Las Galerías Reales de San Huberto guardan la casa que inventó el praliné

Inauguradas en 1847, las Galerías Reales de San Huberto son una de las galerías comerciales cubiertas más antiguas de Europa, con una bóveda de vidrio y hierro que ilumina boutiques, cafés y chocolaterías históricas de Bruselas, entre ellas Neuhaus, la casa que inventó el bombón relleno (praliné) en 1912.

Por · Publicado el 14 de septiembre de 2026

Inauguradas en 1847, las Galerías Reales de San Huberto son una de las galerías comerciales cubiertas más antiguas de Europa, con una bóveda de vidrio y hierro que ilumina boutiques, cafés y chocolaterías históricas de Bruselas, entre ellas Neuhaus, la casa que inventó el bombón relleno (praliné) en 1912.

Ubicación
Entre la Grand-Place y la plaza de la Monnaie, Bruselas
Inauguración
1847
Arquitecto
Jean-Pierre Cluysenaar
Estructura
Tres galerías: du Roi, de la Reine y des Princes
Acceso
Paso público, entrada libre y gratuita
Interior acristalado de las Galerías Reales de San Huberto, una de las primeras galerías comerciales cubiertas de Europa.
William Murphy from Dublin, Ireland (CC BY-SA 2.0)

Historia, origen y significado cultural

Diseñadas por el arquitecto Jean-Pierre Cluysenaar e inauguradas en 1847 por el rey Leopoldo I, las Galerías Reales de San Huberto se consideran una de las primeras galerías comerciales cubiertas de Europa, un modelo arquitectónico que después se replicó en pasajes similares de otras ciudades del continente.

El proyecto sustituyó un antiguo dédalo de callejuelas insalubres del centro de Bruselas por un elegante pasaje techado que combinaba comercio de lujo, ocio y sociabilidad urbana bajo una misma bóveda de vidrio, una idea revolucionaria para la época que buscaba modernizar el centro histórico sin destruir su trazado medieval de fondo.

Qué ver y puntos más destacados

Las galerías se dividen en tres tramos: la Galerie du Roi, la Galerie de la Reine (la más extensa) y la pequeña Galerie des Princes, cada una con su propia personalidad comercial, desde boutiques de moda hasta libreros y salas de cine de época que todavía funcionan.

Entre sus locales históricos destaca la chocolatería Neuhaus, fundada en el propio pasaje en 1857 por el farmacéutico suizo Jean Neuhaus, y que en 1912 inventó el praliné, el bombón relleno que se convertiría en una de las señas de identidad del chocolate belga en todo el mundo.

Información práctica y consejos

Aspecto clave

Detalle recomendado

Consejo práctico

Horario

Paso público abierto permanentemente

Los comercios individuales tienen su propio horario

Chocolaterías históricas

Neuhaus y otras marcas belgas con tiendas dentro de las galerías

Buen lugar para comprar chocolate de calidad

Cine Arenberg

Sala de cine de arte y ensayo dentro del pasaje

Programación en varios idiomas

Fotografía

La bóveda de vidrio ofrece buena luz natural durante el día

Muy fotogénica también de noche, iluminada

Entra a media mañana entre semana para disfrutar del pasaje con menos afluencia y poder fotografiar la bóveda de vidrio sin demasiada gente cruzando el encuadre.

La arquitectura del pasaje

Cluysenaar se inspiró en los palacios del Renacimiento italiano para diseñar las fachadas interiores de las galerías.

A ambos lados del pasaje se repite un mismo esquema de tres niveles: en la planta baja, los escaparates de las tiendas enmarcados por arcos y pilastras; en los pisos superiores, ventanas y balcones que originalmente correspondían a viviendas.

Esa repetición ordenada, coronada por la cubierta de cristal sostenida por una estructura metálica, crea una perspectiva larga y luminosa que sigue impresionando.

Al entrar por cualquiera de sus extremos verás en el frontón la inscripción latina Omnibus omnia, que puede traducirse como todo para todos. Era una declaración de intenciones: un espacio abierto a cualquier paseante, donde comprar, conversar o simplemente resguardarse del mal tiempo.

