¿Para qué servía la Torre de Retiro de las Capuchinas de Antigua?

El Convento de las Capuchinas es uno de los monumentos religiosos más innovadores de la América virreinal, construido entre 1731 y 1736 bajo la dirección de Diego de Porres. Destaca por su singular Torre de Retiro circular con 18 celdas de clausura subterráneas y sus robustas arquerías de piedra. Abre de lunes a domingo; conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.

Por · Publicado el 8 de septiembre de 2026

Arquitecto
Diego de Porres (Maestro Mayor de la Real Audiencia), consagrado en 1736
Ubicación
2.ª Avenida Norte y 2.ª Calle Oriente, Antigua Guatemala

Vanguardia arquitectónica y clausura estricta

El Convento e Iglesia de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, popularmente conocido como Las Capuchinas, fue uno de los últimos monasterios femeninos levantados en la ciudad antes de su destrucción.

Llegadas desde Madrid en 1725, las monjas capuchinas se distinguían por someterse a la regla más austera de la Iglesia, renunciando incluso a la dote monetaria habitual para depender exclusivamente de limosnas.

Para materializar este voto de pobreza y asilamiento extremo, el arquitecto Diego de Porres concibió un edificio funcionalmente adelantado a su tiempo, utilizando pilares cilíndricos chatos sin capitel, arcos carpaneles de amplia luz y un sistema de abastecimiento de agua y drenaje.

La enigmática Torre de Retiro circular

El elemento arquitectónico más singular del conjunto es la célebre Torre de Retiro, una estructura circular poco común en la arquitectura colonial. En torno a un patio redondo central se disponen dieciocho celdas radiales diminutas donde las religiosas realizaban ejercicios espirituales en riguroso silencio y aislamiento sensorial.

Bajo la torre se ubica una sala subterránea abovedada sostenida por un colosal pilar central de mampostería. Su uso original no se conoce con certeza.

La vida cotidiana de las monjas capuchinas

Para entender el edificio conviene imaginar la rutina de quienes lo habitaron.

Las capuchinas seguían una regla especialmente austera dentro de la tradición franciscana: vestían hábitos sencillos, dormían en celdas mínimas, dedicaban largas horas a la oración comunitaria y al trabajo, y vivían en clausura completa, sin salir nunca del convento una vez hecha la profesión.

El contacto con familiares y proveedores se hacía a través de rejas y tornos giratorios.

Al no exigir dote, la comunidad atrajo a mujeres que no podían aportar grandes sumas para ingresar en otros conventos de la ciudad, algo que la diferenciaba del resto de monasterios femeninos de Santiago de Guatemala.

A cambio, su sustento dependía de las limosnas y del apoyo de benefactores. El número de religiosas solía estar limitado, lo que ayudaba a mantener un ambiente de recogimiento y una organización muy ordenada del espacio.

Los terremotos del siglo XVIII dañaron seriamente el conjunto, y tras los de 1773 las monjas terminaron trasladándose a la nueva capital, como el resto de las comunidades religiosas.

Durante mucho tiempo el edificio quedó en ruinas y se usó con distintos fines, hasta que las tareas de consolidación y restauración del siglo XX permitieron recuperarlo como uno de los monumentos mejor conservados de la ciudad.

Qué ver en el recorrido

La visita suele empezar por el claustro principal, un gran patio rodeado de galerías con los característicos pilares gruesos y arcos rebajados. En el centro hay una fuente de piedra y el jardín aporta un ambiente de calma que invita a recorrerlo despacio.

Desde las galerías se accede a espacios comunes como el refectorio, la cocina y las zonas de trabajo, que ayudan a reconstruir la organización de la vida conventual.

Presta atención a los elementos relacionados con el agua, que eran esenciales en un convento cerrado al exterior: pilas para lavar, canales, depósitos y baños.

