Desde la colina de Analamanga, el Rova vigila todo Antananarivo
El Palacio del Rova de Antananarivo (Manjakamiadana) es el complejo palaciego real fortificado que domina la capital de Madagascar desde la cumbre de la colina de Analamanga, a más de 1.400 metros de altitud. Cuna histórica de la monarquía Merina del siglo XVII, ofrece una vista panorámica sobre toda la llanura urbana y sus doce colinas sagradas.
Por Daniel
El Palacio del Rova de Antananarivo (Manjakamiadana) es el complejo palaciego real fortificado que domina la capital de Madagascar desde la cumbre de la colina de Analamanga, a más de 1.400 metros de altitud. Cuna histórica de la monarquía Merina del siglo XVII, ofrece una vista panorámica sobre toda la llanura urbana y sus doce colinas sagradas.
- Fundación
- Siglo XVII por el rey Andrianjaka (renovado en piedra en 1869)
- Altitud
- 1.463 metros sobre el nivel del mar en la colina de Analamanga
- Significado
- 'Manjakamiadana' significa en malgache 'reinar en serenidad'
- Reconstrucción
- Completada en 2020 tras el devastador incendio de 1995

El bastión Monárquico de las colinas de Imerina
El Rova ha sido durante cuatro siglos el corazón político, espiritual y militar del reino Merina. Desde esta fortaleza de piedra, soberanos legendarios como Andrianampoinimerina y la reina Ranavalona I unificaron la isla de Madagascar y resistieron las presiones coloniales europeas antes de la anexión francesa de 1896.
Arquitectura Híbrida y tumbas de los soberanos
El palacio principal fue concebido originalmente en madera de maderas nobles por el arquitecto Jean Laborde y recubierto posteriormente con una solemne fachada de sillería de piedra y cuatro torres esquineras por el misionero escocés James Cameron.
En el recinto se conservan las tumbas reales de siete monarcas malgaches y el templo protestante de la corte.
Vistas panorámicas de las Tierras Altas
Caminar por las terrazas amuralladas del Rova brinda la perspectiva más espectacular de Antananarivo. Hacia el sur se divisa el contorno del lago Anosy con su monumento conmemorativo, mientras que hacia el oeste la mirada se pierde entre las llanuras agrícolas del río Ikopa salpicadas de arrozales escalonados.
De la colina de Analamanga a capital del reino
La palabra rova designa en malgache un recinto cercado, y eso es lo que fue este lugar desde sus orígenes: la residencia amurallada de los soberanos merina en lo alto de la colina de Analamanga, cuyo nombre suele traducirse como el bosque azul.
La tradición atribuye al rey Andrianjaka la conquista de la colina a comienzos del siglo XVII y la fundación de su residencia real en la cima.
Alrededor de ese núcleo creció la ciudad, cuyo nombre, Antananarivo, se interpreta como la ciudad de los mil, en referencia a los guerreros que la custodiaban.
El gran giro llegó a finales del siglo XVIII, cuando el rey Andrianampoinimerina reunificó los territorios de Imerina y trasladó su capital desde la colina de Ambohimanga a Antananarivo.
Su hijo Radama I extendió el poder merina a gran parte de la isla y abrió el reino a la influencia europea, con la llegada de misioneros, artesanos y consejeros británicos y franceses.
A partir de entonces, el Rova se convirtió en el escenario de la política de un reino que se relacionaba de igual a igual con las potencias extranjeras.
Los edificios del recinto
El Rova no es un único palacio, sino un conjunto de construcciones de distintas épocas agrupadas sobre la cima. El edificio que domina la silueta de la ciudad es Manjakamiadana, el gran palacio de la reina, con su volumen de piedra y sus torres en las esquinas.
A su alrededor se reparten otras residencias reales más pequeñas, tumbas y la capilla de la corte, que ayudan a entender cómo vivía y se representaba la monarquía.
Manjakamiadana, el palacio principal, cuya estructura de madera se recubrió de piedra en tiempos de la reina Ranavalona II.
