Por la Torre del Reloj se entra a la Ciudad Amurallada de Cartagena
La Torre del Reloj es la emblemática puerta principal de acceso a la Ciudad Amurallada de Cartagena de Indias. Erigida en el siglo XVII y coronada por una aguja neogótica y un reloj suizo en 1888, da paso a la histórica Plaza de los Coches y al tradicional Portal de los Dulces.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El portal de entrada a la ciudad heroica
Emplazada entre el Muelle de los Pegasos y el casco colonial de Cartagena, la Torre del Reloj es el monumento más fotografiado y reconocido del Caribe colombiano.
Originalmente contaba con un puente levadizo de madera sobre el foso marítimo que protegía la urbe de los ataques de corsarios y piratas ingleses y franceses.
Plaza de los Coches y el Portal de los Dulces
Al cruzar sus tres arcos de piedra labrada se accede a la Plaza de los Coches, presidida por la estatua de Pedro de Heredia (fundador de la ciudad) y rodeada de casonas coloniales con balcones de madera y portales de arquería.
Bajo sus soportales opera el famoso Portal de los Dulces, donde palenqueras y dulceras tradicionales ofrecen frascos y bandejas de cocadas de coco con piña, panelitas de leche, caballitos de papaya y dulces de tamarindo.
Paseo en carruaje: En la base de la torre se puede contratar un tradicional paseo en coche tirado por caballos al caer la tarde para recorrer las calles amuralladas iluminadas por farolas coloniales.
De la Boca del Puente a la Puerta del Reloj
Durante la época colonial, esta entrada se conocía como la Boca del Puente, porque desde ella partía el puente que unía el recinto amurallado con el arrabal de Getsemaní, al otro lado del agua.
Era el acceso principal a la ciudad por tierra y, por tanto, uno de los puntos más vigilados de todo el sistema defensivo. Por la noche se cerraba, y quien llegaba tarde tenía que esperar fuera hasta el amanecer.
La torre con el reloj que hoy identifica a la puerta es un añadido del periodo republicano, del siglo XIX, cuando Cartagena ya era parte de la Colombia independiente y las murallas habían perdido buena parte de su función militar.
Ese remate dio a la puerta su nombre popular y la convirtió en el gran símbolo de la ciudad.
Con el tiempo el antiguo foso se rellenó y el puente desapareció, de modo que hoy se llega a pie desde una plaza abierta, sin rastro visible de aquel paso sobre el agua.
Qué mirar al cruzar la puerta
Antes de atravesarla, detente un momento en la explanada exterior y mira la fachada completa: verás el cuerpo bajo de la muralla, macizo y de piedra, y encima la torre más ligera, con el reloj en lo alto y una silueta claramente distinta del resto de la fortificación.
Es una buena muestra de cómo la ciudad fue sumando capas de épocas diferentes sobre el mismo edificio.
Al pasar bajo los arcos, fíjate en el grosor de los muros, que da una idea de lo que suponía defender la ciudad de los ataques navales.
Los vanos laterales tuvieron usos distintos a lo largo de los siglos, y la tradición local cuenta que uno sirvió como capilla y otro como depósito de armas para la guardia de la puerta.
Al salir al otro lado, el cambio de escala es inmediato: de la explanada amplia pasas a una plaza rodeada de balcones y soportales.
La Plaza de los Coches y su pasado
La plaza que se abre tras la puerta debe su nombre a los coches de caballos que esperaban allí a los viajeros, una tradición que en cierto modo continúa con los carruajes turísticos.
Pero su historia tiene un capítulo mucho más oscuro: en tiempos coloniales, Cartagena fue uno de los principales puertos de entrada de personas africanas esclavizadas en América, y este espacio está asociado a la compraventa de seres humanos que sostuvo la economía de la ciudad durante siglos.
Tener presente ese pasado cambia la manera de mirar la plaza.
Las palenqueras que hoy venden fruta y dulces en el centro, con sus vestidos de colores, son herederas culturales de San Basilio de Palenque, una comunidad fundada por personas que escaparon de la esclavitud y que la UNESCO reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial.
Si les pides una foto, lo habitual es comprarles algo o dejarles una propina: es su forma de ganarse la vida.
Consejos para la visita
La Torre del Reloj no se visita por dentro como un museo: se disfruta atravesándola, fotografiándola y usándola como punto de partida para explorar el centro. Por eso es un buen lugar de encuentro si viajas en grupo o si quedas con un guía para recorrer la ciudad amurallada.
A primera hora de la mañana hay poca gente y la luz es suave, ideal para fotografiar la puerta sin multitudes.
Al atardecer la torre se ilumina y la zona se llena de vida, aunque también de vendedores; ten a mano tu cartera y el móvil.
Si quieres dar un paseo en carruaje, acuerda el precio y la duración del recorrido antes de subir.
En el Portal de los Dulces conviene probar antes de comprar y preguntar el precio de cada pieza.
Ten en cuenta que el entorno de la puerta es una zona de mucho tráfico, con avenidas anchas alrededor. Cruza siempre por los pasos señalizados, sobre todo si vienes desde Getsemaní o desde el muelle.
Qué ver alrededor de la Torre del Reloj
Justo frente a la puerta, del lado exterior, está el Camellón de los Mártires, un paseo con bustos que recuerdan a los patriotas ejecutados tras el largo asedio que sufrió la ciudad durante la reconquista española, en los años de la independencia.
Ese episodio es el que dio a Cartagena el apodo de la Ciudad Heroica. Muy cerca se encuentra el Parque del Centenario, un pequeño pulmón verde con árboles grandes y bancos a la sombra.
Hacia la bahía queda el Muelle de los Pegasos, reconocible por sus esculturas de caballos alados, desde donde salen muchas excursiones en barco.
Y cruzando la avenida llegas en pocos minutos a Getsemaní, el antiguo arrabal popular convertido en uno de los barrios más animados de la ciudad, con arte urbano, plazas llenas de vida y una oferta muy amplia de bares y restaurantes.
Hacia el interior, la Plaza de los Coches enlaza con la Plaza de la Aduana, una de las más amplias del centro, y desde allí puedes seguir hacia la iglesia de San Pedro Claver, dedicada al jesuita que atendió a los africanos esclavizados que llegaban al puerto. Así completas en un solo paseo la historia que empieza en esta puerta.
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