Más de 2.500 grabados chamánicos en la arenisca roja de Twyfelfontein

Twyfelfontein (o /Ui-//aes en lengua nama) es la mayor concentración de arte rupestre al aire libre de África Austral, declarada el primer Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO de Namibia en 2007. Sus bloques de arenisca roja albergan más de dos mil quinientos grabados chamánicos que, según las estimaciones, tienen entre dos mil y seis mil años de antigüedad que representan jirafas, rinocerontes y hombres-león.

Por

Reconocimiento
Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO (2007)
Número de petroglifos
Más de 2.500 figuras en 212 lajas de arenisca roja
Antigüedad
Entre 2.000 y 6.000 años de antigüedad (artesanos cazadores San)
Acceso
Obligatoriamente con guía local comunitario damara certificado

Situado en el corazón árido de Damaraland, Twyfelfontein es el yacimiento arqueológico más trascendental de Namibia. Su nombre en afrikáans significa 'manantial dudoso', en alusión a una fuente intermitente que apenas manaba agua en los años de sequía.

Milenarios grabados rupestres de animales y cazadores grabados en arenisca roja en Twyfelfontein.
Domenico Convertini from Zurich, Schweiz (CC BY-SA 2.0)

El chamanismo y el célebre Hombre León

A diferencia de las pinturas rupestres pigmentadas, en Twyfelfontein los antiguos chamanes San grabaron las lajas de arenisca picando la costra superficial de óxido de manganeso para exponer el interior más claro de la roca.

Cada panel constituía un mapa pedagógico y espiritual que enseñaba a los jóvenes rastreadores dónde hallar abrevaderos y huellas animales.

La obra maestra del yacimiento es el grabado del 'Hombre León' (Lion Man), una figura mística que muestra a un león con cinco dedos en cada pata y una cola anormalmente larga rematada en mano humana, ilustrando la transmutación espiritual del chamán durante sus trances curativos.

Ruta guiada a primera hora: Realiza el recorrido a pie (aproximadamente una hora) temprano por la mañana. La luz oblicua resalta el relieve de los grabados sobre la piedra y evita las asfixiantes temperaturas que alcanzan las rocas al mediodía.

Historia del yacimiento y de su nombre

Mucho antes de que el lugar tuviera un nombre en afrikáans, los pueblos de la región lo conocían como /Ui-//aes, una denominación damara que suele traducirse como «lugar entre piedras amontonadas» o «pozo que salta», en referencia al manantial que brotaba entre las rocas.

Ese pequeño hilo de agua, en medio de un entorno extremadamente seco, fue la razón de que grupos de cazadores y recolectores volvieran aquí una y otra vez durante milenios. Donde había agua había animales, y donde había animales había conocimiento que transmitir.

El nombre actual se lo dio un granjero que se instaló en la zona a mediados del siglo XX y que, al comprobar lo poco fiable que era el manantial, lo bautizó como Twyfelfontein, la fuente dudosa.

Los grabados ya habían llamado la atención de investigadores europeos algunas décadas antes, pero fue a partir de entonces cuando el lugar empezó a estudiarse de forma más sistemática.

Con el tiempo se convirtió en monumento nacional y, finalmente, en el primer sitio de Namibia inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Qué ver durante el recorrido

La visita se hace siempre con un guía local por senderos señalizados que serpentean entre bloques de arenisca desprendidos de la ladera. Hay varios itinerarios de distinta longitud, y el guía te irá deteniendo en los paneles más significativos.

Además del célebre Hombre León, uno de los grabados más conocidos es el del kudu danzante, una figura de antílope de líneas elegantes que aparece rodeada de otros motivos. También verás jirafas de cuello largo, rinocerontes, elefantes, avestruces y cebras, a menudo superpuestos unos sobre otros.

Entre los detalles más curiosos figuran las representaciones de huellas animales y humanas, que algunos investigadores relacionan con la enseñanza del rastreo, y la presencia de figuras que recuerdan a focas o aves acuáticas como los flamencos, animales que no viven en este desierto.

