La basílica de Saint-Michel acogía a peregrinos del Camino de Santiago
La Basílica de Saint-Michel, construida entre los siglos XIV y XVI con una torre terminada en 1492 que mide más de 114 metros, la cuarta más alta de Francia. Dañada por rayos y un terremoto y derribada por un huracán en 1768, fue reconstruida entre 1861 y 1869 por Paul Abadie. El templo acogió a peregrinos camino de Santiago de Compostela, y es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por esa ruta.
Por Florencia
- Ubicación
- Barrio de Saint-Michel, Burdeos
- Construcción
- Siglos XIV a XVI; la torre se terminó en 1492
- Altura de la torre
- Más de 114 metros, 4ª de Francia
- Reconocimiento
- Patrimonio UNESCO, ruta de Santiago de Compostela
La Basílica de Saint-Michel domina el barrio homónimo de Burdeos.

Un desafío monumental fuera de las murallas
Hacia 1330 comenzó la construcción de una nueva iglesia sobre el emplazamiento de un templo anterior, situado entonces fuera de las murallas de la ciudad.
Las obras se extendieron entre los siglos XIV y XVI, y hacia finales del siglo XV el maestro de obras Jean Lebas y sus hijos levantaron el campanario, rematado en 1492.
Una torre reconstruida tres veces y el camino de Santiago
La torre, o flèche, construida entre 1472 y 1492 sobre el antiguo osario del cementerio de la parroquia, superó los 114 metros de altura, siendo hoy el campanario más alto del sur de Francia y el cuarto del país.
La estructura sufrió varios rayos y los daños del terremoto de 1759, y un huracán la derribó en 1768; el arquitecto Paul Abadie la reconstruyó entre 1861 y 1869.
La basílica acogió durante siglos a los numerosos peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela, con una capilla dedicada al apóstol Santiago, lo que le valió su inclusión en el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO como parte de las Rutas de Santiago de Compostela.
Una iglesia de barrio, levantada por sus vecinos
A diferencia de la catedral, vinculada al arzobispado y a la aristocracia, Saint-Michel fue desde el principio la iglesia de un barrio de trabajadores. En la Edad Media esta zona, junto al Garona, estaba poblada por marineros, carpinteros de ribera, toneleros, comerciantes y artesanos que vivían del puerto.
Sus gremios y cofradías contribuyeron a la financiación de las obras, y muchas capillas laterales quedaron asociadas a esas corporaciones.
El resultado es un gran templo gótico de estilo flamígero, el último periodo del gótico, reconocible por sus tracerías en forma de llama en ventanas y portadas.
La construcción avanzó durante más de un siglo, con interrupciones por guerras y epidemias, en una época en la que Burdeos pasó del dominio inglés al francés, tras el final de la Guerra de los Cien Años.
Su condición de parada en el camino de Santiago le dio una vida especial.
Por aquí pasaban peregrinos que llegaban desde el norte de Europa y seguían viaje hacia los Pirineos, y la basílica, junto con la catedral de Saint-André y la iglesia de Saint-Seurin, forma parte del conjunto de monumentos franceses de la ruta jacobea reconocidos por la UNESCO.
Qué ver en la basílica
Lo primero que llama la atención es que la torre está separada del templo. La flèche se levanta aislada en la plaza, a unos pasos de la iglesia, una solución que se repite en otras iglesias de la región, como en la propia catedral de Burdeos.
Es el campanario más alto del sur de Francia y se ve desde muchos puntos de la ciudad y desde los puentes sobre el Garona, lo que lo convierte en una referencia constante al pasear.
Dentro, el templo se organiza en tres naves amplias y luminosas, rodeadas de capillas. Merece la pena recorrerlas con calma, porque cada una tiene su propio carácter: retablos, esculturas de distintas épocas, lápidas y vidrieras.
La capilla dedicada a Santiago recuerda la vinculación del templo con los peregrinos, y en ella se conservan un retablo de madera del siglo XVII y la tumba de un peregrino.
Fíjate también en las portadas exteriores, con esculturas y relieves que han sufrido el paso del tiempo, y en el contraste entre la piedra clara recién limpiada en algunos sectores y la piedra ennegrecida de otros.
Como en el resto de Burdeos, la restauración de las fachadas ha devuelto a muchos edificios el tono dorado de la piedra caliza local.
Curiosidades de Saint-Michel
Bajo la torre se encontraba una cripta donde durante mucho tiempo se exhibieron cuerpos momificados de forma natural, hallados en el antiguo cementerio parroquial. La exhibición se cerró al público a finales del siglo XX.
Escritores viajeros del siglo XIX, entre ellos Victor Hugo, dejaron descripciones impresionadas de esas momias.
La flèche está construida sobre el lugar que ocupaba el antiguo osario del cementerio de la parroquia.
Los vecinos suelen llamar a la torre simplemente la flèche, la flecha, por su silueta afilada.
El barrio de Saint-Michel
El entorno de la basílica es uno de los barrios con más personalidad de Burdeos. Sus calles estrechas mezclan edificios antiguos, tiendas de comestibles de distintos orígenes, cafés con terraza y pequeños restaurantes, reflejo de las distintas olas de inmigración que llegaron a la ciudad.
Es un barrio vivo y popular, muy distinto del Burdeos monumental de las grandes plazas del siglo XVIII.
Alrededor de la basílica se instalan mercados y puestos de antigüedades y objetos de segunda mano, sobre todo los fines de semana, que llenan la plaza de ambiente.
A pocos minutos a pie está el Marché des Capucins, el gran mercado cubierto de la ciudad, un buen lugar para probar productos locales, ostras de la cuenca de Arcachon o un almuerzo sencillo en sus barras.
Consejos para tu visita
La basílica es un lugar de culto activo, así que conviene respetar el silencio y evitar las visitas durante las celebraciones.
Para el interior basta con media hora; si quieres además subir a la torre, ten en cuenta que su apertura suele depender de la temporada, por lo que es mejor consultar horarios y condiciones en la web oficial o en la oficina de turismo antes de ir.
La subida se hace por escaleras estrechas y no es apta para quienes tengan problemas de movilidad o vértigo.
La luz de la mañana es la más favorable para fotografiar la fachada y la torre, y por la tarde la plaza se llena de vida con las terrazas.
Desde el centro se llega caminando por los muelles del Garona en un paseo agradable, o en tranvía hasta las paradas cercanas al barrio.
Qué ver cerca
Muy cerca se conservan dos de las antiguas puertas de la ciudad: la Porte de Bourgogne, frente al Pont de Pierre, y la Porte Cailhau, de aspecto medieval, que se puede visitar por dentro.
Cruzar el Pont de Pierre ofrece una de las mejores vistas de la fachada fluvial de Burdeos, con la flèche de Saint-Michel destacando sobre los tejados. Siguiendo los muelles hacia el norte se llega a la Place de la Bourse y su célebre espejo de agua.
Si prefieres seguir por el interior del casco antiguo, la calle de los Faures y las callejuelas vecinas te llevan hacia la Grosse Cloche, el antiguo campanario del ayuntamiento medieval, y desde allí hacia la catedral de Saint-André.
Así puedes enlazar en una misma mañana los dos grandes templos góticos de Burdeos y entender cómo se organizaba la ciudad en la Edad Media.





