Castillo San Felipe de Barajas en Cartagena: fortaleza militar
El Castillo de San Felipe de Barajas es la mayor y más formidable fortificación militar construida por el Imperio Español en América, emplazada sobre el cerro de San Lázaro en Cartagena. Famoso por su laberinto de túneles subterráneos acústicos y por la heroica defensa de Blas de Lezo en 1741.
Por Quique · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La mayor fortaleza española en el nuevo mundo
Erigido en una colina estratégica que domina tanto el mar como la bahía y el acceso terrestre a Cartagena, el Castillo de San Felipe de Barajas es una obra maestra de la ingeniería militar renacentista y barroca concebida para resistir asedios prolongados.
La gesta de Blas de Lezo y los túneles secretos
En 1741, el almirante español Blas de Lezo ('Mediohombre'), al mando de solo 3.000 soldados y 6 navíos, derrotó frente a estos muros a la colosal armada británica del almirante Edward Vernon compuesta por 186 barcos y más de 27.000 hombres en una de las batallas más decisivas de la historia naval.
Los visitantes pueden internarse en las galerías subterráneas excavadas en la roca, diseñadas con trampas acústicas donde los soldados podían escuchar las pisadas de los invasores y detonar polvorines estratégicos.
Horario recomendado: Visita el castillo a primera hora de la mañana o por la tarde para evitar las horas de mayor calor y radiación solar sobre la piedra.
Historia de la fortaleza en el cerro de San Lázaro
Cartagena fue durante la Colonia uno de los puertos más importantes del Imperio español en América: por aquí pasaban las riquezas que se embarcaban rumbo a Europa y llegaban mercancías y personas esclavizadas. Esa importancia la convirtió en objetivo constante de corsarios y armadas enemigas, y obligó a la Corona a levantar un sistema defensivo enorme. El cerro de San Lázaro, una elevación junto a la ciudad, era una pieza clave, porque desde allí se controlaba el acceso por tierra y se podía bombardear el centro si caía en manos enemigas.
La primera fortificación en la cima fue un fuerte relativamente pequeño levantado a mediados del siglo XVII, que recibió su nombre en honor del rey Felipe IV. Aquella construcción inicial no impidió que la ciudad sufriera el duro asalto francés de finales del mismo siglo, en el que la posición fue tomada. La lección sirvió para reforzar las defensas, y la fortaleza fue creciendo con nuevas baterías y obras a lo largo del tiempo.
La gran transformación llegó en el siglo XVIII, después del ataque británico de 1741. El ingeniero militar Antonio de Arévalo dirigió una ampliación que envolvió todo el cerro con baterías escalonadas, rampas, muros inclinados y galerías, hasta darle el aspecto que ves hoy. Desde 1984 el castillo forma parte del conjunto de puerto, fortalezas y monumentos de Cartagena declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Cómo es el recorrido por el castillo
La visita empieza al pie del cerro y sube por rampas amplias, diseñadas para que los soldados pudieran mover cañones y suministros. A medida que asciendes vas atravesando distintos niveles de baterías, cada uno con su propia función defensiva. Fíjate en cómo los muros se adaptan a la forma de la colina y en la inclinación de las paredes, pensada para desviar los proyectiles y dificultar que el enemigo trepara.
Las galerías subterráneas son la parte que más emociona a los visitantes. Son pasillos estrechos, en algunos tramos bajos y oscuros, que comunicaban distintas zonas de la fortaleza y permitían moverse sin quedar expuesto al fuego enemigo. Hoy se puede recorrer una parte de ellas, algunas iluminadas, y se nota enseguida el cambio de temperatura y el eco de los pasos, que da una idea de lo que suponía vigilar estos túneles durante un asedio.
En la parte alta te espera la recompensa: una vista amplia de Cartagena, con la Ciudad Amurallada, Getsemaní, la bahía, los rascacielos de Bocagrande y, en la otra dirección, el cerro de la Popa con su convento. Es un excelente lugar para entender la geografía de la ciudad y por qué este cerro tenía tanto valor estratégico. En lo alto ondea además una gran bandera de Colombia que se ve desde buena parte de la ciudad.
Curiosidades del castillo
Al pie de la fortaleza hay una estatua de Blas de Lezo, el almirante que dirigió la defensa de 1741 y que había perdido una pierna, un ojo y el uso de un brazo en combates anteriores, de ahí el apodo de Mediohombre.
Sobre el asalto británico al cerro circula una historia muy repetida: que las escalas de los atacantes resultaron demasiado cortas para superar los muros. Es más un relato popular que un dato comprobado, pero forma parte de la memoria del lugar.
Tras el fracaso de la expedición, en Inglaterra ya se habían acuñado medallas que celebraban una victoria que nunca llegó.
Otro detalle que pasa desapercibido es el material: buena parte de las defensas de Cartagena se levantó con piedra coralina extraída de canteras de la zona, la misma que verás en las murallas. Si te acercas a los muros, en algunos sitios se distinguen las formas de los antiguos corales y conchas atrapados en la piedra.
Consejos para la visita
Reserva al menos una hora y media o dos horas para recorrer el castillo con calma, y algo más si quieres detenerte en los túneles y en los miradores. La subida no es especialmente difícil, pero hay rampas y escaleras con poca sombra, así que conviene ir con calzado cómodo, ropa ligera, sombrero, protector solar y agua. Si te agobian los espacios cerrados, puedes saltarte las galerías más estrechas y disfrutar del resto del recorrido.
Contratar un guía en la entrada o recurrir a una audioguía ayuda mucho a entender lo que ves, porque la fortaleza tiene muchos rincones cuya función no es evidente a simple vista. Los horarios y las tarifas pueden cambiar, así que conviene consultarlos en la web oficial antes de ir. Si viajas en temporada alta, llegar a la apertura te permite recorrer los túneles con menos gente.
Qué ver cerca del castillo
Justo detrás de la fortaleza se encuentra el monumento a los Zapatos Viejos, una gran escultura de un par de zapatos que rinde homenaje al poeta cartagenero Luis Carlos López y a sus versos dedicados a la ciudad. Es una parada breve y simpática, y un buen lugar para hacer una foto distinta.
Desde el castillo se llega en pocos minutos a Getsemaní, ideal para comer o tomar algo después de la visita, y desde allí al Centro Histórico por la Torre del Reloj. Si te sobra tiempo, el Convento de la Popa, en la cima del cerro vecino, completa muy bien la jornada: allí podrás ver desde arriba el mismo castillo que acabas de recorrer.
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