La pasarela Boomslang entre proteas en el Jardín Botánico Kirstenbosch
El Jardín Botánico Nacional de Kirstenbosch, fundado en 1913 en la falda oriental de Table Mountain, es uno de los jardines botánicos más conocidos del planeta y forma parte de un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Destaca por su pasarela aérea Boomslang, su colección de proteas reales y su consagración exclusiva a la flora autóctona del Cabo.
Por Daniel
- Ubicación
- Rhodes Drive, distrito de Newlands, Ciudad del Cabo
- Colección botánica
- Miles de especies autóctonas del reino floral del Cabo
El Jardín Botánico Kirstenbosch representa el triunfo de la biodiversidad vegetal en Ciudad del Cabo. A diferencia de los jardines coloniales tradicionales, se diseñó exclusivamente para conservar y exhibir las joyas botánicas endémicas de Sudáfrica.

La pasarela Boomslang sobre el dosel arbóreo
La atracción estrella del parque es la Centenary Tree Canopy Walkway, cariñosamente apodada 'The Boomslang' (por la serpiente arbórea africana).
Esta pasarela ondulante de acero y madera de 130 metros de longitud serpentea por encima de las copas de los árboles a doce metros de altura, ofreciendo vistas de las paredes de la montaña y los viñedos de Constantia.
El jardín de proteas y los senderos de montaña
En sus colinas aterrazadas florece la imponente King Protea (Protea cynaroides), flor nacional de Sudáfrica, junto a centenares de variedades de brezos, ericas y cícadas fósiles.
Los domingos de verano, sus praderas de césped acogen multitudinarios conciertos de música al atardecer donde las familias acuden con cestas de pícnic y vino local.
Historia de Kirstenbosch
Mucho antes de que existiera el jardín, estas laderas ya marcaban un límite.
En 1660, el comandante holandés Jan van Riebeeck mandó plantar un seto de almendros silvestres, un arbusto autóctono, para señalar la frontera de la pequeña colonia de la Compañía Neerlandesa y separarla de las tierras de los pueblos khoikhoi.
Algunos tramos de aquel seto siguen vivos dentro del jardín y son uno de sus rincones con más carga histórica.
A finales del siglo XIX, Cecil Rhodes compró la finca y, a su muerte, la legó al Estado.
En 1913 se creó en ella el jardín botánico nacional, con una idea poco habitual para la época: dedicarlo sobre todo a las plantas autóctonas de Sudáfrica en lugar de a especies exóticas.
Su primer director, el botánico Harold Pearson, murió pocos años después y está enterrado en el propio jardín; su lápida lleva la célebre inscripción que invita a quien busque su monumento a mirar a su alrededor.
Hoy el jardín lo gestiona el Instituto Nacional de Biodiversidad de Sudáfrica (SANBI) y forma parte del sitio Patrimonio de la Humanidad de las áreas protegidas de la región floral del Cabo, una de las zonas con mayor diversidad de plantas del planeta.
Qué ver en el jardín
Además de la pasarela Boomslang y del jardín de proteas, Kirstenbosch se organiza en espacios temáticos que vale la pena recorrer.
El invernadero, de techo acristalado, reúne plantas de las zonas áridas de Sudáfrica y Namibia, como suculentas, aloes y un baobab, que no podrían sobrevivir al aire libre con las lluvias invernales del Cabo.
El jardín de fragancias, con plantas aromáticas a la altura de la mano, y el jardín de plantas útiles, dedicado a las especies medicinales y de uso tradicional, son otros dos espacios muy agradables.
Uno de los rincones más bonitos es el Dell, un pequeño valle sombreado con helechos arborescentes en torno al baño del coronel Bird, un estanque alimentado por un manantial que se construyó a comienzos del siglo XIX.
Cerca se encuentra el anfiteatro de las cícadas, plantas de linaje antiquísimo que ya existían en tiempos de los dinosaurios. Repartidas por el césped, varias esculturas de piedra de artistas del sur de África dan al paseo un toque artístico.
No te pierdas tampoco la avenida de alcanforeros y las higueras de gran tamaño plantadas en tiempos de Rhodes, ni el jardín de ericas, que muestra la enorme variedad de este género en la región.
Si buscas tranquilidad, los senderos de la parte alta del jardín, ya dentro del bosque autóctono de la montaña, suelen estar mucho menos concurridos.
Fauna y curiosidades
Las proteas atraen a los suimangas y al promerópido del Cabo, un pájaro de cola larguísima que se alimenta del néctar de estas flores y es uno de los emblemas de la región.
En el césped y entre los arbustos es fácil ver pintadas y francolines del Cabo, y en las praderas abiertas suelen pastar parejas de gansos del Nilo.
Kirstenbosch tiene un banco de semillas y programas de conservación de especies amenazadas del fynbos, muchas de ellas con poblaciones diminutas en estado silvestre.
El jardín está en la cara oriental de Table Mountain, por lo que recibe más lluvia que el centro de la ciudad y la montaña lo protege de parte del viento.
Consejos para la visita
Para un recorrido tranquilo por las zonas principales calcula entre dos y tres horas; si quieres hacer algún sendero o detenerte en el invernadero y los jardines temáticos, dedícale media jornada. El terreno está en pendiente, así que el calzado cómodo es casi obligatorio.
Hay un servicio de carritos guiados para quienes tienen dificultades para caminar. Para los datos prácticos, acude a la web oficial del lugar.
Cada estación ofrece algo distinto. La primavera austral, de agosto a octubre, es el momento de mayor floración, con muchas especies del fynbos y flores de bulbo en su esplendor. El verano trae los conciertos al atardecer en el césped, que conviene reservar con antelación.
En invierno el jardín está más verde y tranquilo, y algunas proteas y aloes florecen justamente en esa época. Después de las lluvias, el olor de la tierra y las plantas aromáticas es especialmente intenso.
Para los más aventureros, del jardín parten dos de las rutas clásicas de subida a Table Mountain: Skeleton Gorge y Nursery Ravine. Son senderos exigentes, con escaleras de madera, raíces y algún paso con escalerillas, que llevan hasta la meseta en unas horas.
Sal temprano, lleva agua y ropa de abrigo, y consulta la previsión, porque las nubes pueden cubrir la cima en poco tiempo.
Qué ver cerca de Kirstenbosch
Kirstenbosch está a las puertas del valle de Constantia, la zona vinícola más antigua de Sudáfrica, con bodegas históricas como Groot Constantia, donde se puede visitar la casa de estilo holandés del Cabo y degustar sus vinos. Es una combinación muy habitual para una tarde.
Hacia el norte, el Rhodes Memorial, en la ladera de Devil's Peak junto a la Universidad de Ciudad del Cabo, ofrece amplias vistas sobre los suburbios del sur y las montañas del interior.
En dirección contraria, los barrios de Newlands y Claremont tienen cafés y restaurantes para terminar el día, y desde ellos es fácil volver al centro por la autopista que bordea la montaña.
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