Palmeras de medio mundo en la isla Kitchener, en mitad del Nilo
La Isla Kitchener (Geziret an-Nabatat o Isla de las Plantas) es un exuberante jardín botánico insular ubicado en medio del Nilo en Asuán. Regalada a finales del siglo XIX al militar británico Horatio Herbert Kitchener, alberga una extraordinaria colección de palmeras, árboles exóticos y flores, muchos traídos de la India.
Por Daniel
- Ubicación
- Isla fluvial en el Nilo, junto a la isla Elefantina
- Cómo llegar
- En faluca o lancha motora desde cualquier muelle de la Corniche
La Isla Kitchener es el oasis vegetal más apacible y sombreado de Asuán. Conocida popularmente en Egipto como el Jardín Botánico de Asuán, esta estrecha franja de tierra insular en mitad de la corriente del río ofrece un paseo tranquilo entre fragancias tropicales y trinos de aves zancudas.

La pasión botánica de Lord Kitchener
Lord Horatio Kitchener, nombrado gobernador general de Sudán y apasionado de la botánica, transformó toda la isla en su cuartel general privado a finales del siglo XIX.
Con la colaboración del Ministerio de Agricultura egipcio y exploradores coloniales, importó cientos de variedades botánicas adaptadas al clima cálido del Alto Egipto, plantando avenidas de palmeras y todo tipo de árboles exóticos, muchos de ellos procedentes de la India.
Un santuario de aves del Nilo
El microclima húmedo y la densa vegetación de la isla la han convertido en una parada predilecta para bandadas de aves migratorias que cruzan el continente africano.
Al caminar por sus avenidas pavimentadas flanqueadas por buganvillas de intensos tonos fucsias es habitual avistar martines pescadores de pecho piamontés, garzas reales, abubillas y coloridos abejarucos esmeralda cazando insectos sobre las copas de los árboles.
De isla privada a jardín público
Herbert Kitchener, el militar británico al que está unida la historia de la isla, estaba al mando del ejército egipcio en los años de la campaña de Sudán a finales del siglo XIX, y Asuán era entonces la frontera sur y la base de operaciones de esa guerra.
En ese contexto recibió la isla y comenzó a llenarla de plantas traídas de distintos rincones del Imperio británico y de otras regiones tropicales, aprovechando el clima cálido y el agua del Nilo siempre a mano.
Con el tiempo, la isla pasó a manos del Estado egipcio y el Ministerio de Agricultura la convirtió en jardín botánico e institución de investigación.
Por eso, además de su valor como paseo, el jardín ha servido durante décadas para aclimatar y estudiar especies útiles para la agricultura y la jardinería del país. En Egipto se la conoce sobre todo como Geziret an-Nabatat, la isla de las plantas, más que por el nombre de Kitchener.
Qué ver en el jardín
El jardín ocupa toda la isla y se recorre por una red de senderos y avenidas que van de un extremo a otro. No hace falta seguir un itinerario fijo, pero hay algunos elementos que merece la pena buscar mientras paseas:
Las largas avenidas de palmeras, que forman los paisajes más fotogénicos del jardín.
Los grandes árboles de sombra, algunos de gran porte, bajo los que se descansa del sol de Asuán.
Los macizos de flores y buganvillas, que aportan color en buena parte del año.
Los carteles con los nombres de las especies, útiles para identificar plantas que difícilmente verás en otra parte de Egipto.
El extremo sur de la isla, desde donde hay buenas vistas del río, las rocas de granito y las velas de las falucas.
Presta atención a la diferencia entre el jardín y lo que ves en las orillas: a un lado el verde intenso de la isla, al otro las dunas doradas de la orilla occidental y las rocas oscuras del río.
Ese contraste entre el desierto y el agua es precisamente lo que hace tan especial el paisaje de Asuán.
La isla en el paisaje de la catarata
La isla Kitchener se encuentra en el tramo del Nilo que marca el inicio de la primera catarata, donde el río se abre paso entre islotes y bloques de granito.
Durante milenios, esta zona fue la frontera natural entre Egipto y Nubia, y el granito de sus canteras sirvió para levantar obeliscos, estatuas y templos en todo el país. Rodeando la isla en barca verás muchas de esas rocas redondeadas y pulidas por el agua.
Muy cerca, la isla Elefantina conserva los restos de la antigua ciudad de Abu, uno de los asentamientos más antiguos de la región, y en la orilla occidental se levantan las tumbas de los nobles y el mausoleo del Aga Khan.
Todo ese conjunto se aprecia muy bien desde el agua, y la isla Kitchener es una parada natural dentro de ese recorrido fluvial.
Curiosidades de la isla
Pocos visitantes saben que el hombre que plantó este jardín es el mismo cuyo rostro aparece en uno de los carteles de propaganda más famosos de la historia: el de la Primera Guerra Mundial en el que Kitchener, ya ministro de Guerra británico, señala con el dedo al espectador para animarlo a alistarse.
Murió en 1916, cuando el buque en el que viajaba hacia Rusia se hundió frente a las islas Orcadas, en Escocia. Resulta curioso que su recuerdo más amable en Egipto sea precisamente este jardín tranquilo en medio del Nilo.
Otra curiosidad es su forma: la isla es larga y estrecha, de modo que desde casi cualquier punto del jardín se intuye el río a pocos pasos, entre los troncos de las palmeras.
Consejos para la visita
La forma más habitual de llegar es en faluca o en lancha, casi siempre dentro de un paseo por el río que incluye varias paradas.
Acuerda con el barquero antes de embarcar la duración del paseo, las paradas y el precio, y deja claro cuánto tiempo quieres pasar en la isla. Para recorrer el jardín con calma calcula entre una hora y hora y media. Horarios y precios de entrada pueden cambiar, así que conviene consultarlos antes de ir.
Las primeras horas de la mañana y la última parte de la tarde son las más agradables, tanto por la temperatura como por la luz y la actividad de las aves.
Si te interesa la ornitología, lleva prismáticos: las orillas y los árboles de la isla son un buen lugar para observar especies ligadas al río. Un repelente de insectos y una botella de agua completan el equipo básico, y en los meses de calor no olvides la gorra.
Qué ver cerca de la isla Kitchener
Desde el embarcadero de la isla es fácil combinar la visita con otros lugares del río.
Puedes cruzar a la isla Elefantina para ver sus ruinas y su museo, o dirigirte a la orilla occidental para subir a las tumbas de los nobles de Qubbet el-Hawa, desde donde se obtiene una de las mejores vistas del Nilo en Asuán.
Otra opción es seguir río arriba hasta alguna de las aldeas nubias de la orilla oeste, con sus casas pintadas de colores, y terminar el día navegando en faluca al atardecer.
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