Patíbulo, monasterio, prisión y playa: los mil años de Munkholmen
Munkholmen ('el Islote de los Monjes') es un emblemático islote fortificado situado a poca distancia de la costa, en el fiordo de Trondheim. A lo largo de mil años de turbulenta historia ha sido patíbulo de ejecuciones vikingas, monasterio benedictino medieval, prisión de estado y, en la actualidad, una escapada estival con playa de baño.
Por Florencia · Publicado el 14 de septiembre de 2026
- Ubicación
- Fiordo de Trondheimsfjord (a poca distancia del puerto de Ravnkloa)
- Temporada operativa
- De mayo a septiembre (barcos regulares diarios)
- Frecuencia barcos
- Salidas cada hora en verano desde el muelle de Ravnkloa (travesía corta)
- Actividades
- Tours históricos guiados, restaurante, pícnic y baño en el mar
Munkholmen ('el Islote de los Monjes') es un emblemático islote fortificado situado a poca distancia de la costa, en el fiordo de Trondheim.
A lo largo de mil años de turbulenta historia ha sido patíbulo de ejecuciones vikingas, monasterio benedictino medieval, prisión de estado y, en la actualidad, una escapada estival con playa de baño. Encuentra más rutas y consejos prácticos en nuestra Guía completa de viaje a Trondheim.

Historia y significado de isla de Munkholmen en Trondheim
En los siglos paganos vikingos, este islote rocoso era utilizado como lugar público para exponer las cabezas decapitadas de traidores y enemigos, como las del jarl Håkon Sigurdsson y su esclavo Kark hacia el año 995 d.C.
A principios del siglo XI se fundó en él uno de los primeros monasterios benedictinos de Noruega. Tras la Reforma, el islote se fortificó a partir de 1658 y acabó siendo una sombría prisión de estado donde el estadista Peder Griffenfeld pasó 18 años encarcelado.
Qué ver y puntos más destacados
Al desembarcar del transbordador, se traspasa el portalón de la torre redonda central que alberga las antiguas celdas abovedadas y polvorines subterráneos donde se ofrecen visitas guiadas teatralizadas.
En el exterior, los taludes de hierba y una pequeña playa acogen a cientos de familias y jóvenes locales que acuden a tomar el sol, jugar al voleibol y zambullirse en las aguas del fiordo.
Información práctica y consejos
Aspecto clave | Detalle recomendado | Consejo práctico |
|---|---|---|
Embarque en Ravnkloa | Los barcos zarpan de la lonja histórica de pescado de Ravnkloa | Billetes en taquilla o abordo |
Cafetería del islote | Café y restaurante en el islote | Abierta en horario de barcos |
Toalla y bañador | Llevar bañador en días calurosos de julio o agosto si te atrae el agua fresca | Playa con césped anexo |
Embarca en Ravnkloa a media mañana con una cesta de pícnic y disfruta del almuerzo sobre las murallas de piedra mientras contemplas el perfil urbano de Trondheim recortado contra las montañas.
El cadalso vikingo de Håkon Jarl y la fundación monástica de Nidarholm
Erigida en medio de las aguas salobres del fiordo de Trondheim a poca distancia del puerto histórico, la pequeña isla de Munkholmen (el islote de los monjes) concentra una notable densidad histórica.
En la época pagana previa a la llegada del cristianismo, este promontorio rocoso cumplía la función de cadalso público y lugar de ajusticiamiento.
Las sagas nórdicas relatan que en el año 995, tras la caída del poderoso caudillo Håkon Sigurdsson (Jarl de Lade), el recién proclamado monarca vikingo Olav Tryggvason ordenó clavar las cabezas decapitadas del jarl y de su esclavo Kark en picas de madera erigidas sobre las rocas del islote.
El propósito era que cualquier navío mercante o drakkar guerrero que enfilara la desembocadura del Nidelva divisara los despojos como advertencia del implacable poder real.
Más tarde, la isla experimentó una radical metamorfosis espiritual al fundarse en ella el monasterio benedictino de Nidarholm, considerado uno de los monasterios más antiguos de Noruega.
La abadía benedictina medieval y el ocaso de la Reforma
Durante cuatro siglos, la abadía de Nidarholm floreció como un enclave de recogimiento, estudio y producción agrícola insular.
Los monjes de la orden de San Benito levantaron una iglesia abacial de piedra románica, un claustro, huertos medicinales y talleres de copiado de manuscritos sagrados, viviendo en aislamiento monástico frente al bullicio de la ciudad episcopal.
Sin embargo, el monasterio sufrió devastadores incendios en 1210, 1317 y 1531 que obligaron a sucesivas reconstrucciones de sus dependencias pétreas.
El desenlace final sobrevino con la Reforma protestante de 1537, cuando las propiedades de la Iglesia católica fueron confiscadas por la corona dano-noruega, la comunidad monástica fue disuelta y los edificios medievales quedaron en ruinas, sirviendo sus sillares como cantera para fortificaciones posteriores.
Las excavaciones arqueológicas desarrolladas en el subsuelo del islote han sacado a la luz restos de los edificios del monasterio, huellas de la vida monástica que ayudan a entender cómo vivían los monjes.
Vestigios arqueológicos medievales de la antigua abadía benedictina de Nidarholm.