Su presencia sugiere que los autores conocían bien la costa atlántica, situada a bastantes kilómetros al oeste, o que mantenían contacto con quienes la frecuentaban. En algunos abrigos se conservan además pinturas, mucho más escasas que los grabados, que conviene observar sin tocar.

Cómo mirar los grabados

La arenisca de Twyfelfontein tiene una superficie oscurecida por una pátina natural que se forma con el paso del tiempo. Los grabadores retiraban esa capa con herramientas de piedra más dura, picando o raspando, y dejaban al descubierto la roca más clara del interior.

Por eso los grabados recientes contrastan mucho, mientras que los más antiguos han vuelto a oscurecerse y resultan más difíciles de distinguir. Observar ese contraste ayuda a intuir que no todo se hizo en la misma época.

Los especialistas atribuyen la mayoría de las figuras animales a los cazadores y recolectores San, mientras que una parte de los motivos geométricos, como círculos y líneas, se suele asociar a pastores khoekhoe llegados más tarde.

La interpretación más extendida vincula muchos de estos paneles con el mundo espiritual y con los trances de los chamanes, más que con simples escenas de caza. Pregunta al guía por las distintas lecturas: forma parte de la gracia de la visita y cada panel admite más de una explicación.

Curiosidades del lugar

  • Los grabados están al aire libre, sobre rocas sueltas, y no dentro de cuevas, algo poco habitual entre los grandes conjuntos de arte rupestre del mundo.

  • Algunas lajas presentan figuras en varias caras, por lo que conviene rodearlas con calma y fijarte en los laterales.

  • El centro de visitantes se diseñó para integrarse en el paisaje, con materiales sencillos y una arquitectura discreta que no compite con las rocas.

  • La gestión del sitio involucra a la comunidad local, y los guías proceden en gran medida de las poblaciones damaras de los alrededores.

Consejos para la visita

Además de madrugar, como ya se ha comentado, lleva calzado cerrado con buena sujeción: los senderos tienen tramos de grava y escalones irregulares, y en algunos puntos hay que subir entre rocas.

El sol cae con fuerza incluso en invierno, así que el sombrero, la crema solar y una botella de agua no deben faltar.

Ten en cuenta que no se permite tocar los grabados ni salirse de los caminos marcados; el contacto con las manos y el pisoteo aceleran el deterioro de la pátina.

Si te interesa la fotografía, la luz lateral de primera hora o de última de la tarde es la que mejor resalta el relieve. Consulta en la web oficial o en tu alojamiento los horarios y las tarifas vigentes antes de ir, porque pueden cambiar.

Calcula entre una y dos horas para el recorrido y el centro de visitantes, y algo más si quieres ver con calma los alrededores, donde no es raro cruzarse con rastros de los elefantes del desierto que recorren el valle del Aba-Huab.

Qué ver cerca de Twyfelfontein

Twyfelfontein es el centro de un pequeño circuito que se puede completar en un día.

A pocos kilómetros están la Montaña Quemada, una ladera de rocas ennegrecidas y rojizas por el calor del magma, y los Organ Pipes, un barranco donde la dolerita se enfrió formando columnas que recuerdan los tubos de un órgano.

En la misma zona funciona un museo vivo damara, donde miembros de la comunidad muestran técnicas tradicionales, juegos y artesanías.

Más al este, de camino a Khorixas, se encuentra el Bosque Petrificado, con troncos fosilizados de gran tamaño.

Y si sigues hacia el sur, puedes enlazar con el macizo de Brandberg y sus pinturas rupestres, lo que permite comparar dos maneras muy distintas de expresión artística: el grabado sobre roca de Twyfelfontein y la pintura con pigmentos de la Dama Blanca.

Planifica tu viaje por Damaraland y Namibia:

• Guía de Damaraland

• Picos de Spitzkoppe

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