Dos cascadas y un pueblo en ruinas en el oasis de Tamerza
Situado a setenta kilómetros al noroeste de Tozeur, Tamerza (la antigua Ad Turres romana) es el oasis de montaña más extenso y frondoso de Túnez. Rodeado por un amplio circo de montañas estratificadas, es célebre por sus dos cascadas de agua corriente permanente, sus profundas gargantas rocosas y las evocadoras ruinas de su pueblo viejo de adobe.
Por Daniel
Situado a setenta kilómetros al noroeste de Tozeur, Tamerza (la antigua Ad Turres romana) es el oasis de montaña más extenso y frondoso de Túnez.
Rodeado por un amplio circo de montañas estratificadas, es célebre por sus dos cascadas de agua corriente permanente, sus profundas gargantas rocosas y las evocadoras ruinas de su pueblo viejo de adobe.

- Ubicación
- A unos 20 km de Chebika por la carretera de montaña del Atlas
- Pueblo abandonado
- Construido en adobe y piedra sobre un promontorio frente al cañón
- La Gran Cascada
- Salto de agua de varios metros con piscina natural entre palmeras y cañas
- Alojamiento icónico
- Hotel Tamerza Palace, mirador arquitectónico de lujo sobre las ruinas
El pueblo fantasma de barro y silencio
Al igual que Chebika, el antiguo asentamiento de Tamerza fue arrasado por las catastróficas inundaciones de 1969, obligando a los habitantes a refundar la aldea en el valle moderno.
Las ruinas del pueblo viejo se yerguen hoy como una escultura melancólica de barro y vigas de palma que se funde visualmente con las paredes del barranco.
Las cascadas y el baño en el cañón
En la parte baja de la garganta, la Grande Cascade se precipita sobre una balsa natural donde locales y viajeros se refrescan durante los calurosos meses de primavera y verano.
Alrededor del salto de agua florecen adelfas, juncos y puestos artesanales donde adquirir geodas de cuarzo y fósiles extraídos de las montañas.
Puesto de avanzada de la frontera romana
En la Antigüedad romana, Tamerza funcionó bajo el nombre de Ad Turres como una guarnición fortificada del limes sahariano, la frontera militar del Imperio que contenía las incursiones de las tribus nómadas bereberes del Gran Sur sahariano.
Ad Turres y la diócesis episcopal del sur bizantino
Tamerza destaca como el más extenso y poblado entre los oasis de montaña del sur de Túnez, emplazado a unos setenta kilómetros al noroeste de Tozeur en las estribaciones meridionales del Atlas sahariano.
En la antigüedad clásica, este enclave estratégico recibió el nombre latino de Ad Turres, en referencia a las sólidas torres de vigilancia militar que jalonaban el limes fronterizo para resguardar las rutas de enlace entre el golfo de Gabès y el interior norteafricano.
Durante la época tardorromana y la posterior administración bizantina, la población alcanzó un notable grado de desarrollo cívico y religioso, y se asocia con una antigua sede episcopal cristiana, aunque la identificación del lugar no es segura.
Desde esta plaza fortificada, las autoridades militares vigilaban los accesos de la sierra y aseguraban los abastecimientos agrícolas gracias a la abundancia inusual de manantiales perennes.
En diversos puntos del palmeral y en las bases del viejo caserío aún se descubren sillares escuadrados, bases de columnas toscas y losas con inscripciones latinas reutilizadas como material de construcción por las sucesivas generaciones bereberes y árabes, revelando la profunda estratificación histórica del lugar.
El colapso de Vieux Tamerza en el diluvio de 1969
Frente al oasis verde y al borde del cauce del Oued El Horchane se alzan las ruinas del casco antiguo de Tamerza, conocido popularmente como Vieux Tamerza.
Este asentamiento tradicional estaba edificado con técnicas autóctonas de mampostería de piedra unida con arcilla y mortero de yeso, adaptadas a la perfección al clima seco y caluroso pero sumamente vulnerables al agua estancada.
En el otoño de 1969, la región sufrió un temporal catastrófico sin precedentes documentados. Veintidós jornadas continuas de aguaceros torrenciales provocaron crecidas violentas en el río estacional que socavaron las márgenes arenosas del meandro fluvial.
La humedad penetró en las estructuras de tierra cruda, provocando el desplome masivo de paredes, arcos y techumbres de vigas de palmera.
La población tuvo que ser evacuada con urgencia hacia terrenos más seguros en la margen opuesta, donde posteriormente se planificó la actual villa moderna de Tamerza.
El poblado viejo quedó abandonado como una ciudad fantasma de tonos ocres y dorados, coronada por el alminar cuadrangular de su antigua mezquita comunitaria que aún desafía el paso del tiempo sobre el risco.
