El Gran Palacio de Menelik II abre sus jardines en el Parque Unity
Inaugurado en 2019 tras abrir por primera vez al público el histórico complejo del Gran Palacio de Menelik II, el Parque Unity es uno de los espacios cívicos y patrimoniales más destacados de Addis Abeba. Ocupa una amplia extensión ajardinada que combina palacios reales del siglo XIX, zoológico de fauna autóctona y salas interactivas.
Por Daniel
Inaugurado en 2019 tras abrir por primera vez al público el histórico complejo del Gran Palacio de Menelik II, el Parque Unity es uno de los espacios cívicos y patrimoniales más destacados de Addis Abeba.
Ocupa una amplia extensión ajardinada que combina palacios reales del siglo XIX, zoológico de fauna autóctona y salas interactivas.

- Ubicación
- Palacio Nacional, zona de Arat Kilo, Addis Abeba
- Extensión
- Jardines y recintos históricos del complejo del palacio
- Puntos clave
- Salón del trono de Menelik II, pabellones regionales y zoológico
La apertura histórica del Gran Palacio de Menelik II
Construido a finales del siglo XIX en la zona de Arat Kilo, el complejo del palacio fue durante más de un siglo la sede hermética del poder imperial y militar etíope.
Su apertura como Parque Unity permite a los ciudadanos y viajeros recorrer por primera vez el Salón del Trono y las salas de audiencias.
Pabellones etnográficos y jardines botánicos
El parque alberga pabellones dedicados a cada una de las regiones federadas de Etiopía, donde se exponen viviendas tradicionales, artesanías e instrumentos de cada etnia, integrados en jardines paisajísticos con fuentes danzantes y árboles centenarios.
Fauna etíope y el zoológico del León negro
Una de las zonas más visitadas es el recinto de fauna etíope, donde se preservan ejemplares de fauna africana, como guepardos y otros mamíferos, además de aves en un aviario.
De Entoto a la llanura: el origen del palacio de Menelik
Para entender el Parque Unity conviene empezar por la fundación de la propia ciudad. A finales del siglo XIX, el emperador Menelik II y la emperatriz Taytu dejaron las alturas frías de Entoto y se instalaron en la llanura, cerca de las fuentes termales de Filwoha.
La leyenda atribuye a Taytu el nombre de Addis Abeba, que significa flor nueva. El palacio, conocido como el Gebbi, nació como el núcleo de ese asentamiento: alrededor de él se fueron ordenando los campamentos de la nobleza, los mercados y las primeras iglesias de la futura capital.
Desde ese recinto se gobernó una Etiopía que en 1896 derrotó al ejército italiano en la batalla de Adua, una victoria que convirtió al país en símbolo de resistencia frente al colonialismo europeo.
Por eso el complejo no es sólo un conjunto de edificios antiguos: fue el escenario donde se recibían embajadas extranjeras, se celebraban los grandes banquetes de la corte y se tomaban las decisiones que dieron forma al Estado etíope moderno.
Caminar por sus patios ayuda a imaginar cómo funcionaba aquella corte itinerante que acabó echando raíces.
Un recinto cerrado durante más de un siglo
Tras la muerte de Menelik, el palacio siguió ligado al poder. Haile Selassie mandó construir en los años cincuenta otro palacio, el del Jubileo, pero el viejo Gebbi mantuvo su papel institucional.
Con la revolución de 1974, la junta militar del Derg ocupó el complejo y lo convirtió en un espacio de detención: allí estuvo retenido el propio Haile Selassie, que murió en 1975 en circunstancias nunca aclaradas del todo.
Sus restos aparecieron enterrados bajo los terrenos del palacio en 1992, tras la caída del régimen.
Ese pasado explica en parte por qué la apertura del recinto como parque, impulsada por el gobierno del primer ministro Abiy Ahmed, tuvo tanta carga simbólica. El nombre de Unity, unidad, alude a la voluntad de presentar la diversidad de pueblos y regiones del país en un mismo lugar.
Durante la visita encontrarás espacios que remiten a las tres grandes etapas del edificio: la corte imperial, la época del Derg con sus sótanos y celdas, y la Etiopía federal contemporánea representada en los pabellones regionales.
Qué mirar durante el recorrido
El itinerario está señalizado y suele seguir un orden que empieza por los edificios históricos y termina en los jardines y la zona de fauna.
Más allá de los salones que ya conoces por su fama, merece la pena fijarse en los detalles de construcción: la combinación de piedra, madera y tejados de inspiración local con elementos importados de Europa refleja cómo la corte de Menelik incorporaba técnicas y objetos extranjeros sin renunciar a su propia tradición. Algunos puntos en los que conviene detenerse:
La residencia privada del emperador, con su escala doméstica, que contrasta con la solemnidad de los salones de recepción.
El gran salón de banquetes, pensado para las comidas multitudinarias con las que la corte agasajaba a nobles y soldados.
Los espacios subterráneos vinculados a la etapa del Derg, cuando están abiertos a la visita, que muestran la cara más oscura de la historia reciente del palacio.
Los pabellones regionales, útiles para hacerte una idea rápida de la variedad de arquitecturas y artesanías del país.
Si viajas con poco tiempo por Etiopía, estos pabellones funcionan casi como un resumen del país: las formas de las viviendas, los tejidos y los objetos cotidianos cambian mucho entre las tierras altas cristianas, las regiones del sur y las zonas de tradición musulmana del este.
Mirarlos con calma antes de salir de la capital ayuda a reconocer después, en ruta, lo que vas encontrando por el camino.
Consejos para la visita
El parque se encuentra en una zona con fuerte presencia institucional, porque las oficinas del gobierno siguen muy cerca, así que es normal pasar controles de seguridad al entrar. Conviene llevar el pasaporte o un documento de identidad y viajar ligero, sin mochilas voluminosas.
Horarios, tipos de entrada y normas sobre fotografía cambian con cierta frecuencia, de modo que lo sensato es consultarlos en la web oficial o en tu alojamiento antes de ir, sobre todo si quieres acceder a las zonas que requieren una entrada especial.
Para recorrerlo sin prisas, reserva al menos medio día o una mañana larga.
Addis Abeba está a más de dos mil metros de altitud: el sol pega fuerte aunque la temperatura sea suave, y a media tarde pueden llegar nubes y chaparrones, sobre todo en la temporada de lluvias, que va aproximadamente de junio a septiembre.
Una gorra, protector solar y una prenda de abrigo ligera resuelven casi cualquier situación. Las primeras horas del día suelen ser las más tranquilas para disfrutar de los jardines.
Qué ver cerca del Parque Unity
El parque ocupa una posición muy cómoda para seguir explorando el norte del centro de la ciudad. A poca distancia está la catedral de la Santísima Trinidad, donde reposan los restos de Haile Selassie y de la emperatriz Menen, lo que permite cerrar la historia que empieza en el palacio.
En el entorno de Arat Kilo verás además el obelisco que conmemora la liberación de 1941 tras la ocupación italiana, un buen punto de referencia para orientarte en el barrio.
Un poco más al norte, en la zona de Sidist Kilo, se encuentra el Museo Nacional de Etiopía, famoso por exponer la reproducción del esqueleto de Lucy y otros restos de homínidos, y el campus principal de la Universidad de Addis Abeba, que ocupa un antiguo palacio de Haile Selassie y alberga el Instituto de Estudios Etíopes con su museo etnográfico.
Si te queda energía, las colinas de Entoto, donde empezó la historia de Menelik, completan muy bien la jornada con vistas sobre toda la ciudad.