El conjunto queda interrumpido por la rue des Bouchers, que separa la Galerie du Roi de la Galerie de la Reine, mientras que la Galerie des Princes se abre como un ramal lateral más corto.

Un detalle útil para orientarse es el cruce con la rue des Bouchers.

Allí, un peristilo marca el punto donde la calle cruza el conjunto y donde termina una galería y empieza la otra.

Vida cultural bajo la bóveda de cristal

Desde su inauguración, las galerías fueron mucho más que un lugar de compras.

Dentro del pasaje funciona el Théâtre Royal des Galeries, una sala histórica con programación teatral en francés, y a finales del siglo XIX el pasaje acogió algunas de las primeras proyecciones del cinematógrafo en Bélgica, poco después de su presentación en París.

Esa vocación cultural continúa hoy con el cine de arte y ensayo y con varias librerías especializadas.

Los cafés y restaurantes con mesas bajo la bóveda fueron durante el siglo XIX punto de encuentro de escritores, artistas y burgueses de Bruselas, en una época en que la ciudad recibía a numerosos intelectuales exiliados de otros países europeos.

Sentarse en una de esas terrazas cubiertas, con el murmullo de la gente que pasa, sigue siendo una de las formas más agradables de vivir el pasaje.

Qué comprar y qué probar

Además de las chocolaterías, que son el principal reclamo para muchos visitantes, en las galerías encontrarás marroquinería, sombrererías, joyerías, tiendas de guantes y papelerías, varias de ellas con décadas de historia.

Muchas mantienen los escaparates de madera y los rótulos clásicos, lo que hace que incluso mirar sin comprar resulte entretenido.

Si quieres probar chocolate belga, compara varias casas antes de decidirte: cada una tiene su estilo y sus especialidades, y en muchas puedes comprar los bombones por unidades para hacer tu propia selección.

Para un recuerdo que viaje bien, las tabletas y las cajas pequeñas resisten mejor los trayectos que los bombones rellenos de crema.

Cuándo recorrerlas

Las galerías son un refugio perfecto en los días de lluvia, tan frecuentes en Bruselas, y por eso suelen llenarse en cuanto empieza a llover.

Si buscas tranquilidad, la mañana temprano es el mejor momento: los comercios están abriendo, la luz entra limpia por la bóveda y puedes apreciar la perspectiva completa del pasaje.

Al caer la tarde, en cambio, la iluminación de los escaparates y las farolas interiores le da un ambiente cálido muy distinto. En época navideña, la decoración de las tiendas y la cercanía del mercado de Navidad del centro hacen que el paseo resulte especialmente animado.

Qué ver cerca de las galerías

Las galerías conectan dos zonas muy distintas del centro.

En un extremo, a pocos pasos, está la Grand-Place; en el otro, la zona de la plaza de la Monnaie, con el teatro de ópera del mismo nombre, donde en 1830 una representación de La muda de Portici encendió la revuelta que desembocó en la independencia de Bélgica.

Muy cerca también se encuentra la catedral de San Miguel y Santa Gúdula.

La rue des Bouchers, que cruza el pasaje, está llena de restaurantes con mostradores de marisco; conviene mirar bien la carta antes de sentarse. En un callejón que sale de ella, la impasse de la Fidélité, se esconde la Jeanneke Pis, la versión femenina del Manneken Pis.

Y en una callejuela próxima funciona el Théâtre Royal de Toone, un teatro de marionetas tradicional con una larga tradición familiar, ideal para conocer el humor popular bruselense.

Preguntas frecuentes

¿Es gratis pasear por las Galerías Reales de San Huberto?

Sí, el pasaje es un espacio de tránsito público de acceso libre y gratuito en todo momento; solo se paga al comprar en alguno de sus comercios.

¿Dónde se inventó el praliné (bombón relleno)?

Se inventó en 1912 en la chocolatería Neuhaus, ubicada dentro de las propias Galerías Reales de San Huberto desde 1857, y hoy es uno de los productos más asociados a la tradición chocolatera belga.

¿Cuántas galerías forman el conjunto de San Huberto?

Tres: la Galerie du Roi, la Galerie de la Reine (la de mayor longitud) y la más pequeña Galerie des Princes, todas conectadas entre sí bajo la misma bóveda de vidrio y hierro.

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