Fernando II plantó especies de varios continentes en el Parque da Pena
El Parque da Pena rodea el palacio homónimo con más de 200 hectáreas de bosque romántico, creado por impulso del rey Fernando II, quien mandó plantar especies traídas de distintos continentes para transformar el paisaje de la Serra de Sintra en un jardín exótico. Sus senderos serpenteantes, lagos, quioscos y miradores forman parte del mismo conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995 junto al resto del paisaje cultural de Sintra.
Por Florencia
- Ubicación
- Rodeando el Palácio da Pena, Sintra
- Impulsor
- El rey Fernando II
- Superficie
- Más de 200 hectáreas de bosque romántico
- Reconocimiento
- Parte del Patrimonio UNESCO desde 1995
El Parque da Pena rodea el palacio homónimo en la Serra de Sintra.

Un rey que convirtió la sierra en jardín botánico
El propio rey Fernando II, además de encargar la construcción del palacio, impulsó personalmente la creación de este extenso parque romántico que lo rodea, con más de 200 hectáreas de bosque.
Apasionado por la botánica, el monarca mandó traer especies vegetales de distintos continentes, entre ellas secuoyas, helechos arbóreos y camelias, transformando el paisaje natural de la sierra en un auténtico jardín exótico que sirvió de inspiración a otras residencias señoriales de la zona.
Senderos, lagos y miradores entre la niebla
El parque combina senderos serpenteantes, pequeños lagos artificiales, quioscos decorativos y miradores que ofrecen vistas privilegiadas tanto del propio palacio como de la Serra de Sintra y, en días despejados, hasta el océano Atlántico.
Este conjunto forma parte del mismo paisaje cultural que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 1995, reconociendo a Sintra como el primer gran centro de la arquitectura y el paisajismo románticos de toda Europa.
El Valle de los Lagos y el Chalet de la Condesa de Edla
En la zona baja del Parque da Pena se extiende el pintoresco Valle de los Lagos, una sucesión de cinco estanques escalonados alimentados por manantiales naturales de la sierra.
Entre ellos se levantan dos casetas para patos con aspecto de castillo en miniatura, inspiradas en la arquitectura del Castelo dos Mouros y del Palacio da Pena.
Los senderos que bordean el agua discurren bajo la sombra umbría de criptomerias japonesas, rododendros y helechos arborescentes, creando una atmósfera evocadora que refleja el concepto romántico del agua en comunión con el bosque húmedo.
Hacia el sector occidental del parque se alza el Chalet da Condessa d'Edla, una encantadora residencia de campo construida entre 1864 y 1869 por Fernando II y su segunda esposa, Elise Hensler.
Inspirado en los chalets alpinos centroeuropeos, el edificio destaca por sus fachadas decoradas con corcho, balcones de madera calada y enredaderas que trepan por los aleros.
En su jardín privado circundante se mezclan especies de flora autóctona con otras especies traídas de diversos lugares.
La Cruz Alta y las perspectivas de la cumbre serrana
El punto culminante de toda la Serra de Sintra se encuentra dentro de los límites del parque en el mirador de Cruz Alta, a unos 528 metros de altitud sobre el nivel del mar.
En este peñasco se alza una cruz de piedra tallada en 2008, réplica de otras anteriores; la primera se erigió hacia 1522 por orden del rey Juan III.
Desde esta atalaya natural se obtiene una de las panorámicas más amplias de Portugal, abarcando desde las sinuosas torres del Palácio da Pena hasta Lisboa y el perfil litoral de Cascais.
El camino que asciende hacia Cruz Alta serpentea entre colosales bolos de granito redondeados por la erosión, conocidos localmente como caos de bloques.
En los claros del bosque se descubren caprichos arquitectónicos como la Mesa de la Reina, una mesa de piedra bajo los árboles, o la estatua del Guerrero que vigila la sierra desde lo alto de un risco escarpado.
Esta combinación de rocas graníticas y construcciones de capricho forma parte del carácter del parque diseñado por el monarca.
Un jardín botánico entre la niebla
Una de las razones por las que el Parque da Pena resulta tan peculiar es el microclima de la sierra de Sintra. Cerca del Atlántico, la altura de los montes retiene la humedad y las nubes, y con frecuencia la niebla envuelve las copas de los árboles.
Esa humedad permite que crezcan helechos arborescentes, musgos, camelias y otras plantas que normalmente asociamos con regiones más lluviosas. El paseo cambia mucho según el día: a veces el sol atraviesa el follaje, y otras todo se vuelve silencio, gotas y verde profundo.
Fernando II, el monarca que impulsó el parque, fue un gran aficionado a la botánica, y mandó traer especies de distintos continentes para integrarlas en la sierra. Por eso, junto a árboles autóctonos como los alcornoques o los pinos, encontrarás cedros, secuoyas, magnolios y otras especies exóticas.
Observar la variedad de formas, hojas y cortezas es un ejercicio tan entretenido como contemplar los edificios del recinto.
Cómo orientarte entre senderos
El parque es grande y sus caminos se bifurcan con frecuencia, de modo que conviene planificar la ruta en función de lo que quieras ver.
Los desniveles son notables y el firme puede ser resbaladizo tras la lluvia, así que calza zapatos con buen agarre y lleva una prenda ligera para el viento.
Consulta el plano a la entrada, marca los puntos de interés y deja margen para perderte un poco, porque muchos de los mejores hallazgos se producen al desviarse de las rutas más transitadas.
Todo el conjunto forma parte del paisaje cultural de Sintra, que la UNESCO reconoció como Patrimonio Mundial. Por ello, es especialmente importante cuidar el entorno: no te salgas de los caminos habilitados, no cortes plantas, no dejes residuos y respeta el silencio que muchos visitantes buscan en estos rincones.
Pautas para explorar las doscientas hectáreas
Explorar con calma los rincones más significativos del Parque da Pena requiere al menos tres o cuatro horas de caminata por pistas de tierra y caminos empedrados con desniveles pronunciados.
Es muy conveniente llevar calzado de senderismo resistente, agua suficiente y un plano del parque disponible en los puntos de acceso. Conviene consultar la previsión meteorológica antes de subir a la Cruz Alta, ya que las repentinas nieblas atlánticas pueden reducir la visibilidad en cuestión de minutos.
La serenidad del bosque recompensa con creces a quien se adentra más allá del palacio.





