Aye-ayes, orquídeas y el esqueleto del ave elefante en Tsimbazaza

El Parque Botánico y Zoológico de Tsimbazaza (PBZT), fundado en 1925 en el distrito sur de Antananarivo, es la principal institución científica y divulgativa sobre la biodiversidad malgache. Cuenta con un pabellón nocturno para observar aye-ayes, lémures ratón, aviarios con especies endémicas, invernaderos de orquídeas salvajes y un museo de paleontología con esqueletos reconstruidos de la extinta ave elefante Aepyornis.

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El Parque Botánico y Zoológico de Tsimbazaza (PBZT), fundado en 1925 en el distrito sur de Antananarivo, es la principal institución científica y divulgativa sobre la biodiversidad malgache. Cuenta con un pabellón nocturno para observar aye-ayes, lémures ratón, aviarios con especies endémicas, invernaderos de orquídeas salvajes y un museo de paleontología con esqueletos reconstruidos de la extinta ave elefante Aepyornis.

Fundación
1925 bajo administración científica de la Academia Malgache
Superficie
27 hectáreas con lagunas, jardines botánicos y recintos de fauna
Colección paleontológica
Esqueletos completos del ave elefante Aepyornis y lémures gigantes extintos
Instalación única
Nocturama acondicionado para la observación del enigmático aye-aye
Entorno botánico
Más de 1.000 especies vegetales nativas y árboles centenarios del viajero
Tortugas gigantes y vegetación tropical en los jardines botánicos y zoológico de Tsimbazaza.
Hariniaina14 (CC0)

El santuario científico de las Tierras Altas

Diseñado originariamente como jardín de aclimatación botánica, Tsimbazaza se ha consolidado como un centro fundamental para la educación ambiental en Madagascar. Sus senderos sombreados rodean una gran laguna central poblada por garzas reales y martines pescadores, ofreciendo un pulmón verde a los habitantes de la capital.

El misterio del aye-aye y los lémures nocturnos

El nocturama del parque permite observar con luz tenue infrarroja al aye-aye (Daubentonia madagascariensis), uno de los primates más singulares y amenazados del planeta.

Su alargado y esquelético dedo medio, utilizado para golpear la corteza y extraer larvas de madera por ecolocalización, puede contemplarse en plena actividad junto a lémures ratón de ojos gigantescos.

El legado del ave gigante Aepyornis

El Museo de Paleontología y Etnografía de Tsimbazaza custodia una colección fósil de gran valor científico: los esqueletos intactos y los colosales huevos fosilizados del Aepyornis maximus, el ave no voladora de más de tres metros de altura y media tonelada de peso que habitó Madagascar hasta su extinción hace pocos siglos.

Historia del parque y su papel en la ciencia malgache

Tsimbazaza nació en la época colonial francesa como jardín botánico y zoológico, con la idea de reunir en la capital una muestra de la flora y la fauna de toda la isla.

Con el tiempo se convirtió en una institución de referencia para la investigación y la enseñanza de la naturaleza malgache, y en sus terrenos se instalaron colecciones científicas, un museo y espacios vinculados a la Academia Malgache, la sociedad académica más antigua del país.

El nombre del lugar suele explicarse a partir de la lengua malgache como algo parecido a un sitio vedado a los niños, en referencia a los usos antiguos de estas tierras, cercanas a la colina real de la ciudad.

Sea cual sea su origen exacto, hoy ocurre lo contrario: el parque es uno de los paseos favoritos de las familias de Antananarivo y un destino habitual de las excursiones escolares, que vienen a conocer animales que la mayoría de los malgaches urbanos nunca ha visto en libertad.

Recorrido por el jardín botánico

Más allá de los animales, Tsimbazaza es un buen lugar para hacerse una idea de la diversidad vegetal de Madagascar, que tiene una proporción altísima de especies endémicas.

Los senderos pasan junto a palmeras propias de la isla, árboles de las selvas húmedas y plantas del sur seco, con troncos gruesos que almacenan agua y ramas cubiertas de espinas. Es una manera cómoda de reconocer paisajes que después verás en las reservas del interior.