Besakana, la casa real tradicional de madera, considerada uno de los edificios más simbólicos del recinto por su vínculo con los primeros soberanos.
Tranovola, la casa de plata, asociada al reinado de Radama I.
Las tumbas reales, construcciones bajas coronadas por pequeñas casas de madera, según la costumbre funeraria de la aristocracia merina.
La capilla protestante de piedra, levantada tras la conversión de la reina Ranavalona II al cristianismo.
Mientras recorres el recinto, fíjate en el contraste entre las casas tradicionales de madera, de tejado muy inclinado con las vigas cruzadas en lo alto, y los edificios de piedra de inspiración europea de la segunda mitad del siglo XIX.
Ese contraste resume la historia del reino merina: una monarquía de raíces profundamente malgaches que adoptó técnicas y estilos extranjeros para afirmar su poder.
El incendio de 1995 y la reconstrucción
En noviembre de 1995, un incendio arrasó el Rova en una sola noche. Las construcciones de madera ardieron casi por completo, y del gran palacio de Manjakamiadana sólo quedó en pie la carcasa de piedra. Se perdieron también muchos de los objetos que se conservaban en su interior.
Para los malgaches fue un golpe muy duro, porque el Rova es mucho más que un monumento: es el símbolo de la historia y la identidad de las Tierras Altas.
Desde entonces, el recinto ha pasado por largos trabajos de restauración y reconstrucción, que han devuelto al palacio principal su aspecto exterior y han recuperado varias de las casas de madera.
Parte de los objetos que se salvaron del fuego se conservan en el palacio de Andafiavaratra, la antigua residencia del primer ministro, situada un poco más abajo en la misma colina.
Curiosidades del Rova
El Rova ocupa el punto más alto de la ciudad, y desde cualquier barrio de Antananarivo se ve su silueta recortada contra el cielo.
Esa visibilidad no es casual: la elección de la colina respondía tanto a razones defensivas como simbólicas, porque en la cultura merina la altura se asociaba con la autoridad y con la proximidad a los antepasados.
Las tumbas reales en el propio recinto refuerzan esa idea de un lugar donde el poder de los vivos y el de los ancestros se unían.
Otra curiosidad es la figura de los extranjeros que intervinieron en su construcción. El francés Jean Laborde, que llegó a la isla como náufrago y acabó al servicio de la reina Ranavalona I, diseñó el palacio de madera.
Décadas más tarde, el misionero escocés James Cameron se encargó de envolverlo en piedra. Pocos palacios reúnen de forma tan visible la huella de mundos tan distintos.
Consejos para la visita
Lo más recomendable es subir hasta el Rova por las calles empinadas de la ciudad alta, aunque también puedes llegar en taxi hasta cerca de la entrada. Ten en cuenta la altitud y las cuestas si no estás acostumbrado a caminar en pendiente.
Dedícale entre una hora y hora y media, y reserva algo más de tiempo si quieres combinarlo con el palacio de Andafiavaratra. Horarios, precios y condiciones de visita pueden cambiar, así que conviene consultarlos antes de ir.
La época seca, aproximadamente de mayo a octubre, es la más cómoda para la visita, con cielos despejados y buena visibilidad sobre la llanura. En la temporada de lluvias son frecuentes las tormentas por la tarde, por lo que conviene ir por la mañana.
En las Tierras Altas refresca bastante al caer el sol, así que lleva una prenda de abrigo aunque el día haya sido cálido.
Qué ver cerca del Rova
La visita encaja bien con un paseo por la ciudad alta de Antananarivo, con sus casas de ladrillo y balcones de madera, sus iglesias y sus miradores.
Al bajar puedes acercarte al lago Anosy, especialmente bonito en la época de floración de los jacarandás, hacia el final de la estación seca.
Si te interesa la historia merina, la excursión a la colina real de Ambohimanga, al norte de la capital, es el complemento natural: fue la residencia de Andrianampoinimerina antes del traslado a Antananarivo y está declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.





