Una curva del Avon abraza los Jardines Botánicos de Christchurch
Fundados en 1863 a orillas de una curva sinuosa del río Avon, los Jardines Botánicos de Christchurch son el orgullo de la 'Ciudad Jardín'. Sus 21 hectáreas acogen colecciones excepcionales de coníferas centenarias, invernaderos de orquídeas tropicales, jardines de plantas nativas de Nueva Zelanda y apacibles rosaledas aromáticas.
Por Natalia
Información clave
- Año de fundación
- 1863 con la plantación de un roble inglés conmemorativo
- Superficie ajardinada
- 21 hectáreas junto a un meandro del río Avon
- Invernaderos destacados
- Cuningham House, Townend House y Garrick House de cactus
- Centro de visitantes
- Edificio moderno de cristal con cafetería Ilex y tienda botánica
Qué ver y experiencia en la visita

Establecidos en 1863 para conmemorar el matrimonio del príncipe Alberto Eduardo con la princesa Alejandra de Dinamarca mediante la plantación del célebre 'Roble del Príncipe', los Jardines Botánicos de Christchurch se han consolidado como una de las instituciones científicas y ornamentales más prestigiosas del hemisferio sur.
El recinto está bordeado en buena parte por un meandro del río Avon (Ōtākaro), permitiendo a los visitantes pasear bajo la sombra de sauces llorones, secuoyas colosales y cedros del Líbano de más de siglo y medio de antigüedad.
El jardín de rosas Central Rose Garden alberga numerosas variedades modernas y antiguas de rosas de embriagadora fragancia.
Los pabellones de cristal como Cuningham House, una elegante estructura acristalada de estilo neoclásico inaugurada en 1924, exhiben orquídeas exóticas, helechos arborescentes tropicales y plantas carnívoras, mientras que el jardín de flora nativa Neozelandesa permite admirar la singular vegetación endémica del bosque de Canterbury.
La Ciudad Jardín y el origen de los jardines
Christchurch se presenta desde hace más de un siglo como la Ciudad Jardín de Nueva Zelanda, y los Jardines Botánicos son el corazón de esa identidad.
Los colonos que fundaron la ciudad a mediados del siglo XIX trajeron consigo la tradición paisajística inglesa y una enorme cantidad de semillas y plantas europeas, que se adaptaron muy bien al clima templado de Canterbury.
Los jardines nacieron en parte como un lugar de recreo y en parte como un espacio para aclimatar especies y probar qué podía crecer en esta tierra.
Con el tiempo, la colección se fue ampliando con plantas de todo el mundo y, de forma cada vez más consciente, con flora nativa de Nueva Zelanda, que durante mucho tiempo había quedado relegada frente a las especies importadas.
Hoy los jardines combinan ambos mundos: los grandes árboles europeos plantados por los primeros colonos y las colecciones dedicadas a las plantas propias del país, muchas de ellas propias del país y adaptadas a condiciones muy particulares.
Los terremotos de 2010 y 2011 afectaron a algunos edificios del recinto, pero los jardines siguieron siendo un refugio para los vecinos en los años más duros de la reconstrucción.
Para muchos habitantes de Christchurch, pasear por aquí era una manera de recuperar algo de normalidad mientras el centro estaba cerrado y lleno de obras.
Recorrido por los rincones más destacados
Una buena forma de empezar es por el centro de visitantes, un edificio moderno de madera y cristal donde puedes orientarte con los mapas del recinto y conocer las exposiciones temporales. Desde allí, los senderos se abren hacia las distintas colecciones.
Merece la pena recorrer el jardín acuático, con sus estanques, plantas de ribera y pequeños puentes, y el jardín de rosas patrimoniales, dedicado a variedades antiguas que contrastan con las rosas modernas del gran jardín central.
Otro rincón muy fotografiado es la Fuente del Pavo Real, una fuente ornamental de hierro fundido de principios del siglo XX, con sus colores llamativos y sus figuras de pavos reales, que fue restaurada tras años de abandono.
También es interesante el jardín de plantas neozelandesas, donde puedes ver helechos, árboles y arbustos nativos, muchos de ellos exclusivos del país. Para descansar, nada como los grandes prados abiertos junto al río, donde los vecinos se tumban al sol en los días buenos.
El centro de visitantes, para orientarte y ver las exposiciones temporales.
El jardín acuático, con estanques y plantas de ribera.
El jardín de rosas patrimoniales, con variedades antiguas.
La Fuente del Pavo Real, uno de los elementos más llamativos del recinto.
La colección de flora nativa de Nueva Zelanda.
Cuándo ir: los jardines a lo largo del año
Una de las ventajas de los jardines es que cambian mucho de una estación a otra. En primavera austral, entre septiembre y noviembre, florecen los narcisos, los cerezos y los rododendros, y los prados se llenan de color.
El verano es la temporada de las rosas y de los largos atardeceres, cuando el parque se llena de familias y de gente que hace picnic.
En otoño, entre marzo y mayo, los árboles de hoja caduca se tiñen de rojos, ocres y dorados, y es probablemente la estación más fotogénica.
Incluso en invierno, cuando hace frío y la mayoría de los árboles europeos están sin hojas, el paseo tiene su atractivo: los invernaderos ofrecen un refugio cálido lleno de plantas tropicales, y los jardines están mucho más tranquilos.
Las primeras horas de la mañana, con niebla sobre el río, tienen un encanto especial en esta época del año.
Consejos para la visita
Para recorrer las principales colecciones con calma conviene dedicar al menos dos horas, aunque es fácil pasar media jornada si te detienes en los invernaderos o haces un picnic.
Lleva calzado cómodo, porque los caminos son extensos, y protección solar en verano, ya que el sol en Nueva Zelanda es muy intenso. Hay zonas de juego para niños, por lo que es un buen plan para familias.
Los jardines se combinan muy bien con un paseo en barca por el Avon: junto al recinto hay embarcaderos históricos desde donde salen las barcas de punting y donde también se pueden alquilar canoas o kayaks.
Los horarios de los invernaderos, del centro de visitantes y de las actividades pueden cambiar según la temporada, así que conviene consultarlos en la web oficial antes de ir.
Qué ver cerca
Los jardines están rodeados por Hagley Park, un enorme parque urbano con senderos, campos deportivos y largas avenidas de árboles, ideal para caminar, correr o ir en bicicleta. En primavera, algunas de sus avenidas de cerezos se convierten en uno de los paisajes más esperados del año en la ciudad.
Al salir por el lado de Rolleston Avenue tienes a pocos pasos el Museo de Canterbury y el Arts Centre, con sus patios neogóticos, y algo más allá la Galería de Arte de Christchurch.
Siguiendo el río hacia el este llegarás al centro de la ciudad, con New Regent Street, Cathedral Square y el mercado de Riverside. Es fácil enlazar todo en un mismo día a pie o con el tranvía histórico, que pasa muy cerca.
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