Presta atención a los baobabs, si están a la vista durante tu recorrido. Madagascar concentra la mayoría de las especies de baobab del mundo, varias de ellas exclusivas de la isla, y su silueta de tronco macizo y copa escasa es uno de los símbolos del país.

También es habitual encontrar pachypodiums, parientes suculentos de la adelfa con aspecto de pequeñas botellas espinosas, que florecen con colores vivos en determinadas épocas del año.

El lago central es otro de los grandes atractivos. En sus islotes anidan colonias de garzas y otras aves acuáticas que llenan el aire de ruido y movimiento, sobre todo en la temporada de cría.

Es un buen punto para sentarse un rato a la sombra, observar a los pájaros con prismáticos y descansar entre la visita a los recintos de animales y la entrada al museo.

Qué ver en el museo de historia natural

El museo es la parte que más sorprende a muchos visitantes, porque ayuda a imaginar cómo era Madagascar antes de la llegada de los humanos.

Además del ave elefante, en sus salas se exhiben restos de lémures gigantes ya extinguidos, algunos de tamaño comparable al de un gran simio, que vivían en los bosques de la isla hasta hace relativamente poco en términos geológicos.

Verlos junto a los lémures actuales da una idea clara de todo lo que se ha perdido.

Los huevos del ave elefante merecen una parada. Su volumen equivale al de decenas de huevos de gallina, y durante siglos los restos de cáscara aparecidos en el sur de la isla alimentaron leyendas sobre aves gigantescas.

La sección etnográfica, por su parte, presenta objetos de los distintos pueblos de Madagascar, como herramientas, tejidos, instrumentos musicales y elementos del arte funerario, un tema central en una cultura donde el culto a los antepasados ocupa un lugar muy importante.

Animales que suelen verse

Los lémures son los protagonistas, con varias especies diurnas en recintos e islas rodeadas de agua y otras nocturnas en el pabellón acondicionado para ellas.

También suelen exhibirse reptiles emblemáticos de la isla, como camaleones y tortugas endémicas, además de aves y algún carnívoro propio de Madagascar, como la fosa, un depredador ágil y esquivo que se parece a un pequeño puma y que muy pocos viajeros logran ver en la naturaleza.

  • Lémures diurnos en recintos e islotes del lago.

  • El pabellón nocturno, con lémures ratón y el aye-aye.

  • Camaleones y tortugas endémicas en la zona de reptiles.

  • Colonias de garzas y aves acuáticas en el lago central.

  • Esqueletos de ave elefante y lémures gigantes en el museo.

Consejos para la visita

Reserva al menos dos o tres horas si quieres ver con calma el jardín, los animales y el museo.

Los fines de semana y los días festivos el parque se llena de familias, lo que le da un ambiente animado pero hace más lento el paso por los recintos; entre semana suele estar más tranquilo.

Las mañanas son el mejor momento para ver a los animales activos y aprovechar el fresco de las Tierras Altas antes de que apriete el sol.

Algunas instalaciones son antiguas y no todas están a la altura de los zoológicos modernos, algo que conviene saber para ajustar las expectativas. Aun así, la combinación de jardín, fauna y museo no tiene equivalente en la capital.

Llega en taxi para evitar el tráfico del centro, lleva agua y protección solar, y consulta horarios y precios en la web oficial antes de ir, ya que el acceso al museo o al pabellón nocturno puede organizarse de forma distinta.

Qué ver cerca

Tsimbazaza queda al pie de la colina donde se levanta el Rova de Antananarivo, el antiguo complejo de los soberanos merinas, así que es fácil combinar ambos en el mismo día: por la mañana naturaleza y por la tarde historia y vistas sobre la ciudad.

De regreso al centro puedes pasar por el lago Anosy, rodeado de jacarandas que florecen en tonos violetas hacia el final de la estación seca, y terminar en la zona de Analakely, con su mercado y su ambiente comercial.

Si te quedas con ganas de más lémures, Lemurs' Park, al oeste de la capital, completa la experiencia en un entorno más natural.

Para saber más