Torre circular defensiva central con aspilleras de vigilancia y muros de mampostería.
Casamatas subterráneas donde se recluía a prisioneros políticos de alta relevancia.
Restos de emplazamientos de artillería antiaérea instalados durante la Segunda Guerra Mundial.
Fortaleza insular y la prisión de estado de Peder Griffenfeld
A partir de la segunda mitad del siglo diecisiete, ante las crecientes tensiones con Suecia, la corona convirtió el islote en una fortaleza artillada para proteger la entrada marítima a Trondheim. Se levantaron murallas perimetrales de piedra, baluartes exteriores y una imponente torre central circular.
Poco después, Munkholmen fue habilitada como una de las prisiones de estado del reino dano-noruego.
El recluso más célebre que pisó sus celdas fue el conde Peder Schumacher Griffenfeld, quien fuera el omnipotente canciller y primer ministro de Dinamarca antes de caer en desgracia por acusaciones de alta traición.
Condenado a reclusión perpetua tras conmutársele la pena de muerte en el patíbulo, Griffenfeld permaneció encarcelado en una fría estancia de la torre de Munkholmen durante dieciocho años, desde 1680 hasta 1698.
La celda de Griffenfeld, visitable hoy en día, conserva el ambiente austero de reclusión en el que el antiguo estadista consumió sus días leyendo literatura clásica y contemplando las gaviotas a través de una angosta aspillera orientada hacia el horizonte norteño.
Junto a Griffenfeld, el penal insular custodió a otros disidentes políticos, clérigos heterodoxos y condenados por delitos graves contra la corona.
El aislamiento resultaba extremo durante los meses de temporal invernal, cuando las olas rompían violentamente contra los riscos y las barcas de remos encargadas de transportar leña, víveres y agua dulce desde el continente no podían aproximarse al muelle debido al oleaje.
La torre circular y las casamatas de artillería naval
La arquitectura militar de Munkholmen combina elementos de distintas fases de ingeniería defensiva. La gran torre central cilíndrica, reforzada en el siglo dieciocho, servía de reducto último en caso de desembarco enemigo y albergaba el polvorín subterráneo a prueba de bombas de mortero.
Rodeando el recinto se disponen las casamatas de artillería, donde cañones pesados de ánima lisa controlaban los canales navegables del fiordo impidiendo el avance de flotas hostiles hacia las dársenas urbanas.
El diseño poligonal de los parapetos permitía concentrar el fuego artillero en todas las direcciones de la bahía sin dejar ángulos muertos.
Ocupación militar en la Segunda Guerra Mundial
Durante la invasión nazi de Noruega entre 1940 y 1945, la estratégica posición de Munkholmen volvió a cobrar protagonismo militar.
Las tropas de la Wehrmacht fortificaron la isla para integrarla en el sistema defensivo que custodiaba las masivas bases de submarinos Dora I y Dora II construidas en el puerto de Trondheim.
Los ocupantes instalaron una potente batería antiaérea (Flakbatterie Munkholmen) compuesta por cañones de tiro rápido y reflectores nocturnos para repeler las incursiones de los bombarderos aliados.
Hoy en día pueden observarse los zócalos de hormigón armado donde se asentaban estas piezas, testimonio palpable de cómo el islote ha estado vinculado a los grandes conflictos bélicos a lo largo de más de mil años.
El balneario estival del fiordo y la travesía desde Ravnkloa
En la actualidad, Munkholmen ha dejado atrás su pasado sombrío para convertirse en uno de los destinos de recreo y descanso estival predilectos de los trondheimers.
Durante los meses cálidos, pequeñas embarcaciones de pasaje realizan travesías regulares de pocos minutos que zarpan desde el histórico muelle de pescado de Ravnkloa, ofreciendo una deliciosa navegación costera antes del desembarco.
El islote cuenta con una pequeña playa protegida donde los bañistas más atrevidos desafían las frescas aguas del fiordo, extensas praderas de césped ideales para tumbarse al sol, una acogedora cafetería de verano ubicada en las antiguas dependencias militares y representaciones teatrales al aire libre en el patio de armas.
Pasear por el adarve de las murallas mientras la brisa marina acaricia el rostro regala una perspectiva privilegiada del perfil de la ciudad, presidido por la aguja gótica de Nidaros y las verdes colinas de Trøndelag.
Antes de embarcar en Ravnkloa, resulta muy grato recorrer el histórico mercado de pescado y degustar pasteles tradicionales de pescado o fiskekaker recién dorados en sartén. Durante la corta navegación por el canal portuario es frecuente contemplar bandadas de patos eíderes, gaviotas tridáctilas y cormoranes sumergiéndose en busca de alimento.
Conviene además llevar un cortavientos ligero en la mochila, pues incluso en los días veraniegos más apacibles el viento suele arreciar sobre las murallas descubiertas de la isla.
Preguntas frecuentes
¿Se puede visitar Munkholmen en invierno?
No, el servicio regular de barcos de pasajeros solo opera entre los meses de mayo y septiembre.
¿Cuánto dura el trayecto en barco hasta el islote?
La navegación en el transbordador desde el muelle de Ravnkloa dura unos pocos minutos.
¿Hay visitas guiadas dentro de la fortaleza?
Sí, a la llegada de cada barco se organizan recorridos guiados que explican la historia de la prisión y el monasterio.
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