Troncos de 280 millones de años en el Bosque Petrificado de Damaraland

El Bosque Petrificado de Damaraland (Petrified Forest) es un monumento geológico situado al este de Khorixas. Conserva decenas de troncos fosilizados de coníferas gigantes de más de treinta metros de longitud datados con doscientos ochenta millones de años de antigüedad, arrastrados por cataclismos fluviales glaciares desde África Central antes de mineralizarse en cuarzo y jaspe.

Por

Antigüedad
Aproximadamente 280 millones de años (período Pérmico)
Longitud de troncos
Ejemplares de hasta 30 metros de longitud expuestos
Ubicación
A 42 km al oeste de Khorixas por la carretera C39
Monumento nacional
Proclamado Monumento Nacional de Namibia en 1950

Pisar el terreno del Bosque Petrificado en Damaraland traslada al viajero a una era previa a la aparición de los dinosaurios en Namibia. Los troncos conservan la textura externa de la corteza, anillos de crecimiento anuales e incluso nudos de ramas con perfecta fidelidad pétrea.

Troncos de árboles fósiles de más de doscientos millones de años en el Bosque Petrificado de Khorixas.
Joaquín Romero Redondo (CC BY-SA 4.0)

Un viaje en el tiempo a la era de Gondwana

Estos árboles ancestrales no crecieron en el desierto namibio, sino que fueron arrancados de bosques boreales y transportados por gigantescas coladas de deshielo glaciar.

Al quedar sepultados bajo gruesas capas de sedimento aluvial desprovistas de oxígeno, las moléculas orgánicas de madera fueron reemplazadas molécula a molécula por sílice microscópica disuelta en agua subterránea.

El yacimiento alberga además extraordinarios ejemplares vivos de Welwitschia mirabilis creciendo junto a los troncos fósiles, creando un curioso diálogo botánico entre el pasado remoto y la resiliencia del presente.

Cómo se formó el yacimiento

Los troncos del Bosque Petrificado pertenecen a una época en la que África, Sudamérica, la Antártida, la India y Australia formaban parte del gran supercontinente de Gondwana, y el sur de África tenía un clima muy distinto del actual.

Los árboles eran gimnospermas primitivas, emparentadas con las coníferas, que crecían en zonas húmedas muy lejos de donde hoy se encuentran sus restos.

Uno de los indicios más claros de que los troncos no crecieron aquí es que casi ninguno conserva raíces ni ramas: lo que se ve son fustes largos y limpios, como si hubieran sido arrastrados y pulidos por el agua.

La explicación más aceptada es que grandes crecidas los transportaron y los depositaron en llanuras de sedimentos, donde quedaron enterrados rápidamente. Con el paso de millones de años, la erosión de esas capas los ha ido dejando de nuevo al descubierto.

El paisaje que rodea hoy el yacimiento ayuda a entender ese contraste. Damaraland es una tierra de colinas pedregosas, mesetas de roca rojiza y llanuras cubiertas de hierba seca durante buena parte del año, con lluvias escasas e irregulares.

Que en un entorno así aparezcan troncos de árboles que necesitaron abundante agua para crecer es una buena prueba de lo mucho que ha cambiado el clima y la geografía de esta parte de África a lo largo del tiempo geológico.

Qué ver en el recorrido

La visita consiste en un paseo a pie por un sendero señalizado que serpentea entre los troncos dispersos por la ladera. Algunos están enteros y otros se han fragmentado en tramos que parecen cortados con sierra, pero se trata de fracturas naturales de la piedra.

Acércate a los extremos rotos: en la sección transversal se distinguen con claridad los anillos de crecimiento, y en la superficie, la textura de la corteza reproducida en piedra.

El tronco más largo del yacimiento es la pieza estrella y suele ser el punto final del recorrido. Mientras caminas, fíjate en los colores: la sílice que reemplazó la madera adopta tonos que van del marrón y el gris a matices rojizos y ocres, según los minerales presentes.

A media mañana el sol hace brillar las superficies pulidas, mientras que con luz baja resaltan mejor los relieves de la corteza y las grietas.

Lo habitual es recorrer el lugar acompañado de un guía local de la comunidad, que explica el origen de los fósiles y señala detalles que pasarían desapercibidos, como restos de nudos o marcas de ramas.

Además de la información, la visita guiada es una fuente de ingresos importante para las familias de la zona.

La welwitschia, una planta fuera de lo común

Junto a los fósiles crecen ejemplares de Welwitschia mirabilis, una de las plantas más singulares del mundo. Sólo tiene dos hojas, que no dejan de crecer durante toda su vida y que el viento y el desgaste van rasgando en tiras, por lo que parece tener muchas más.

Es endémica del desierto del Namib y de las regiones vecinas, entre Namibia y el sur de Angola, y algunos ejemplares superan con creces los mil años de edad.

Hay plantas masculinas y femeninas, que se distinguen por la forma de sus conos, y su capacidad de sobrevivir con muy poca lluvia, aprovechando también la humedad ambiental, la convierte en un símbolo de resistencia. No es casual que aparezca en el escudo de Namibia.

Observarla aquí, al lado de árboles convertidos en piedra hace cientos de millones de años, da una idea muy gráfica de la historia de la vida en este territorio.

Curiosidades y normas del lugar

  • El yacimiento está protegido como monumento nacional, y llevarse fragmentos de madera petrificada, por pequeños que sean, está prohibido.

  • Durante mucho tiempo, antes de su protección, visitantes y coleccionistas se llevaron piezas, y por eso algunas zonas se ven hoy más despejadas.

  • Los fósiles no están vallados: camina sólo por el sendero y evita subirte a los troncos para hacer fotos.

  • En la entrada suele haber puestos de artesanía local, donde puedes comprar recuerdos hechos en la región en lugar de piedras del lugar.

Consejos para la visita

La visita guiada dura alrededor de una hora y el recorrido es corto, pero el terreno es pedregoso y no hay apenas sombra. Lleva sombrero, protector solar, agua y calzado cerrado, y si puedes, ve temprano por la mañana o a última hora de la tarde, cuando el calor afloja.

Las carreteras de la zona son en su mayoría de grava, así que conviene conducir con prudencia, sin prisas y con el depósito lleno, porque las estaciones de servicio escasean.

Para conocer precios y condiciones de acceso, consulta antes de ir con tu alojamiento o con la oficina de turismo de la región.

En cuanto a la época del año, los meses del invierno austral suelen ser los más cómodos para caminar, con días templados y cielos despejados, aunque las noches pueden ser frías.

En verano el calor aprieta y pueden llegar tormentas que dejan algunos caminos de grava en mal estado, así que conviene informarse antes de salir.

Qué ver cerca

El Bosque Petrificado suele ser la primera parada de quienes llegan a Damaraland desde Khorixas.

Continuando hacia el oeste se alcanza la zona de Twyfelfontein, con sus grabados rupestres declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO, y muy cerca de allí los Organ Pipes y la Montaña Quemada, dos curiosidades geológicas que se ven en poco tiempo.

El Damara Living Museum permite añadir una mirada cultural a la ruta, y quienes dispongan de más días pueden buscar con un guía a los elefantes adaptados al desierto en los cauces secos de los ríos de la región.

Planifica tu viaje por Damaraland y Namibia:

• Guía de Damaraland

• Twyfelfontein

• Parque Nacional Etosha