuciosidad de muchos trabajos hechos a mano. Detrás de cada pieza hay una forma de ver el mundo muy distinta a la nuestra.

También encontrarás secciones dedicadas a la arqueología y a la historia del estado, con material que ayuda a entender la llegada del comercio, de los colonos y de las distintas administraciones.

Los paneles suelen estar en varios idiomas, lo que facilita la lectura, pero conviene ir con calma para no saturarte de información. Elige lo que más te interese y deja el resto para una segunda visita.

El exterior: jardines y arquitectura

Un complejo así no se entiende solo desde dentro. Los jardines que rodean los edificios incluyen plantas útiles para la alimentación, la medicina y la construcción, y recorrerlos con la mirada atenta es una forma de comprender cómo las comunidades locales han aprovechado su entorno durante generaciones.

Muchas plantas llevan carteles explicativos, de modo que puedes aprender sin necesidad de un guía.

Fíjate en la arquitectura del edificio principal, que toma como referencia las casas comunales de los pueblos del estado.

Esa decisión conecta lo que se muestra dentro con la forma del propio museo, y refuerza la idea de que el patrimonio no es algo del pasado, sino un recurso vivo para el diseño actual. Desde algunos puntos del recinto se obtienen buenas perspectivas para fotografiar el conjunto.

Las construcciones tradicionales exteriores permiten ver, a escala real, cómo se levantaban viviendas, graneros y refugios. Entra en ellas cuando esté permitido y observa la altura de los suelos, la ventilación y los materiales, soluciones muy bien pensadas para un clima cálido y lluvioso.

Es una manera práctica de comprender que la arquitectura popular responde siempre a su entorno.

Cómo organizar la visita

El complejo es amplio y parte del recorrido es al aire libre, así que calcula con calma el tiempo que quieres dedicarle y no lo incluyas con prisas en un día muy cargado.

Lleva calzado cómodo, agua y protección solar, y reserva las zonas exteriores para cuando el calor sea más llevadero. Antes de ir, consulta la web oficial sobre las galerías abiertas, los cierres y las condiciones de acceso, porque pueden variar.

Es una parada muy recomendable en un día de lluvia o de mucho calor, ya que gran parte del recorrido interior es fresco.

Si viajas con niños, plantea la visita como una búsqueda: pídeles que encuentren un animal, un instrumento o una vivienda que les llame la atención, y verás cómo disfrutan más del recorrido y recuerdan mejor lo que han visto.