Se suele destacar que el sistema de conducción y desagüe estaba muy bien resuelto para la época, y que incluso las celdas de la torre contaban con pequeñas instalaciones propias, algo poco habitual en los edificios de su tiempo.

En algunas salas del recorrido se exponen piezas de arte religioso y recreaciones de la vida de las monjas, con celdas amuebladas y objetos cotidianos. El conjunto alberga además oficinas vinculadas a la protección del patrimonio de Antigua, por lo que algunas zonas pueden no estar abiertas al público.

No te pierdas la planta alta: desde las terrazas se obtienen vistas de los tejados de la ciudad y, en días despejados, del Volcán de Agua.

La iglesia y el coro

La iglesia del convento, con su fachada sobria y sus muros macizos, refleja el mismo espíritu austero que la regla de la comunidad.

Como en otros conventos de clausura, las monjas seguían la misa desde el coro, un espacio separado del resto del templo por rejas que les permitía participar en la liturgia sin ser vistas por los fieles.

Al recorrer esta zona puedes imaginar la división entre el mundo exterior, que entraba a la iglesia desde la calle, y la comunidad, que permanecía siempre del otro lado.

Aunque el interior perdió gran parte de su decoración original, las proporciones del templo y la calidad de la cantería permiten apreciar el trabajo de Diego de Porres, uno de los arquitectos más influyentes de la Antigua del siglo XVIII, autor también de otras obras destacadas de la ciudad.

Curiosidades de Las Capuchinas

  • Su nombre oficial alude a la Virgen del Pilar de Zaragoza, una devoción traída por las fundadoras desde España.

  • Los pilares achaparrados y los muros muy gruesos son una respuesta a los terremotos, que obligaban a sacrificar altura a cambio de resistencia.

  • La sala subterránea bajo la torre produce un eco notable, y su uso original sigue siendo tema de debate entre historiadores.

  • Es uno de los escenarios más solicitados de la ciudad para fotografías, conciertos y celebraciones privadas.

La Torre de Retiro sigue siendo el gran enigma del conjunto. Algunos la interpretan como un espacio para retiros espirituales temporales, otros como un lugar de reclusión para religiosas enfermas o de edad avanzada, y hay quien sostiene que combinaba varias funciones.

Sea cual fuera su uso, la disposición de las celdas alrededor del patio circular transmite una sensación de aislamiento que se percibe al recorrerla en silencio.

Consejos para la visita

Dedica entre una hora y una hora y media para recorrer el claustro, la torre, las salas y la planta alta sin prisas. Por la mañana suele haber menos grupos y la luz entra suave en las galerías, ideal para fotografiar los arcos.

Lleva calzado cómodo, porque hay escaleras estrechas y suelos irregulares, y ten cuidado al bajar a la sala subterránea, donde la luz es escasa. Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir, ya que el acceso puede cambiar por eventos o trabajos de conservación.

Qué ver cerca

Las Capuchinas están en el sector noreste del centro histórico, muy cerca de otros puntos de interés. A pocas cuadras hacia el oeste se encuentra el Arco de Santa Catalina y, un poco más al norte, la iglesia de La Merced.

Si te interesan los conventos, puedes seguir hacia el sur hasta Santa Clara y el Tanque La Unión, o acercarte al Hotel Museo Casa Santo Domingo, al este, para completar una ruta dedicada a la arquitectura religiosa de Antigua.

Sigue descubriendo Antigua Guatemala: Guía de Antigua Guatemala, Convento de Santa Clara, Arco de Santa Catalina y Hotel Casa Santo Domingo.

¿Por qué es tan famosa la Torre de Retiro de Capuchinas?

Es una edificación monástica circular poco común en la América virreinal, destacando por su disposición de 18 celdas radiales y su bóveda subterránea con acústica envolvente.

¿Cuánto tiempo toma recorrer el convento?

La visita completa a los jardines, salas museísticas del claustro y la Torre de Retiro suele demorar entre 1 y 1.5 horas.