La catedral de cartón que Shigeru Ban levantó tras el terremoto

La Catedral de Transición (Cardboard Cathedral), diseñada por el renombrado arquitecto japonés Shigeru Ban tras el terremoto de 2011, es un icono mundial de innovación y resiliencia. Construida con decenas de tubos de cartón prensado protegidos contra incendios y agua, policarbonato y contenedores de carga, alberga vidrieras geométricas multicolores.

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Información clave

Arquitecto autor
Shigeru Ban (premio Pritzker de arquitectura en 2014)
Material estructural
Tubos de cartón industrial de 60 cm de diámetro tratados
Año de consagración
Agosto de 2013 como templo temporal anglicano
Capacidad de aforo
Espacio para 700 feligreses y conciertos acústicos
Ubicación
Latimer Square, esquina de Hereford Street y Madras Street

Qué ver y experiencia en la visita

La innovadora Catedral de Cartón diseñada por Shigeru Ban con tubos de cartón y vidrieras triangulares.
Jocelyn Kinghorn (CC BY-SA 2.0)

Tras el devastador sismo de febrero de 2011 que derribó la torre de la centenaria catedral de piedra neogótica en Cathedral Square, la comunidad de Christchurch necesitaba un espacio sagrado temporal que simbolizara la esperanza y la capacidad de renacimiento de la ciudad. El arquitecto japonés Shigeru Ban donó su diseño de arquitectura de emergencia.

El edificio adopta una forma triangular en 'A' de más de veinte metros de altura, levantada sobre una base de ocho contenedores marítimos de acero apilados que actúan como muros perimetrales estables.

La estructura del tejado se compone de decenas de tubos de cartón prensado de alta resistencia ignifugados e impermeabilizados, envueltos por una cubierta translúcida de policarbonato.

La fachada frontal está dominada por una espectacular vidriera triangular compuesta por paneles triangulares de cristal tintado inspirados en el rosetón de la antigua catedral. Su acústica cálida y su atmósfera luminosa la convierten en un espacio cultural y espiritual muy visitado de Christchurch.

Shigeru Ban y la arquitectura de emergencia

Para entender la Catedral de Transición hay que conocer la trayectoria de su autor. Shigeru Ban lleva décadas experimentando con tubos de papel y cartón como material de construcción, una idea que durante mucho tiempo se consideró una rareza.

Su trabajo ganó notoriedad internacional con los refugios y edificios provisionales que diseñó tras distintas catástrofes, como el terremoto de Kobe de 1995, después del cual levantó una pequeña iglesia de tubos de papel para una comunidad que había perdido su templo.

Esa experiencia es el antecedente directo de lo que años más tarde haría en Christchurch.

Su enfoque parte de una pregunta sencilla: cómo construir rápido, barato y con dignidad cuando una comunidad lo ha perdido todo. El cartón es ligero, se fabrica en casi cualquier lugar y puede tratarse para resistir el agua y el fuego.

En Christchurch, sin embargo, las exigentes normas sísmicas del país obligaron a combinar los tubos con piezas de madera y elementos de acero que aportan resistencia, de modo que el cartón trabaja junto a otros materiales.

Aun así, es el que define la imagen del edificio y el que le dio su apodo popular.

Un templo provisional que se quedó

La catedral se levantó en el solar de una iglesia anglicana del centro que había quedado destruida por los terremotos, frente a Latimer Square, en una zona algo apartada del bullicio de Cathedral Square.

La idea inicial era que funcionara durante algunos años mientras se decidía qué hacer con la gran catedral de piedra, cuya restauración fue objeto de un largo y apasionado debate entre quienes querían demolerla y quienes defendían recuperarla.

Finalmente se optó por restaurar la catedral histórica, un proyecto largo y complejo que todavía avanza. Mientras tanto, la Catedral de Transición ha seguido funcionando como sede de la comunidad anglicana de la ciudad, con oficios regulares, bodas, funerales y celebraciones.

También acoge conciertos, actos cívicos y exposiciones, y se ha convertido en uno de los espacios más queridos de la ciudad, mucho más allá de lo que se imaginó cuando se proyectó como solución temporal.

Qué mirar dentro y fuera

Desde el exterior llama la atención la silueta triangular, casi como una tienda de campaña gigante, y la forma en que los tubos de cartón asoman a través de la cubierta translúcida.

Al entrar, lo primero que se nota es la luz: el policarbonato deja pasar una claridad suave que cambia a lo largo del día, y el espacio se siente amplio y cálido a pesar de la sencillez de los materiales.

Vale la pena caminar hasta el fondo de la nave y darse la vuelta para ver la gran vidriera desde dentro, con el sol atravesándola.

Los tubos que forman el techo se apoyan unos junto a otros, separados por pequeñas ranuras por las que se filtra la luz.

Fíjate también en los contenedores marítimos de la base, que no se esconden y que en el interior se aprovechan como espacios auxiliares, y en el mobiliario, que en buena parte sigue la misma lógica de materiales ligeros.

Los triángulos de colores de la vidriera se inspiran en el rosetón de la antigua catedral, un guiño que conecta el edificio nuevo con la historia que vino a sustituir.

  • La vidriera triangular de la fachada, mejor vista desde el interior con luz de día.

  • Los tubos de cartón del techo y la luz que se filtra entre ellos.

  • Los contenedores de acero de la base, integrados en el edificio.

  • La sencillez del altar y del mobiliario, coherente con el espíritu del proyecto.

Consejos para la visita

La catedral es un templo en uso, así que conviene tenerlo en cuenta: si coincides con un oficio, una boda o un funeral, lo adecuado es esperar o volver más tarde.

Para recorrerla con calma basta con media hora, aunque si te interesa la arquitectura quizá quieras quedarte un rato sentado observando cómo cambia la luz. Las condiciones de visita y los horarios pueden variar, por lo que conviene consultarlos en su web oficial antes de ir.

Si te coincide, asistir a un concierto o a un oficio con música es una buena manera de comprobar la calidez acústica del espacio. Las mañanas suelen ser más tranquilas que las tardes, cuando llegan más grupos y visitantes.

Al estar a poca distancia del centro, es fácil llegar caminando y combinarla con otros lugares relacionados con la reconstrucción de la ciudad.

Qué ver cerca

A pocos minutos a pie se encuentra la instalación de las 185 sillas blancas, un memorial creado por un artista local en recuerdo de las personas que murieron en el terremoto de febrero de 2011.

Cada silla es distinta, desde sillas de oficina hasta tronas de bebé, y el conjunto resulta muy conmovedor en su sencillez. Latimer Square, al lado, es un buen lugar para descansar un momento entre árboles.

A unos minutos a pie hacia el oeste está Cathedral Square, donde puedes ver el avance de las obras de la catedral de piedra, y más allá New Regent Street y el río Avon.

A orillas del río, a partir del puente de Montreal Street, se encuentra el Memorial Nacional del Terremoto de Canterbury, un muro con los nombres de las víctimas, junto al agua del Avon.

Recorrer estos lugares en el mismo paseo ayuda a entender lo que vivió la ciudad y cómo se ha ido levantando.

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