Coyolxauhqui y Tlaltecuhtli, en el corazón mexica del Templo Mayor
El Templo Mayor (Huēyi Teōcalli) fue el corazón sagrado y cósmico de la civilización mexica en Tenochtitlan. Sus ruinas arqueológicas al aire libre y su vanguardista museo de sitio albergan piezas monumentales como el monolito de Coyolxauhqui y el relieve de Tlaltecuhtli.
Por Natalia · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Ubicación
- Seminario 8, Centro Histórico (a un costado de la Catedral Metropolitana)
- Descubrimiento clave
- Monolito de Coyolxauhqui descubierto fortuitamente en febrero de 1978
Ubicado a escasos pasos del Zócalo, el recinto arqueológico del Templo Mayor es el principal testimonio material de la grandeza del imperio mexica en Ciudad de México y en todo México.

El eje cósmico de Tenochtitlan y las siete etapas constructivas
Para los mexicas, el Huēyi Teōcalli representaba el centro exacto del universo, el punto de unión entre el cielo, la tierra y el inframundo (Mictlán).
La monumental pirámide doble estaba coronada por dos santuarios gemelos dedicados a Tláloc (dios de la lluvia y la fertilidad agrícola) en el lado norte, y a Huitzilopochtli (dios de la guerra y del sol triunfante) en el costado sur.
Al recorrer sus pasarelas elevadas de madera se pueden apreciar las siete etapas constructivas superpuestas, donde cada tlatoani ampliaba la pirámide envolviendo la estructura anterior con nuevas capas de piedra y estuco policromado, destacando los altares de serpientes ondulantes y la Casa de las Águilas (Cuauhcalli).
El museo del Templo Mayor y los grandes monolitos mexicas
El extraordinario museo de sitio, diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, resguarda miles de piezas arqueológicas descubiertas durante las excavaciones.
La pieza estelar es el monumental disco de piedra de Coyolxauhqui (diosa lunar decapitada, en un disco de unos tres metros de diámetro).
En el museo se exhibe además el colosal monolito policromado de Tlaltecuhtli (la deidad terrestre de la muerte y la creación descubierta en 2006), junto a ofrendas funerarias intactas con máscaras olmecas, cuchillos ceremoniales de pedernal con rostros humanos y guerreros águila de terracota a escala real.
Consejo arqueológico: Dedica al menos dos horas completas para visitar primero las ruinas al aire libre y después profundizar en las ocho salas temáticas del museo de sitio, que explican la religión, el comercio y el tributo militar de los mexicas.
Cómo se redescubrió el Templo Mayor
Tras la conquista de Tenochtitlan, los españoles derribaron el gran templo y reutilizaron sus piedras para levantar la nueva ciudad, de modo que durante siglos su ubicación exacta quedó enterrada bajo casas, calles y conventos.
Algunas pistas salieron a la luz de forma accidental: a finales del siglo XVIII, durante unas obras en la plaza mayor, aparecieron la Piedra del Sol y la escultura de Coatlicue, y a comienzos del siglo XX diversas excavaciones identificaron restos de escalinatas y de una esquina de la pirámide.
El momento decisivo llegó en 1978, cuando trabajadores de la compañía de electricidad que hacían una obra en la esquina de las calles Guatemala y Argentina toparon con un enorme disco de piedra labrada: era la Coyolxauhqui.
El hallazgo dio origen al Proyecto Templo Mayor, dirigido por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, que llevó a demoler varias manzanas de edificios para sacar a la luz los restos del recinto sagrado que hoy recorres.
El mito que explica el templo
Para entender lo que ves conviene conocer el mito del nacimiento de Huitzilopochtli. Según la tradición mexica, la diosa Coatlicue quedó embarazada de forma milagrosa mientras barría en el cerro de Coatépetl, el cerro de la serpiente.
Su hija, Coyolxauhqui, y sus cuatrocientos hermanos, ofendidos, decidieron matarla, pero Huitzilopochtli nació armado en ese instante, derrotó a sus hermanos y decapitó a Coyolxauhqui, cuyo cuerpo rodó desmembrado hasta el pie del cerro.
La mitad del Templo Mayor dedicada a Huitzilopochtli era una representación de ese cerro sagrado. Por eso la escultura de Coyolxauhqui se colocaba en la base de la escalinata, con el cuerpo despedazado, y las cabezas de serpiente que asoman en los extremos aluden al nombre del lugar mítico.
Cada vez que se realizaban ceremonias en lo alto, el templo revivía aquella victoria fundacional del dios solar sobre las fuerzas de la noche.
Detalles que conviene buscar entre las ruinas
Recorriendo las pasarelas, presta atención a las cabezas de serpiente esculpidas que todavía conservan restos de pintura, a los braseros ceremoniales y a las lápidas con relieves.
En el lado de Tláloc se encontró un chac mool, una escultura de figura recostada que sostiene un recipiente sobre el vientre, que conserva parte de su color original.
También destaca el muro decorado con cráneos tallados en piedra, que evoca los tzompantlis, los altares donde se exhibían los cráneos de los sacrificados.
Las excavaciones no han terminado. En los últimos años, los arqueólogos han localizado bajo las calles cercanas restos de un gran tzompantli y de otras estructuras del recinto sagrado, y cada cierto tiempo se anuncian nuevas ofrendas.
Saber que debajo de la Catedral y de los edificios vecinos siguen enterradas partes de Tenochtitlan le da a la visita una sensación especial: lo que ves es sólo una ventana a una ciudad mucho mayor.
Cabezas de serpiente con restos de pintura original.
El chac mool del lado de Tláloc.
El muro de cráneos tallados en piedra.
Las capas superpuestas de cada etapa constructiva.
Consejos para la visita
La zona arqueológica está al aire libre y tiene poca sombra, así que lleva sombrero o gorra, protector solar y agua, sobre todo si vas a mediodía en la temporada seca. En la temporada de lluvias, que suele concentrar los aguaceros por la tarde, es mejor ir por la mañana.
Empieza por las ruinas, para tener la imagen del conjunto, y deja el museo para después: así las piezas que verás dentro cobran sentido. Consulta horarios y precios en la web oficial antes de ir.
Los domingos el recinto recibe mucho público local, así que entre semana el recorrido es más cómodo.
Si te interesa la arqueología, una visita guiada o un buen libro sobre los mexicas antes de ir marcan una gran diferencia, porque los restos son complejos de leer sin contexto y las distintas etapas se superponen como capas de cebolla.
Qué ver cerca
El Templo Mayor está pegado a la Catedral Metropolitana y al Zócalo, así que la visita se combina de forma natural con ambos. En el Palacio Nacional, al otro lado de la plaza, los murales de Diego Rivera narran justamente la historia de Tenochtitlan y la conquista.
A pocas cuadras al norte, el Antiguo Colegio de San Ildefonso conserva murales de José Clemente Orozco, y el edificio de la Secretaría de Educación Pública guarda otro gran ciclo de Rivera.
Muy cerca, en la calle República de Guatemala, el Centro Cultural de España tiene en su sótano restos arqueológicos que se identifican con el calmécac, la escuela donde se formaban los jóvenes nobles mexicas.
Y la plaza de Santo Domingo, con sus portales y su iglesia barroca, es un buen lugar para cerrar el paseo por esta parte del centro histórico.
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