Al-Azhar, mil años de enseñanza en la mezquita fatimí de El Cairo
La Mezquita de Al-Azhar ('La Espléndida'), fundada en 970 d.C. por el general fatimí Yawhar al-Siqilli coincidiendo con la fundación de El Cairo, es una de las instituciones teológicas más prestigiosas del mundo musulmán suní. Su universidad adjunta, en funcionamiento continuo desde 972, es una de las más antiguas del planeta y el principal referente del pensamiento y jurisprudencia islámica.
Por Daniel
- Ubicación
- Plaza Al-Azhar, frente al Bazar Jan el-Jalili, El Cairo
- Código de vestimenta
- Ropa modesta, hombros y rodillas cubiertos; mujeres deben cubrirse el cabello con velo
La Mezquita de Al-Azhar es el epicentro intelectual de El Cairo y el faro espiritual del mundo islámico sunita.
Situada al comienzo de la avenida que conecta con el Bazar Jan el-Jalili, su historia sintetiza las sucesivas dinastías que gobernaron Egipto: fatimíes, ayubíes, mamelucos y otomanos dejaron su impronta en sus arcos, portadas y minaretes.

El patio de mármol blanco y los minaretes mamelucos
Al descalzarse y franquear la Puerta de los Barberos (Bab al-Muzayinin), el visitante accede al patio central pavimentado en mármol blanco, rodeado de arcadas fatimíes con arcos de herradura apuntados y estucos calados.
Sobre el cielo cairota se recortan cinco singulares minaretes de épocas distintas, destacando el minarete doble erigido en 1509 por el sultán mameluco Qansuh al-Ghawri, una filigrana de piedra caliza tallada con celosías geométricas.
Una universidad milenaria viva
En la inmensa sala de oración alfombrada, sostenida por columnas reutilizadas de edificios anteriores, estudiantes de teología, filología árabe y derecho coránico procedentes de muchos países siguen reuniéndose en círculos en torno a sus jeques y profesores, conservando una tradición de enseñanza y debate que se remonta al siglo X.
Consejo de visita: Visita Al-Azhar a media mañana o al caer la tarde, cuando los cánticos de la llamada a la oración (adhan) resuenan en el patio y la iluminación nocturna realza la blancura del mármol y las arquerías.
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Origen fatimí y renacimiento mameluco
La Mezquita de Al-Azhar comenzó a construirse en el año 970 por orden del califa fatimí Al-Muizz. Su nombre se suele relacionar con Fátima, la hija del profeta Mahoma.
Con la posterior llegada de la dinastía ayubí a finales del siglo doce, el templo perdió temporalmente su estatus principal frente a otras mezquitas de la capital. No obstante, los sultanes mamelucos devolvieron el esplendor al complejo décadas más tarde, financiando restauraciones continuas y añadiendo nuevas escuelas de doctrina religiosa.
Durante el periodo otomano, los gobernadores continuaron ampliando los pabellones para alojar a los cientos de estudiantes que llegaban desde el norte de África o Asia Central. La institución organizó a los alumnos en espacios específicos según su región de origen, facilitando su estancia en la metrópoli.
Este carácter internacional consolidó a la mezquita como el principal foro del pensamiento islámico tradicional.
Capiteles antiguos y arquerías del santuario
En el interior de la sala hipóstila se aprecia una variada combinación de influencias constructivas. Los maestros de obra incorporaron columnas romanas, bizantinas y coptas procedentes de ruinas anteriores, creando un bosque pétreo lleno de variedad visual.
En los muros altos todavía se conservan frisos de estuco calado con caligrafía cúfica de la época fundacional. Estas inscripciones reproducen pasajes del Corán y aportan una rica textura decorativa a las naves centrales.
Asimismo, el complejo integra varias escuelas menores fundadas por antiguos emires mamelucos. Destacan la madrasa de Taybarsiyya y la de Aqbugha, situadas a ambos lados de la entrada principal, las cuales albergan bellos alminares y bibliotecas históricas.
En estas salas los techos de madera muestran elegantes motivos geométricos policromados que reflejan la habilidad de los carpinteros medievales.
Pautas de respeto en el recinto sagrado
Al ingresar en este espacio activo de culto y docencia, conviene observar ciertas costumbres tradicionales. El ambiente cotidiano combina la devoción religiosa con el estudio pausado de jóvenes y eruditos.
Debes quitarte los zapatos antes de pisar las alfombras y depositarlos en las estanterías de la entrada o llevarlos en una bolsa. Mantén un tono de voz bajo durante todo el recorrido para no perturbar los círculos de lectura.
Lleva calcetines limpios para caminar con comodidad sobre las alfombras interiores.
Respeta las áreas reservadas para las oraciones de la comunidad local.
Evita tomar fotografías directas de personas que se encuentren en momentos de recogimiento.
Un nombre con historia
El nombre «Al-Azhar» se suele relacionar con Fátima al-Zahra, hija del profeta Mahoma, cuyo apelativo significa «la resplandeciente».
La mezquita fue fundada poco después de la creación de El Cairo por la dinastía fatimí y, con los siglos, pasó de ser un centro de enseñanza de una corriente concreta del islam a convertirse en una institución muy influyente dentro del mundo sunní.
Esa evolución muestra cómo un mismo edificio puede cambiar de papel sin perder su función esencial: ser un lugar de estudio y oración. Recorrerlo con esa idea en mente ayuda a ver la mezquita no solo como un monumento, sino como una pieza viva de la ciudad.
Estudiantes de muchos países
A lo largo de su historia, Al-Azhar ha recibido estudiantes de lugares muy distintos, atraídos por su prestigio como centro de conocimiento religioso y lingüístico. Si te cruzas con grupos jóvenes en el patio, recuerda que no son figurantes: están estudiando o descansando entre clases.
Respeta sus espacios y su ritmo, y pregunta antes de fotografiar. Después de la visita, la cercanía del barrio histórico y de sus callejuelas permite continuar el paseo con tranquilidad y entender mejor el contexto urbano en el que se sitúa este centro de saber.





