Devon House, la mansión del primer millonario negro de Jamaica

Devon House fue construida en 1881 por George Stiebel, considerado el primer millonario negro de Jamaica, que hizo fortuna en la minería en Venezuela. Hoy la mansión funciona como museo con mobiliario de época, rodeada de jardines, tiendas de artesanía y una heladería muy popular entre los propios kingstonianos.

Por

Construcción
1881, por George Stiebel
Dato histórico
Stiebel, considerado el primer millonario negro de Jamaica, con fortuna hecha en Venezuela
Hoy funciona como
Museo, jardines, tiendas de artesanía y heladería
Ubicación
Barrio residencial de Kingston
Devon House, la mansión colonial del primer millonario jamaicano, en Kingston.
David Amsler (CC BY 2.0)

Historia y consejos de visita

Devon House cuenta una historia distinta a la de las mansiones de plantación de la costa norte: la construyó en 1881 George Stiebel, hijo de un comerciante alemán y una mujer jamaicana negra, que amasó su fortuna en la minería de oro en Venezuela y es considerado el primer millonario negro de Jamaica, algo muy poco habitual en aquella época.

La mansión, con su arquitectura de columnas blancas y balcones de madera, se recorre con mobiliario de época restaurado, y los jardines que la rodean albergan tiendas de artesanía y una heladería —Devon House I-Scream— muy popular entre los propios habitantes de Kingston, no sólo entre turistas, lo que le da un ambiente genuinamente local poco habitual en otras atracciones históricas del país.

Quién fue George Stiebel y por qué importa

La historia de Devon House es, en el fondo, la de su constructor. George Stiebel nació en Jamaica en el siglo diecinueve y llegó a acumular una fortuna extraordinaria para su época, en una sociedad marcada todavía por las desigualdades heredadas de la esclavitud.

Su ascenso económico le permitió levantar una residencia a la medida de su éxito, y esa casa se convirtió en un símbolo de prestigio y de movilidad social en la Kingston de finales de aquel siglo.

Conviene mirar la mansión con esa clave. No es solo un edificio elegante: es el testimonio de una trayectoria personal poco común y de una época de profundos cambios en el Caribe.

Cuando recorras las salas, imagina cómo se vivía en una casa de estas características, con sus rituales de recepción, sus estancias de representación y sus espacios de servicio.

La casa y su estilo

La arquitectura de la mansión responde al gusto de la época, con proporciones equilibradas, balcones y galerías pensadas para el clima caribeño.

Los espacios abiertos y la ventilación natural son una parte fundamental del diseño, algo que se aprecia especialmente en las galerías sombreadas desde las que se miran los jardines.

Fíjate en las carpinterías y en el trabajo de la madera, que suelen ser lo que mejor se conserva de estas casas históricas.

En el interior, el mobiliario y los objetos decorativos buscan evocar la vida doméstica de la clase acomodada de la época. Más que una acumulación de piezas, es una invitación a imaginar el día a día.

Si el recorrido se hace con guía, aprovecha para preguntar por la historia de las colecciones y por los cambios que ha tenido el edificio a lo largo de las décadas.

Los jardines y el ambiente de la parcela

El recinto exterior tiene un encanto propio. Árboles de gran porte, césped cuidado y senderos invitan a pasear sin prisa, y el conjunto funciona como un respiro en medio de una ciudad intensa y a menudo calurosa.

Es un sitio muy frecuentado por familias y vecinos que acuden a pasar la tarde, de modo que ofrece una buena ocasión para observar la vida cotidiana de Kingston más allá de los circuitos estrictamente turísticos.

Las antiguas dependencias que rodean la casa se aprovechan hoy como tiendas y espacios de artesanía, donde se pueden encontrar objetos hechos en Jamaica. Si quieres comprar algo, pregunta por el origen de cada pieza y consulta los precios directamente, porque varían según el autor y el material.

Cómo encajarla en tu día por Kingston

Una visita tranquila, con la casa y los jardines, suele ocupar buena parte de una mañana o de una tarde.

Es una parada muy cómoda para combinar con otras visitas culturales de la ciudad, como museos dedicados a la música y la historia del país, de modo que el día quede equilibrado entre pasado, arte y vida actual.

Dado el calor habitual, conviene llevar ropa ligera, protección solar y agua, y dejar los momentos más exigentes para las horas más frescas. Antes de ir, consulta en la web oficial los días de apertura, las condiciones de la visita guiada y cualquier evento que pueda alterar el acceso.

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