Durante la última franja de la tarde, cuando los rayos solares inciden de forma oblicua sobre los cañones, los muros de barro de Vieux Tamerza adquieren tonalidades cobrizas y rojizas de gran belleza plástica.
Contemplar las siluetas de las casas derruidas recortadas contra el fondo montañoso del Atlas es una de las experiencias paisajísticas más evocadoras de todo el itinerario sahariano.
El alminar de la antigua mezquita que permanece en pie sobre las casas derruidas de arcilla.
Muros erosionados por el agua que revelan el entramado de ramas y barro de los techos tradicionales.
Miradores naturales situados en la carretera panorámica con vistas directas sobre las ruinas.
Senderos peatonales que serpentean entre las antiguas estancias domésticas y corrales de ganado.
La Gran Cascada y el curso del Oued El Horchane
El principal reclamo hidrológico de Tamerza es su célebre Gran Cascada, una surgencia natural ubicada en una garganta accesible junto a la entrada del pueblo.
El agua cristalina cae con fuerza continua desde una cornisa caliza de varios metros de altura sobre una poza de aguas límpidas enmarcada por frondosas adelfas de floración rosada, cañaverales y palmeras datileras.
El sonido atronador del torrente rompiendo sobre la balsa de piedra genera un contraste sensorial inmediato con la aridez pedregosa del desierto circundante.
En los meses más cálidos, la poza constituye un refugio de frescor donde los caminantes pueden sumergir los pies o refrescarse bajo la brisa húmeda que se desprende de la caída de agua.
Junto al acceso a la poza funcionan terrazas rústicas sombreadas con techumbres de palma donde los viajeros pueden sentarse a tomar un té a la menta servido en tetera tradicional de peltre o degustar dátiles frescos del palmeral.
Los jóvenes del pueblo suelen ofrecer orientaciones para internarse por senderos secundarios que llevan hacia cascadas ocultas en los tramos altos del cañón.
Siguiendo el curso del Oued El Horchane río abajo, el cauce se encañona entre acantilados de arenisca modelados en formas onduladas.
En este sector secundario se encuentran cascadas menores y remansos apacibles donde es habitual contemplar aves de ribera y libélulas de tonos azulados que prosperan al amparo de las aguas permanentes.
Estratos kársticos, conchas fósiles y minerales
La geología de Tamerza ofrece un buen testimonio de las transformaciones ambientales de la cuenca sahariana a lo largo de millones de años. Los imponentes paredones rocosos que flanquean el desfiladero están formados por bancos sedimentarios superpuestos de calizas margosas y areniscas ricas en fósiles marinos.
Caminando por las laderas secas es común encontrar ejemplares petrificados de gasterópodos, bivalvos y nummulites que habitaron las aguas someras del océano que cubría el norte de África en el Eoceno.
La meteorización del terreno deja al descubierto geodas minerales formadas por cristales de selenita, calcita y yeso translúcido que los habitantes locales recolectan para exponer en pequeñas mesas artesanales.
La erosión diferencial entre las capas duras de caliza y los estratos blandos de marga ha originado arcos naturales, cornisas en voladizo y viseras rocosas que brindan sombra natural a lo largo de las sendas pedestres del desfiladero.
Diversos manantiales que nutren el cañón presentan una mineralización moderada con trazas sulfurosas y magnesianas, aguas que históricamente fueron aprovechadas por los habitantes locales con fines higiénicos y terapéuticos para aliviar dolencias cutáneas y articulares tras prolongadas jornadas de trabajo en el campo.
El palmeral escalonado y el cruce hacia la aldea nueva
El palmeral de Tamerza se extiende siguiendo la curva del río a lo largo de varios kilómetros, estructurado en terrazas escalonadas que aprovechan el desnivel del terreno para canalizar el agua por gravedad.
A diferencia de los oasis de llanura, aquí las palmeras comparten espacio con higueras de frutos melosos, olivos rústicos, granados y pequeños bancales familiares de hortalizas y forrajes.
Un puente moderno cruza el ancho lecho del Oued El Horchane, comunicando el promontorio donde descansan las ruinas históricas con la nueva localidad.
En esta población moderna, dotada de servicios básicos y pequeños comercios, es posible degustar la culinaria regional en casas de comidas que preparan cuscús sahariano con verduras del oasis y carne de cordero especiada.
Para realizar la excursión se recomienda usar calzado cómodo que tolere el agua en caso de desear cruzar las pozas del cañón, protegerse la piel con protector solar y planificar el trayecto con luz diurna para disfrutar plenamente de las variaciones cromáticas de las rocas al caer la tarde.





